«Seguramente el presidente Paz tiene a estos dos seres (desocupación e inflación) apoltronados todas las noches en su almohada»
Las unidades productivas y de comercio no se están desarrollando porque no están generando la cantidad de empleos con normalidad, no están vendiendo, no están invirtiendo como se esperaría en una economía normal y; tras seis semanas de bloqueo, se empieza a sentir el impacto de orden económico y social.
Es evidente que el daño mayor lo sufre La Paz; es más, lo sufrirá La Paz. Para reactivar la economía, el gobierno podría seguir al pie de la letra la metáfora del economista estadounidense Milton Friedman, es decir, el gobierno arrojaría dinero desde un helicóptero a fin de que las familias gastaran y reanimaran a las economías estancadas.
Naturalmente, la propuesta aparte de ser desquiciada, desataría críticas por doquier, especialmente de los economistas, porque el asistencialismo estatal, que apunta a las ayudas directas sin atacar las causas de fondo, fomenta la dependencia, desincentiva la búsqueda de empleo y perpetúa la pobreza. Aunque, para algunos políticos la idea no sería descabellada porque a cambio, el gobierno ganaría votos.
Ante la actual crisis, los primeros en levantar el grito al cielo fueron los hombres dedicados a la industria y que apuestan por La Paz, ellos advirtieron que numerosas empresas se encuentran al borde de paralizar definitivamente sus operaciones, debido a las dificultades para el abastecimiento de insumos, la distribución de productos y la falta de condiciones para desarrollar sus actividades con normalidad.
Advirtieron que varias empresas paceñas analizan la posibilidad de trasladar la sede de sus operaciones a otras ciudades, para evitar constantes interrupciones provocadas por los bloqueos, lo que derivaría en una reducción de inversiones, empleos y actividad económica en el departamento.
Para muestra basta un botón: La empresa PIL anunció el cese de actividades en su Planta El Alto porque lleva un mes sin poder recibir leche cruda debido a los cortes en las vías, lo que significa unas 60.000 litros diarios menos de los productores de la zona, como si fuera poco, los bloqueos también cortaron el paso de camiones con productos terminados desde Santa Cruz y Cochabamba. Eso dejó la producción de mayo en solo 25% de lo proyectado.
Ante estas noticias, surgieron en las redes sociales de El Alto las respuestas inmediatas e irracionales porque la mayoría de los que escriben siguen los primeros comentarios que dan la tónica. Qué bien, que se vayan todos así los de El Alto seremos los emprendedores y crearemos nuestras propias industrias. Finalmente nos libraremos de éstos que ganan con nuestro sacrificio y emprenderemos nuestras propias empresas. Que se vayan de una vez… Estas fueron algunas de las destempladas opiniones que no merecen ningún análisis ni respuesta.
A estas alturas, al gobierno no le queda otra que intervenir directamente siguiendo la teoría de John Maynard Keynes, porque su misión es estimular la producción y mitigar la crisis. Este economista sugiere eliminar la desocupación y la inflación que son los monstruos a vencer en base a un aumento de la demanda global, pero la población no tiene dinero, los empresarios no quieren invertir, no hay exportaciones y el gobierno no sabe cómo actuar. Seguramente el presidente Paz tiene a estos dos seres (desocupación e inflación) apoltronados todas las noches en su almohada.
Para pesar nuestro, las consecuencias las iremos sufriendo en los próximos meses. El ciudadano consumidor siente la subida de precio en los alimentos, que casi nunca vuelven al precio inicial, mientras su sueldo se estanca; las pérdidas son irreversibles. Los que operan con créditos no pueden ir adelante porque los bancos cobran ahora o más tarde, pero cobran. Los bloqueos son empobrecedores, los bloqueos afectan en mayor medida a los ciudadanos de a pie, al pueblo, a los que dependen del trabajo diario, que en nuestro país superan el noventa por ciento y no están afiliados a la COB que, por el momento tiene la panza satisfecha.
Probablemente el gobierno se invente un bono; bien se sabe que este recurso no incentiva las organizaciones de trabajadores independientes y organizaciones autónomas, sino reforzar la dependencia de los ciudadanos respecto del Estado que cumple el papel de patriarca, donde los beneficiarios son tutelados y subvencionados por el gobierno y cada vez serán más dependientes. No hay solución inmediata a la vista y los actores siguen mirando los platos rotos.
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