Venezuela, Ucrania y Taiwán en el ajedrez del poder

La captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, sin dudas, es la noticia del momento; muchos estiman que será la noticia del año, pero pienso que esto es solo el principio de una escalada de conflictos geopolíticos que pueden marcar el año 2026.

A diferencia de otros presidentes de Estados Unidos, como Bush y su mentira respecto a las “armas de destrucción masiva” que poseía Irak, Trump ha optado por una postura sincera y directa. Estados Unidos busca el petróleo de Venezuela y muy poco parece estar interesado en cambiar el régimen. Cayó Maduro, pero el régimen está más vigente que nunca, y mucho más viendo cómo Delcy Rodríguez se ha hecho gobernante con la aprobación de la Casa Blanca.

El tema parecería ser solo económico, pero en la caída de Venezuela también encontramos un factor geopolítico fundamental. Este país por años ha sido la “base de operaciones” de Rusia y China en Sudamérica, y ha sido de gran ayuda en la hora de expandir su influencia. En este apartado, Rusia ha quedado corta, mientras que China hoy tiene negocios con toda nuestra región, donde se va adueñando de recursos ajenos. Con el fin de Maduro, la postura en Washington es clara: que la influencia y el dominio de ambas potencias, se ha reducido, mucho más viendo que somos su zona de influencia por proximidad. Queda entonces la pregunta de por qué ambos regímenes han dejado caer a su aliado tan rápido, lo que también compromete su suministro de petróleo.

La hipótesis que tengo, que puede estar equivocada, pero será el tiempo el que la corrobore, es que Estados Unidos ha intercambiado Venezuela por Ucrania y Taiwán.

Ya por mucho tiempo Estados Unidos ha buscado desligarse del conflicto entre Rusia y Ucrania, pasando a ser espectador en vez del gran financiador, al contrario de lo que pasaba con Biden. Han renegociado intereses con Zelensky, sacando mejores acuerdos, además de la explotación de las tierras raras ucranianas. Empero, los roces entre Estados Unidos y Ucrania siguen vigentes y esto ha empeorado con el acuerdo preparado por la Casa Blanca para llegar a un acuerdo de paz. De igual forma, Estados Unidos está cada vez más alejado de sus aliados occidentales; no por nada se empieza a especular sobre una posible salida de la OTAN, lo que sería el fin de este tratado.

Rusia tiene todo a favor si Estados Unidos deja de ser el financiador de Ucrania para ganar la guerra. Tengo muchas dudas de que Europa, dirigida por Macron, pueda hacer frente a Putin: uno es un líder hecho y derecho que dirige a su país hace ya muchos años; el otro es un político fracasado jugando a ser Napoleón. Sin Estados Unidos, es cuestión de tiempo para que Rusia acabe con Zelensky y la soberanía ucraniana. Es factible el intercambio de Venezuela y Ucrania entre las dos potencias; después de todo, lo que ambas necesitan es recuperar su zona de influencia.

Lo mismo pasa con China, que ya hace muchos años tiene planificada la toma de Taiwán. Esto sí me produce mucha tristeza, porque Taiwán es un país próspero; no tendrá el PIB de China ni su poder político, pero es un país próspero en el cual sus ciudadanos viven de manera digna y con una buena calidad de vida, algo opuesto a lo que pasa con China. La invasión de Taiwán es la gran obsesión de China desde hace ya mucho tiempo y sería finalizar con su estrategia de expansión y recuperación de territorios que ellos consideran históricamente como suyos. Taiwán siempre ha estado protegido por Estados Unidos y esto debería seguir así; creo que es la pieza geopolítica clave en el actual ajedrez de las potencias. Si Taiwán cae, no tengo dudas de que China buscará una expansión aún más agresiva por todo el globo, pero si esto no sucede, puede ser un antes y un después para el gobierno de Xi Jinping. En todo esto, destaco a Japón, que por el momento se está plantando frente a los constantes abusos de China.

  • FABIÁN FREIRE
  • ESCRITOR. ESTUDIANTE DE CIENCIAS JURÍDICAS. COLUMNISTA EN EL DIARIO.
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