San Francisco de Asís regresa entre su gente

La exposición pública de los restos de San Francisco, el santo de Asís ha comenzado en la Basílica que lleva su nombre, en el marco del octavo centenario de su muerte. La exposición fue autorizada por el Papa León XIV y se presume la llegada de miles de peregrinos y fieles hasta finales de marzo de este año que podrán orar ante el féretro colocado en la Iglesia inferior, frente al altar. La exhumación se realizó en presencia de los frailes de la comunidad. Antes de la entrada de los peregrinos, se permitió a los periodistas acreditados visitar la urna que contiene el cuerpo del santo, al interior por el Sacro Convento, atraversando espacios normalmente inaccesibles, se llega a la entrada de la Basílica. El silencio amplifica la emoción de estar frente al Santo. Los huesos son visibles en la urna, algunos parecen particularmente muy marcados, no solo por el desgaste de ochocientos años, sino probablemente por las exhumaciones realizadas a lo largo de los siglos.

Francisco nace en Asís, Umbria, región central de Italia en 1182, su padre era un comerciante de telas muy rico. Pasó una juventud muy cómoda y recibe una educación escolástica muy buena.. En 1202 participa en empresas militares y es hecho prisionero en Perusa. Pasó más de un año en prisión, durante el cual experimentó una profunda crisis mística que llevó a descubrir el cristianismo.

En 1208 fundó el Orden de los Frailes Menores, (O.F.M.) llamados sucesivamente Franciscanos, inspirados en los ideales de pobreza, caridad y obediencia.

En 1209 él y sus seguidores fueron a Roma para  buscar la aprovación de su Regla de Vida, basada en la aplicación integral del Evangelio. El papa Inocencio III aprobó oralmente la Regla Franciscana y autorizó a Francisco y a sus compañeros a predicar libremente el Evangelio. Según la tradición Francisco recibió las estigmas en el Monte Verna, Toscana, en 1224 donde fue erigido un Santuario.

Su condición que ponía en peligro su vida, también incluía una grave enfermedad ocular. Por obediencia a sus superiores, fue a Rieti a recibir tratamiento, pero el tratamiento fue en vano. En 1226, sintiendose cerca de su muerte, pidió ser enterrado en la primera chiesa que había construído, la Porziúncola, en las cercanías de Perusa, y expresó el deseo de ser enterrado en la desnuda tierra. San Francisco muere en extrema pobreza el  3 de octubre de 1226  a la edad de 44 años.

La historia de estos restos es tan austera como la vida del Santo. En 1230, cuatro años después e su fallecimiento, el cuerpo de Francisco fue trasladado de la Basílica de Santa Clara a la Iglesia inferior. Allí fue enterrado a 3,5 metros de profundidad entre tierra y roca. El lugar tapiado, sellado y casi olvidado durante casi 600 años, protegiendo así el cuerpo de posibles saqueos o conflictos.

Hoy, la Basílica permite acercarse no solo a sus restos, sino a sus reliquias más personales. Se conservan su vestimenta original, un hábito gris remendado y dañado que evidencia su renuncia a la materia, una carta de su puño y letra y su Regla manuscrita., documentos que atestiguan la radicalización de su misión.

En Italia Francisco se festeja el 4 de Octubre, según la cronologa medieval,  el siguiente día legal comenzaba media hora después de la puesta del sol. Por ello su festividad se celebra el 4 de octubre, en conmemoración de su “Dies Natalis”, literalmente significa “el día de su nacimiento”, que los cristianos identifican con su muerte, el momento de transición a su verdadera vida.

El 16 de julio de 1228, Francisco de Asís fue proclamado Santo por Gregorio IX, el 18 de Julio de 1939, el Papa Pío XII lo proclamó Patrón de Italia.

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