Instaurar orden y castigar a grupos sediciosos

«Basta de aguantar a organizaciones sociales que no solo fomentan la anarquía, sino que manejan discursos antinacionalistas y buscan la fragmentación de nuestro país»

Bolivia y especialmente la sede de Gobierno están atravesando una situación crítica en estos momentos. Las organizaciones sociales responsables del desfalco del país y de la crisis económica, en vez de ser responsables y adoptar una postura patriota, se han encargado de sembrar caos y miseria en el país. Es inaudito cómo estos grupos, cada vez que no se salen con la suya, impulsan discursos de odio y adoptan posturas violentas que muestran la debilidad del Estado en la hora de poner orden.

Lo dije en reiteradas ocasiones y en artículos previos, la Central Obrera Boliviana (COB) es una institución antipatriótica, que durante toda su historia no ha hecho más que perjudicar el desarrollo de la nación. Un sindicato de trabajadores lucha por ellos, pero también por el bien del país. La COB en cambio, siendo un sindicato de extrema izquierda y con fascinación por el fanático asesino Che Guevara, no hace más que perjudicar al país e imponer una agenda de anarquía.

El progreso del país es un tema extenso, pero parte del mismo pasa por identificar cuáles son los problemas que no permiten el desarrollo nacional. Uno de ellos es la falta de orden en nuestro país, que históricamente se ha caracterizado por ser tierra de nadie, esto mucho más profundizado en los años del socialismo del Siglo XXI. Se debe instaurar orden en Bolivia, pero también frenar, sancionar y castigar ejemplarmente a aquellos grupos que actúan antidemocráticamente y cuyo único objetivo es dividir a la nación boliviana.

La instauración del orden no solo pasa por nuevas leyes sino por una CPE, una en la cual el orden, la seguridad y la autoridad sean valores fundacionales de un nuevo Estado. Con la actual CPE y el Estado Plurinacional era evidente que el país iba a dirigirse a la hecatombe, por ende, urge un nuevo marco normativo por el bien de la nación. De igual forma, es hora de que el Estado imponga su voluntad a la voluntad de ciertos sectores que hoy tienen más fuerza e influencia.

Basta de aguantar a organizaciones sociales que no solo fomentan la anarquía, sino que manejan discursos antinacionalistas y buscan la fragmentación de nuestro país. Se debe poner orden en Bolivia y a estos grupos sediciosos sancionarlos ejemplarmente, ya sea a través de la vía del encarcelamiento para los dirigentes, como la vía de la disolución de estas instituciones. Cuando se pone orden, se debe ser taxativo y contundente, no dar espacio para reacción, mucho menos a grupos golpistas que están dirigidos por intereses cubanos y venezolanos. O recuperamos nuestra soberanía de una vez por todas, o nos esperan más años de socialismo del Siglo XXI.

Necesitamos un gobierno que responda a los intereses del bolivianismo, es la única forma en la que se puede salir adelante como país y resolver los grandes problemas estructurales que nos aquejan. El nuevo Estado debe estar enfocado en proteger a la ciudadanía, darle las garantías necesarias para que pueda trabajar y desarrollarse, pero que también sepa hacerse respetar y, de una vez por todas, detener a la mafia sindical extremista y divisionista.

Ya basta de que la gente viva con miedo, de que estos grupos porten armas de alto riesgo y que destruyan las calles de las ciudades. El Estado debe hacerse respetar y no titubear en la hora de sancionar la violencia, hoy más que nunca y por el bien de Bolivia, es una necesidad instaurar orden y recuperar nuestra soberanía.

La clase política (Samuel Doria Medina, Jorge Quiroga, socialismo del Siglo XXI), que tenemos parece no ser capaz de instaurar orden y por más que éstos digan que lo harán, ya varias veces han demostrado fallar en esta tarea y defender intereses ajenos a la bolivianidad. Por ende, es necesario trabajar en proyectos políticos que sí comprendan la realidad boliviana y que tengan el carácter para formar un Nuevo Estado, uno en el cual la autoridad y el orden tengan un rol esencial.

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