«La mafia sindical no busca favorecer a su rubro, sino meramente generar ganancias para sus dirigentes»
La Central Obrera Boliviana (COB) y las organizaciones bloqueadoras deben ser disueltas y sancionadas con todo el peso de la ley por la destrucción de Bolivia.
El fin de los bloqueos y el supuesto “triunfo del diálogo” que aboga el Gobierno dejan más preguntas que certezas. No se sabe quién fue el ganador de más de 50 días de bloqueos y, mucho peor, por qué se ha decidido finalizar con el conflicto justo cuando el Gobierno promulga un estado de excepción que no quería para evitar asumir un respectivo costo social. Lo mismo se puede decir de los bloqueadores, quienes, a través de tácticas inhumanas, a toda costa estaban buscando que el Gobierno reprimiera las protestas para así cumplir las teorías de Quintana.
Este fin de los bloqueos, contrario a lo que dice el Gobierno, no es un triunfo del diálogo, sino de la impunidad, de la mafia sindical y, sobre todo, demuestra que ciertos grupos tienen más poder que el Estado boliviano.
La gente del Gobierno dice que respetó los derechos humanos y la democracia. Empero, el precio de no poner orden en el momento adecuado es mucho más alto de lo que se imaginan. Más de 20 muertos por causa de los bloqueos, una población viviendo de manera paupérrima y, sobre todo, la destrucción de la economía nacional. Lo peor de todo es que las sensaciones son que los bloqueadores se han salido con la suya, pues por más que Rodrigo Paz y su Gobierno afirmen que el estado de excepción ha normalizado la situación, todo parece indicar que ha habido una tregua entre Gobierno y bloqueadores debido a un desgaste mutuo, lo que muestra que en Bolivia jamás se instauró el orden y que en cualquier momento los bloqueos y la violencia pueden volver.
Decir que los bloqueos no han generado un costo social es una falacia. La ciudadanía es la que ha pagado esto en todas sus escalas, teniendo que vivir en un estado de constante incertidumbre, porque no solo la violencia aumentaba, sino que la escasez de alimentos hizo que los bolivianos más humildes pasaran tiempos durísimos.
Si no se instaura orden en Bolivia, la cultura del bloqueo, de la anarquía y de la violencia seguirá rigiendo nuestro país por tiempo indeterminado. Si no se instaura orden, ningún emprendimiento nacional o extranjero podrá favorecer nuestra economía y seguiremos siendo un país poco atractivo económicamente, que en vez de progresar cada día más tiene una economía similar a la de países africanos. Si no se pone orden, miles de bolivianos seguirán sometidos al yugo de la mafia sindical y jamás podrán tener libertad y seguridad plenas.
La mafia sindical no busca favorecer a su rubro, sino meramente generar ganancias para sus dirigentes y responder a intereses del socialismo del Siglo XXI. Los afiliados de diversos sindicatos u organizaciones sociales viven en un esclavismo moderno, pues su organización no lucha por sus derechos, sino que los vulnera y genera que éstos estén sometidos a disposiciones dictatoriales. Por ello es común cómo se obliga a los bloqueadores a marchar, sea a través de incentivos económicos o mediante la cultura del miedo y la extorsión.
El Estado boliviano debe, de una vez por todas, hacerse presente y disolver a aquellas organizaciones que esclavizan a la población. El Estado boliviano no puede dejar impunes a aquellos que durante 50 días han hecho sangrar a la nación y han destrozado miles de emprendimientos y empobrecido a miles de familias. El Estado boliviano debe ser, de una vez por todas, taxativo y sancionar ejemplarmente a aquellos que promueven el odio y la violencia.
Bolivia necesita orden y aquellos que atentan en contra de su unidad, su integridad y su soberanía deben ser castigados. Cuando el Estado boliviano acabe con organizaciones antipatriotas y, de una vez por todas, sancione ejemplarmente la anarquía, será el día en que conoceremos el verdadero progreso.
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