CARLOS ARMANDO CARDOZO

El último cabildo en Santa Cruz planteó una consulta que desde la óptica del Gobierno y el oficialismo se tildó de separatista y de poner en riesgo la unidad nacional. Sin embargo, estos son intentos desesperados de minimizar un hecho trascendental por las connotaciones que tiene para los individuos.

Por primera vez, preguntarse si el contrato social que todos y cada uno de los bolivianos suscriben automáticamente con el Estado boliviano está a la altura de sus expectativas y sus proyecciones a futuro. ¿Qué rol jugamos en este contrato abusivo y coercitivo con el imponente Estado Plurinacional de Bolivia?

Tomemos en cuenta que los individuos al nacer somos incluidos de manera unilateral como firmantes tácitos del contrato social con el Estado boliviano que está representado por autoridades políticas producto de una elección “democrática de las mayorías”. Los individuos deben crecer, educarse y trabajar en las condiciones preexistentes definidas por la clase política que maneja el Estado, las instituciones son manipuladas por un circulo pequeño de poder que cambian su accionar para prolongar el monopolio del poder lo más posible.

Son estas instituciones amorales por sí mismas, manipuladas por individuos de carne y hueso inescrupulosos los que verdaderamente operan tras la fachada del Estado utilizando los recursos a disposición para promover su agenda, que es impuesta a título de bien común como la verdad absoluta, el único camino o alternativa disponible la solución más efectiva posible producto de la sabiduría e inteligencia sin par del jerarca en funciones.

Ese sistema impuesto de manera vertical desde el Gobierno, promueve ciudadanos desinformados, obedientes, temerosos, incapaces de tener pensamiento crítico que cuestionen a la autoridad.

En ese sentido, si Santa Cruz se hizo esta pregunta, pone al descubierto que el sistema que rige en Bolivia es ineficiente, injusto, totalitario, corrupto y violento. Rasgos que impiden y coartan las libertades individuales, que persigue a los que piensan diferente, cuestionan abiertamente al poder y lo interpelan en una situación de total disparidad. A pesar de todas las amenazas y agresiones disfrazadas de institucionalidad del Centralismo, los ciudadanos en Santa Cruz se dan cuenta que es momento para replantearse esa relación que a lo largo de la historia fue del olvido al asedio permanente.

Una demostración más de la lucidez y madurez de los ciudadanos de la región que piensan y hacen las cosas diferentes. El resto de regiones son muestra que jugar a la sumisión y agachar la cabeza solo han sido útiles para el Estado boliviano, la miseria y pobreza se generalizaron a tal punto que la mesa se inclinó hacia el oriente, no por imposición o favoritismos gubernamentales sino por la desesperación y la esperanza por un futuro diferente.

Si este país es “desigual” bajo el entendido que existen regiones pobres, desatendidas y sin nociones claras de futuro, es resultado directo de un sistema que está diseñado para alimentar al Centralismo, utilizar los impuestos como mecanismos para empobrecer a los ciudadanos y enriquecer solamente a la burocracia a costa de las necesidades de todo un país.

Lo que Santa Cruz definió preguntarse no es un acto de traición a la patria, es asumir el mando de su destino con hidalguía no por los últimos hechos consecuencia del Censo sino por una acumulación histórica de muestras en las que el Estado boliviano ha tenido un comportamiento nefasto y ensañado contra sus ciudadanos.

Probablemente esa misma pregunta deba hacerse al interior de cada región, qué diría Potosí que está a merced del Centralismo y hasta el día de hoy siguen añorando el pago histórico de todas las “riquezas” que explotaron para el bien común que solo trajo mejores días al interior de las instituciones públicas nacionales. ¿Qué diría Chuquisaca? Que luego de haber perdido el “poder” de la burocracia política no levanto nunca más la cabeza y camino lentamente hacia la pobreza y la miseria, a pesar de los recursos naturales, a pesar de las migajas que cayeron por más de 100 años en las manos de sus patéticos líderes regionales, funcionales al sistema.

¿Qué diría Tarija? Que vio esfumarse los recursos del gas, los mismos dejaron una estela de falsos ídolos de cemento que trataron de simbolizar desarrollo y hoy en día solo son la memoria de la complicidad entre líderes locales manejados a control remoto desde el Centralismo. El sur del país padeciendo el secuestro de sus instituciones a manos de burócratas que le dan la espalda a su verdadero potencial económico para seguir recetas pre diseñadas por los arquitectos del poder.

Hay muchas personas ahí afuera que se preguntan lo mismo, tienen miedo, no de la posición asumida por Santa Cruz, sino miedo a un cambio de sistema.

No puedo asegurarles que es lo que depara el futuro, es imposible especular acerca del desenlace de este conflicto, pero puedo afirmar que este es el inicio.

Es momento de mostrarle a ese Centralismo burdo y abusivo que pasaría si los individuos deciden rebelarse en contra de su sistema infestado de odio y patrañas descaradas.

Es momento de pensar en un futuro sin límites, sin obstáculos, donde todo sea posible. A partir de ese punto el lugar hacia donde nos encaminamos depende de cada uno.

¡Es momento de despertar!

CARLOS ARMANDO CARDOZO LOZADA

Economista, Máster en Desarrollo Sostenible y Cambio Climático, Presidente de la Fundación Lozanía

*NdE: Los textos reproducidos en este espacio de opinión son de absoluta responsabilidad de sus autores y no comprometen la línea editorial Liberal y Conservadora de VISOR21