«El turista que llega a Bolivia proviene de países vecinos de Sudamérica y de Europa»
El turismo otorga a Italia un ingreso de 250 mil millones de dólares anuales, a España 145 mil millones de dólares, a Francia 95 mil millones. Buena parte de esos ingresos provienen de latinoamericanos que quieren conocer Europa y sus sitios históricos emblemáticos. Perú genera gracias al turismo 60 mil millones de dólares, Chile 3.600 millones, pero hay que agregar el impacto interno y la cadena de valor, razón por la que este ingreso llega a los 35 mil millones. En nuestro país, la llegada de un millón de visitantes generó 700 millones de dólares. La proyección para el año 2030 es llegar a los 3.000 millones de dólares.
El turista que llega a Bolivia proviene de países vecinos de Sudamérica (73 %) y de Europa (14 %) que se hospedan en hoteles y hostales económicos, por ejemplo, en las calles Illampu y Sagárnaga en La Paz “la mayoría son mochileros”, dicen los vecinos de la zona. Hay otros puntos de atracción como el salar de Uyuni y el cada vez menos presentable lago Titicaca. Santa Cruz tiene el Fuerte Samaipata, el Parque Lomas de Arena y decenas de lugares paradisiacos.
En su discurso del 6 de agosto, el presidente Rodrigo Paz, anunció que se anuló el Ministerio de Turismo Sostenible, Culturas, Folklore y Gastronomía el 3 de agosto, reduciendo el gabinete a 12 carteras de las 14 que existían. Explicó que se busca copiar modelos de otros países donde una agencia público-privada resulta más rápida y menos burocrática.
Este Ministerio se convertirá en nueva agencia estatal para buscar mayor agilidad y menor burocracia en el sector y pasará a depender del Ministerio de la Presidencia. Está claro que se quiere recortar el gasto público, aunque los gastos suman en otros ministerios y algunas lindezas como el regalar tablets a los legisladores.
Un visitante extranjero colocó hace una semana una impresión de Bolivia en facebook: “tiene el mejor medicamento (Mentisán), el mejor cacao, frutas frescas, vinos de calidad y lugares paradisiacos y todo es barato…”. Entonces ¿por qué no se promociona el turismo?
La respuesta es múltiple, empezando por los bloqueos, que aterrorizan a los visitantes, la falta de promoción de las bellezas de los valles y el oriente, el sistema de transporte que es pésimo, el transporte aéreo que se está convirtiendo en vergüenza nacional, el aseo urbano, las calles mal conservadas, mercados públicos con poca higiene y más.
La entrada al Museo del Louvre cuesta 400 bolivianos, al coliseo romano, con guía, oscila entre 300 y 400 bolivianos, a la Capilla Sixtina 300 bolivianos, subir a la torre Eiffel cuesta 500 bolivianos… Visitar las ruinas de Tiahuanacu le cuesta al visitante 100 bolivianos, ir a la Isla del sol 30 bolivianos, subir al teleférico, tres bolivianos, el resto es gratis.
Habría que promocionar todos estos factores, empezando por las redes sociales, las embajadas y consulados; orientar a los turistas con guías que hablen inglés en los aeropuertos; tener cartillas con información básica en ingles y francés en los hostales y hoteles de las calles concurridas por turistas; imprimir cartillas con respuestas en inglés para que los dueños de negocios, alojamientos y lugares de expendio de comidas.
La Paz tiene un encanto particular y no se explotó el rótulo de una de las siete ciudades maravillas del mundo; ¿cuáles las razones? Organizar un tour por Bolivia para los visitantes con dos días de estadía en La Paz para conocer la ciudad a través del teleférico, visitar el Titicaca y Tiahuanacu; otros dos días en el salar de Uyuni y alrededores; llegar a Santa Cruz para conocer sus encantos. Todo esto implica organizar peñas, visitas guiadas promocionar centros de comida, visita a museos y más, cuya tarea hay que entregárselas a quienes entienden de turismo.
El gobierno sabe qué hacer, tal vez por ello suprimió el Ministerio de Turismo, pero, parece que no sabe cómo hacer, cómo promocionar el turismo en el país; mientras lo piense, el país irá perdiendo miles y millones de dólares. A nosotros nos corresponde colaborar, tratar bien al visitante, para que se sienta a gusto en esta bella joya de Sudamérica.
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