Del “Homo Sapiens” al “Homo Pendejus”

“La presión del antiintelectualismo ha sido un hilo constante que serpentea a través de nuestra vida política y cultural, alimentando por falsa noción de que la democracia significa que mi ignorancia es tan buena como tu desconocimiento” – Isaac Asimov

Corría el año de 1941 cuando, dentro del volumen “El jardín de senderos que se bifurcan”, Jorge Luis Borges presentaba al mundo “La Biblioteca de Babel”, un título sugerente que recogía el anhelo y la ambición humana por alcanzar el conocimiento absoluto. Fiel a su estilo, Borges patentó fabulosas bibliotecas a las que dotó de espíritu propio, soñando con mundos en los que los hombres habitan un universo paralelo compuesto por una biblioteca infinita en la que la búsqueda de respuestas genera distintas emociones y reacciones por parte de los seres humanos.

Independientemente del relato breve, “La Biblioteca de Babel” tuvo una connotación de carácter conceptual mucho mayor. Inspirada en el pasaje bíblico, “La torre de Babel” se presentaba como un poderoso ejemplo aleccionador en el que la búsqueda de fama y reconocimiento con ausencia de conocimientos y sabiduría puede resultar altamente peligroso. La fama no es mala “per se”, aunque se debe aclarar que existe la fantasía de la fama y otra que es la realidad de la misma. Esta última, será el resultado de un trabajo consciente y sacrificado que no depende del número de “likes” obtenido en redes sociales.

Jorge Luis Borges, uno de los más destacados escritores del s. XX, fue una figura fundamental de la literatura universal, considerado por muchos: “albacea del legado homérico”, enseña que el lenguaje y la literatura representa el conjunto de cuanta expresión humana y conocimiento científico resulte posible, aunque plantea la paradoja de que tener toda la información no garantiza comprensión y orientación automática. La biblioteca es la metáfora del conocimiento infinito, donde el ser humano intenta encontrar un orden, aunque muchas veces termina pereciendo sin alcanzarlo.

Conocedor de su versada prosa y la brillantez de su relato, Borges plantea que la incapacidad de comunicarse no supone un problema exclusivamente para el entorno cercano, también resulta serlo para la comprensión del mundo, más aun, cuando el mensaje termina amplificándose en el mundo moderno a través del uso de la tecnología. En la actualidad las redes sociales como Facebook, Instagram, TikTok, Youtube, entre otras, han brindado una oportunidad sin precedentes para la autopromoción basada en el deseo de ser reconocido, admirado y celebrado, restándole valor al saber y al conocer.

El mundo en la actualidad vive una época de complejidad evidente, en la que la paradoja estriba en el hecho de que se dispone de conocimientos hilvanados entre sí de manera muy fértil, una Biblioteca de Babel en la que puede encontrarse información abundante desde los albores de la especie humana, pero, a pesar de aquello, los seres humanos no aprovechan aquel conocimiento, apostando por mantenerse ignorantes que todo aquello que podrían saber y de lo que menos les interesa conocer a diario.

La Ley de Brandolini, conocida también como “principio de asimetría de la estupidez o la tontería”, formulada el año 2013, establece un criterio en virtud al cuál: la cantidad de energía que se requiere para contrarrestar las mentiras o bulos que se generan en las redes sociales deben ser de magnitud muy superior a las que se requirieron para producirlas, arrojando resultados desfavorables ante la pasividad que muestran las personas por indagar o investigar la verdad que termina muchas veces subordinada a la mentira. Inventar rumores o noticias falsas toma unos pocos segundos y no requiere evidencias, demostrar con datos, verificar, contrastar, un proceso complejo de argumentación demanda más tiempo y es menos valorado.

La influencia y repercusión que alcanzan muchas personas hoy en día gracias a la difusión de información falsa o sesgada, “viralizada” por el algoritmo que premia el escándalo, la polémica, la certeza ruidosa, el contenido simplista, haciendo visibles a quienes opinan con absoluta seguridad aquello sobre lo cual no tienen base o ignoran, permite entrever personas con el ego hipertrofiado, lo que conduce a pensar que dentro del proceso de evolutivo de la especie humana, tal como señalan con sorna muchos jóvenes en Europa, pasamos de la era del “homo sapiens” a la del “homo pendejus”.

Los personajes del segundo grupo, desde el ámbito público, la política, los medios u otros, pretenden convertirse en prototipos de cambio y transformación, a pesar de que en sociedades serias y civilizadas no tendrían oportunidad alguna de serlo, sociedades que, dicho sea de paso, impulsan a su gente para logar cambios positivos. Es por eso que el motor de cambio debe ser promovido por uno mismo. El planteamiento modesto que realizo permanentemente es que cada individuo busque ser mejor persona a diario, cambiando él e influyendo positivamente en su entorno, despertando conciencias como única manera de acabar con el sistema social estresante, castrante, limitante y creando al final del día una masa crítica que descubra, conozca y adopte una identidad única y auténtica capaz de convertirse en arquetipo de hombre ejemplar.

La era del “homo sapiens” ha permitido lograr el avance científico y tecnológico que conocemos y que, a su vez, en las manos equivocadas, es capaz de destruir en cuestión de segundos la civilización y el planeta, por lo que debemos evitar que sigan proliferando los “cantamañanas” que abundan en redes sociales y que cada vez con mayor frecuencia terminan haciéndose cargo del control de los gobiernos y los países. Para ello se debe promover desde la sociedad civil una alternativa de reestructuración social basada con principios y valores, alcanzando la cohesión social que permita a los hombres vivir como hermanos.

Gandhi decía: Cuando una persona descubre su propio espíritu y se conecta con su verdad interior, experimenta una transformación profunda que se resume en tres pilares fundamentales: Paz, cuando la persona entiende que la violencia sólo destruye. Coherencia, de donde se desprende su visión “sé el cambio que quieres ver en el mundo”. Transformación, por la que se manifiesta que el cambio no se construye pisoteando a los demás, se logra inspirando y enseñando con el ejemplo.

Cuando alcances esa conexión, descubrirás que la vida es un regalo, un milagro, que es maravilloso despertarse a diario para admirar el paisaje de la creación, para disfrutar de la familia, sintiéndote afortunado y agradecido por lo que tienes. Ese es el primer paso para comenzar a cambiar la realidad. Debemos apartarnos de aquella sociedad ruidosa y acelerada, en la que todo resulta igual de ruidoso y superficial, estresante, irreal, acercándonos a nuestro espíritu, la música, la poesía, la naturaleza, los amigos y todo aquello que no se valora en la actualidad.

Seamos artífices de un verdadero cambio, poco a poco, despertando conciencias. Existen miles de personas que lo buscan, miles de personas caminan en “La Biblioteca de Babel”, una gran masa crítica conformada principalmente por gente joven que no se siente a gusto con la dinámica sobre la que gira el planeta en el que se establecieron una serie de poderes fácticos que atentan contra su libertad. Recuerda que la respuesta más poderosa que transformará la realidad actual, habita dentro de ti.

“Estamos acostumbrados a ver al poderoso como si se tratara de un gigante, sólo, porque nos empeñamos en mirarlo de rodillas y ya va siendo hora, de ponerse de pie”.

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