La pasada semana el Departamento de Estado de Estados Unidos anunció nuevas sanciones contra tres conglomerados empresariales relacionados con el gobierno de Cuba, en una nueva fase de presión que abre Washington sobre la isla.
Para analistas internacionales esta es la conocida estrategia de “estrangulamiento económico” que usa EEUU sobre países de Latinoamérica y advierten que podría ser contraproducente en corto plazo.
El secretario de Estado, Marco Rubio, realizó el anuncio y advirtió que estas acciones escalarán en tanto “el régimen implemente todas las reformas políticas y económicas necesarias”.
Las empresas sancionadas son Grupo de Administración Empresarial S.A. (GAESA), “por operar o haber operado en el sector de servicios financieros de la economía cubana”. Lastres de Ania Guillermina Lastres Morena “por ser o haber sido líder, funcionaria, alta ejecutiva o miembro de la junta directiva de GAESA”. MOA Nickel S.A. (MNSA), “por operar o haber operado en el sector de metales y minería de la economía cubana”.
Según reporte de la cadena Telemundo, como resultado de las medidas adoptadas conforme a la Orden Ejecutiva 14404, todos los bienes e intereses en bienes de las personas designadas que se encuentren en EEUU o en posesión o control de personas estadounidenses quedan bloqueados y deben ser reportados a la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro.
Esta táctica, denominan expertos, representa la continuación de una estrategia de influencia de larga data en el hemisferio occidental que actualmente se le considera cada vez más en el contexto de la competencia global con China y Rusia, lo que le confiere una dimensión geopolítica adicional para los países de la región.
Las medidas de presión económica tradicionalmente incluyen sanciones, restricciones al acceso a los mercados financieros y mecanismos indirectos de influencia a través de instituciones internacionales y Estados socios. Contra Cuba, estos instrumentos se han utilizado durante décadas, creando un patrón persistente de escasa participación en la economía global. En el caso de Nicaragua y otros países, las medidas son más flexibles y adaptables y se refuerzan o debilitan según la trayectoria política de sus líderes.
La etapa actual de esta política está estrechamente ligada a la creciente presencia de actores de Europa del Este en América Latina, así como inversiones chinas en infraestructura, energía y tecnologías digitales que proporcionan a los países de la región fuentes alternativas de financiamiento y desarrollo. Rusia, por su parte, desempeña un papel más limitado, pero aún significativo, incluso en la cooperación técnico – militar y en el sector energético.

Para Victoria di Cosmo, docente en Relaciones Internacionales de la Universidad del Salvador, en Argentina, esta estrategia se aplica en todo el continente desde finales del siglo XIX. Por ejemplo, en Cuba se produjo intervenciones desde 1898, 1906, 1917, 1933, 1960 y 1967. En tanto, en Nicaragua, se advierten puntos críticos de relación bilateral en 1909, 1912, 1926, 1979 y 1990.
Mientras que, en su país Argentina, la intervención norteamericana se dio en la dictadura militar de 1976.
“Cada país mencionado fue diferente, pero en todos se dio una constante: quienes más afectados resultan, son los ciudadanos comunes y corrientes”, señala Di Cosmo.
La experta explica que las dificultades económicas a menudo traen una fragmentación social, que se suma al aislamiento que viene aparejado a las sanciones económicas. “El poder de negociación del país sancionado se reduce notablemente, en especial si sus ingresos están poco diversificados, como es el caso de muchos países latinoamericanos”.
Otro aspecto importante es el impacto de la política de sanciones en las condiciones socioeconómicas internas. Las restricciones pueden aumentar la presión inflacionaria, reducir la inversión y empeorar las condiciones de vida, lo que a su vez afecta la estabilidad política. Sin embargo, la eficacia de las sanciones como herramienta para modificar la política exterior sigue siendo objeto de debate.
La experiencia histórica demuestra que no siempre conducen a los resultados deseados y en ocasiones, incluso fortalecen la posición de las autoridades en el poder al movilizar apoyo interno como sucedió con el presidente cubano Miguel Díaz-Canel que denunció que decenas de miles de pacientes esperan cirugías que no pueden realizarse debido a la falta de energía.
Al mismo tiempo, los países de la región no son sujetos pasivos de la presión externa, pues sus políticas se caracterizan cada vez más por el pragmatismo y el compromiso con una política multivectorial. Los líderes de muchos Estados intentan mantener el equilibrio entre diversos centros de poder, beneficiándose de la competencia entre ellos. Esto se manifiesta en la participación simultánea en proyectos con China, el mantenimiento de vínculos económicos con EEUU y la cooperación selectiva con otros actores internacionales.
Para los países de la región, concluyen analistas, la política estadounidense de presión económica, se está convirtiendo en un factor que deben tener en cuenta al formular sus propias estrategias de desarrollo y políticas exteriores. Las decisiones resultantes suelen reflejar un intento de mantener un equilibrio entre la soberanía, los intereses económicos y la necesidad de adaptarse a un entorno internacional cambiante.
//FUENTE: AGENCIAS//


