“¡100 días, carajo!”, fue el lema de campaña de Samuel Doria Medina, quien se perfilaba como futuro presidente del Estado a mediados de 2025. Sin embargo, ni las encuestas ni el voto favorecieron al jefe de la alianza Unidad y el voto “masa” que antes era fiel al masismo, inclinó la balanza a favor de Rodrigo Paz.
Este 18 de febrero se cumplen esos cien días a los que hacía alusión Doria Medina y que alguna vez Hernán Siles Zuazo también apostó como plazo para demostrar una gestión eficiente, aunque en los hechos resultó el inicio del fin del gobierno de Unidad Democrática Popular (UDP), en la que Jaime Paz, padre del actual mandatario, fue vicepresidente.
Rodrigo Paz ganó las elecciones del 17 de agosto pasado con 36.06% de los votos en la sigla del Partido Demócrata Cristiano (PDC) que había aglutinado a una serie de facciones, además de beneficiarse del voto duro del masismo en occidente, como confirman los mapas electorales de esa jornada. En una segunda vuelta inédita en Bolivia, Paz lograba la Presidencia el 19 de octubre con 54.96% de los votos frente a Jorge Quiroga que quedó con 45.04%.
Quiroga, precisamente, se adelantó a la fecha de los cien días y emitió una crítica a Paz, pues considera que “no hay una sola ley económica que se hubiera aprobado, necesitamos nueva ley de hidrocarburos, nuevo código minero, nueva ley tributaria, nueva ley agropecuaria”. Además, remató con señalar que en el actual gobierno persiste la estructura del masismo en cada repartición estatal. “No queremos seguir con los mismos del MAS haciendo más de lo mismo”.
VISOR21 consultó a las voces liberales, libertarias y conservadoras, sobre las luces y sombras de estos cien días del gobierno de Paz para ir un poco más allá de la coyuntura política partidaria.
La militante conservadora y fundadora del Movimiento Ana Barba, María Anelín Suárez, considera que Paz demuestra una falta de aprovechamiento político y optimización de tiempos para generar apoyo popular, pese a tener una aceptación y tolerancia de parte de la ciudadanía que entiende el desastre y crisis heredadas por el modelos socialista del MAS.
Suárez detalla como puntos negativos la elección de ministros que no logran desarticular los clanes de mafias del MAS en el aparato estatal, los escándalos en YPFB, el desgaste prematuro frente a la COB y el desentendimiento de su estructura política, con diputados y senadores oficialistas que no coordinan para la toma de decisiones.
“Hay una separación contundente entre el presidente y los parlamentarios. El presidente está empoderándose en ministros que han sido escogidos a dedo por ciertos grupos, que no le dan sustento al Legislativo y que están cometiendo errores con los ciudadanos que se están cansando de ser tolerantes, mientras el masismo se está empoderando para mantenerse en el poder por favores políticos a viceministros y ministros”, señaló Suárez.
En lo económico, la activista montereña afirma que si bien la población aceptó el levantamiento de hidrocarburos, también ve que los bonos se van incrementando sin solucionar el tema de fondo y sumando más deudas para el país.
Para el economista liberal Hugo Balderrama, Paz cumple cien días de continuismo de un modelo masista, con medidas económicas tibias e insuficientes, pues si bien terminar con la subvención a los hidrocarburos fue una medida necesaria, sin una liberalización total del sector y manteniendo al mismo personal de la anterior gestión, se tradujo en gasolina de peor calidad y dos veces más cara, y que encima está destrozando motores en todo el país.
En cuanto a la orientación geopolítica, agrega Balderrama, tampoco se han dado buenas señales, porque después de los primeros acercamientos con Estados Unidos, las relaciones con Irán, Rusia, China y, especialmente, Cuba siguen vigentes. Esa tibieza les está pasando factura, ya que el propio Fernando Aramayo, canciller de Bolivia, confirmó que el gobierno no está invitado a la Cumbre de presidentes organizada por Donald Trump.
En ese contexto global, el académico cochabambino ve el riesgo de que el socialismo del siglo XXI, tras perder a Venezuela y pronto a Cuba, traslade su centro de influencia a Bolivia. “Escenario muy probable, puesto que Irán y otros aliados de la dictadura cubana ya han montado centros de entrenamiento en Cochabamba y La Paz. Me ratifico: no se puede ser gradualista en economía ni tibio en seguridad y geopolítica”, escribió Balderrama.
La analista política Lili Orellana, consultada por VISOR21, aborda la temática al identificar a dos piezas clave en el gabinete ministerial: José Gabriel Espinoza en Economía y José Luis Lupo en Presidencia. El primero, con una lógica técnica de reducir déficit, contener deuda, estabilizar variables, porque sabe que si no se corrige el desequilibrio fiscal, el problema se agrava. El segundo, con mayor experiencia política, más hábil en la negociación de poder y en la preservación de estructuras, que prioriza gobernabilidad inmediata, sostenimiento del aparato estatal y manejo político del conflicto.
En ese bote en el que uno rema hacia el ajuste y otro hacia la contención política, la economía del país no avanza sino solo da giros, interpreta Orellana, y acá aparece el riesgo para Bolivia.
“Lo más delicado es que todo indica que Lupo tiene más fuerza interna, más experiencia, más capacidad de maniobra, si su visión termina imponiéndose sobre la técnica, el ajuste volverá a postergarse”, anticipa la militante del Partido Liberal Conservador de Bolivia.
Orellana concluye que la prioridad es la economía y ésta, como siempre, no responde a las buenas intenciones ni a las buenas ideas, sino a la realidad. “Y la realidad, casi siempre, es más dura”.
Finalmente, el escritor y divulgador histórico Carlos Ledezma analiza los cien días del presidente como un tiempo de «paz» que fue devuelto al país luego de 20 años de un discurso del odio, «confrontando irresponsablemente al pueblo que tiene, actualmente, la responsabilidad de curar heridas y sanar del cáncer socialista».
En lo positivo de la gestión, Ledezma destaca los esfuerzos realizados para estabilizar la economía, resolver la escases de hidrocarburos, devolver los dólares al mercado de divisas, reducir los indicadores de riesgo país y la apertura de Bolivia al mundo en un cambio trascendente en la política exterior boliviana. «Considero que son elementos clave para avizorar un mañana esperanzador para el país. Al margen de que medidas como éstas hayan provocado un primer conflicto en las calles y carreteras con los sectores que cogobernaron con el MAS los últimos 20 años, se pudo apreciar un fuerte respaldo de la ciudadanía que exige consolidar medidas para lograr un verdadero cambio».
El escritor advierte, sin embargo, sobre la fragilidad de un “plan de gobierno” que no fue diseñado para gobernar, así como la mala calidad de carburantes, la excusa de responsabilizar de los problemas al masismo que todavía se encuentra en todo el aparato estatal, hasta la carencia de una narrativa coherente que marque la pauta de su línea comunicativa.
«De aquí en adelante, el gobierno del presidente Rodrigo Paz, debe entender que gobernar por Decreto no será una opción válida del todo, por lo que resultará importante converger dentro de la Asamblea Legislativa, con aquellos diputados y senadores que, al menos en el discurso, se muestran con un talante propositivo y la suficiente madurez intelectual para ver que la patria se enfrenta al mayor desafío de su historia y que demanda de hombres y mujeres comprometidos para sacarla del profundo abismo en el que –todavía– se encuentra perdida», concluye Ledezma.
Finalmente, cabe remarcar que ninguno de los entrevistados de la línea liberal, libertaria, conservadora en esta edición, se refirió al segundo mandatario, quien ha demostrado por sus actos patológicos, incoherentes y vulgares desde las redes sociales, que no ametita ser mencionado en cien días del gobierno de Rodrigo Paz.


