Una conversación pendiente

La calma de una noche cualquiera se vio perturbada por la bulla de las calles, muchas personas corrían despavoridas con una expresión de terror en el rostro. Tras prender el televisor las caras de muchas personas pasaban de la conmoción al miedo para luego impulsarlos a buscar la primera tienda o el primer surtidor a la redonda.

Se había emitido el Decreto Supremo 5503 que el presidente Paz anunciaba era necesario dada la precariedad de las finanzas del Gobierno boliviano, no se tiene más dinero para sostener la subvención es tiempo de soltar y sincerar la economía.

Tras este anunció trate de comunicarme con Rodrigo, pero me fue imposible, al encontrarme lejos de la sede de gobierno tuve que emprender viaje de manera apresurada para atender y sostener una charla que nos debíamos, hoy las circunstancias apremiaban.

Al entrar en Palacio vi muchas caras largas pocos me saludaron, no lo tome a mal porque en este caso el foco de atención era otro. Espere en la antesala del despacho a que Rodrigo se desocupe, en ese tiempo me puse a reflexionar sobre las acciones que había emprendido los últimos días y el resultado de las mismas.

No había logrado absolutamente nada, tengo una consigna alrededor del poder para servir, pero parece ser que esa obsesión me distrajo de lo que realmente importa o por lo menos lo que creía que me importaba más. La patria.

¿Pero que hice? Como fui capaz de dejar que mi actual investidura me cambiará al punto de no reconocerme frente al espejo. Mi convicción fue vista como arrogancia y narcisismo puro. Soy la persona que decía ser en un principio solo que deje que ese entorno me moldeara como un carpintero trabaja la madera, a su antojo y para cumplir sus fines.

Finalmente la puerta se abrió, la expresión de Rodrigo no era de mucho agrado, me acerque y tome la iniciativa.

«Rodrigo, espera tenemos que hablar. Prometo que no tomará mucho tiempo» suspiro profundamente mientras se tomaba la nuca como tratando de sacar paciencia de los profundo de su ser. La verdad es que se lo veía agotado y sumamente compungido. Entramos a su despacho y tome asiento en una mesa donde aún tenía varios documentos esperando ser revisados por el mismo.

«Mira, entiendo que nuestra relación no es de las mejores. En el pasado te acuse y me propuse a mellar tu reputación como funcionario pero ahora es distinto»

Rodrigo abrió los ojos y me miró con extrañeza como si se tratase de alguien completamente diferente. Te escucho dijo.

«La gente ahí afuera pide tu cabeza, demanda tu renuncia y corean mi nombre como el único capaz de velar por sus intereses. Pero solo quiere que me respondas algo, por favor con la sinceridad con la que conversas con un amigo, por más que no lo sea»

Dime, ¿qué quieres saber?

«¿Este Decreto es lo único que puede resolver la crisis?» Me miró a los ojos y pausadamente luego de exhalar me dijo: Mira, si hubiera otra forma de estabilizar las finanzas del Gobierno lo haría pero no tenemos un dólar más para seguir quemando en los hidrocarburos. Es ahora o nunca y empiezo a creer que será mi ruina.

Retrocedí un poco tratando de comprender la magnitud del problema que acababa de conocer, pero algo me levanto de golpe como una reacción inmediata. Luego de mucho tiempo esa sensación invadió mi cuerpo, algo parecido a la esperanza.

«¿Qué puede hacer por ti? ¿Cómo puedo darte una mano? Olvida todo lo que paso entre nosotros, no me veas como un amigo sino como un medio para lograr el fin, por favor déjame ayudar»

En ese momento una expresión distinta se esbozó en su rostro, sus ojos destellaban por las lágrimas contenidas con la fiereza con la que un jaguar sostiene a su presa en las orillas del amazonas. Carajo Edman no sabes tus palabras han calmado la tormenta que había en mi interior.

En ese momento me explico que debía hacer con la Asamblea, necesitábamos leyes complementarias para ayudar a las familias bolivianas en estos momentos complicados, debemos bajar los impuestos, debemos apresurar la elaboración de un nuevo Presupuesto General del Estado haciendo los sacrificios que hoy le imponemos a los bolivianos. Tengo el compromiso de exigir a los parlamentarios hacer un sacrificio, nos bajemos el sueldo, seamos coherentes con los sacrificios que nuestra gente hace en la calle, sin rezongar que ellos no merecen ese tipo de políticos.

Nos quedamos hasta casi el amanecer planeando los pasos que vendrían a continuación. Finalmente tuve que irme no sin antes ser detenido por Rodrigo en el umbral de su despacho.

Puedo preguntar ¿Qué cambio?

Esbozando una leve sonrisa lo vi y me escurrí por el pasillo diciendo: «creo que por primera vez se lo que tengo hacer, encontré un nuevo deber con la Patria».

  • CARLOS ARMANDO CARDOZO LOZADA
  • Economista, Máster en Desarrollo Sostenible y Cambio Climático, Presidente de la Fundación Lozanía
  • *NdE: Los textos reproducidos en este espacio de opinión son de absoluta responsabilidad de sus autores y no comprometen la línea editorial Liberal y Conservadora de VISOR21