Medicaid, el programa estatal que atiende a la población económicamente vulnerable en Estados Unidos, otorgándoles un seguro médico, no seguirá financiando tratamientos de transición de género en menores de edad. La decisión, anunciada por el presidente Donald Trump, sienta un precedente luego de varios años en los que fondos federales eran utilizados sin reparos para conceder bloqueadores, hormonas o cirugías a niños.
Trump publicó un mensaje en su red Truth Social para hacer el anuncio: «No vamos a pagar para que nuestros niños inocentes se sometan a estas cirugías y prácticas bárbaras, que provocan daños impensables e irreversibles en sus jóvenes cuerpos», escribió el mandatario. Y es que durante el pasado Gobierno demócrata de Joe Biden, la agenda progresista, supuesta defensora de la «igualdad» de género, se infiltró e instaló en las instituciones y escuelas. El resultado fue que niños estadounidenses terminaban «cortándose los órganos reproductivos antes de tener la edad suficiente para votar», un deseo que se mantiene en la agenda del Partido Demócrata, advierte el líder republicano.
Atrás quedaron los días cuando desde las instituciones gubernamentales de EEUU se imponían términos como «productor de óvulos» para eliminar la palabra «madre”, o «personas que menstrúan» para anular la palabra mujer. En ese momento, grandes marcas como Adidas lanzaban campañas «inclusivas» con hombres modelando piezas femeninas para usar en la playa. Ahora, el movimiento woke, ansioso por borrar los límites de la biología humana, pierde cada vez más espacios. La política de la actual Administración Trump, lejos de ser «discriminatoria» o un asunto de «ataques contra las personas transgénero» –como afirman desde el electorado demócrata– se enfoca en proteger el desarrollo físico y mental de los niños estadounidenses.
Trump dijo que dio la orden al doctor Mehmet Oz, administrador de los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid de EEUU, para suspender tratamientos de afirmación de género para menores. Horas antes, el Programa de Seguro Médico Infantil (CHIP, por sus siglas en inglés), al cual pueden acceder las familias que no califican para Medicaid, también anunciaba la misma medida.
La decisión abarca bloqueadores de pubertad, hormonas del sexo opuesto y operaciones quirúrgicas, que «pueden provocar daños irreversibles, como infertilidad, deterioro de la función sexual, disminución de la densidad ósea, alteración del desarrollo cerebral y otros efectos fisiológicos duraderos». La norma entrará en vigencia el 13 de octubre. Más allá de las consecuencias físicas y psicológicas, es necesario repasar los números para entender la participación de la financiación federal en tratamientos de afirmación de género.
A partir de registros de Medicaid y CHIP, analizados por la revista JAMA Pediatrics –editada por la Asociación Médica Estadounidense (AMA)– entre 2019 y 2023 ambos programas gastaron unos 135,6 millones de dólares en bloqueadores de la pubertad, tratamientos hormonales y procedimientos quirúrgicos para jóvenes identificados como «trans» o de «género diverso». De ese total, alrededor de 86,1 millones de dólares correspondieron a fondos federales, mientras que 49,5 millones de dólares restantes fueron aportados por los propios estados.
Desde que comenzó su segundo mandato, Donald Trump firmó varias órdenes ejecutivas en esta materia, comenzando por el reconocimiento por parte del Gobierno de los únicos dos géneros biológicos (hombre y mujer). Pasados casi dos años, el tema se abordó en la educación y en el deporte. Tanto así que dos exbasquetbolistas de la NBA, Enes Kanter y Royce White, están presionando al progresismo todavía vigente en la liga femenina.
Con pelucas, dicen sentirse mujeres para participar en el Draft del próximo año. Kanter está entrenando para la competencia, mientras que White advirtió sobre acciones legales si la organización le prohíbe participar. El asunto se convierte en un auténtico dilema para los defensores de la «igualdad» de género.
//FUENTE: PANAM POST//


