Pregonar con el ejemplo

«Los políticos, “autoridades” de turno, insisten en subestimar al pueblo con discursos grandilocuentes y demagógicos»

Cuentan las crónicas del 23 de julio de 1936 que, cerca al medio día sonó el teléfono del Alcázar de Toledo. Era el jefe de las milicias republicanas. La conversación que se produjo luego, quedó grabada a sangre y fuego en la memoria historiográfica de la Guerra Civil española. –Si no rinde el Alcázar en diez minutos, fusilaremos a su hijo Luis–. El comandante Moscardó pidió hablar con su hijo. –¿Qué hay, hijo mío? –. –Que dice que me van a fusilar si el Alcázar no se rinde, pero no te preocupes por mí–. –Si es cierto, encomienda tu alma a Dios, da un viva a Cristo Rey y a España, y muere como un héroe, como un patriota. Tu padre, nunca se rendirá. Adiós, hijo mío, un beso muy fuerte–.

El 21 de julio de 1936 España quedó dividida en dos facciones irreconciliables. Toledo y su provincia decidieron mantenerse fieles a la República, mientras que la guarnición militar a la cabeza del Coronel Moscardó, inició la defensa de la plaza, creando la resistencia desde el Alcázar de Toledo, en lo alto de la colina, lo que les permitía mantener un lugar privilegiado para la defensa y vigilancia, declarándose desde el interior en estado de guerra.

Las estrellas todavía eran visibles en el firmamento mientras circulaban decenas de camiones repletos de milicianos. Las calles de Toledo habían sido tomadas, mientras los soldados resistían con el pertrecho que tenían almacenado, en espera de material, refuerzo bélico y fundamentalmente la llegada de las tropas de África que atravesaron el estrecho de Gibraltar comandadas por Franco. La toma del Alcázar constituyó una afrenta para el gobierno de la República que envió las primeras columnas desde Madrid para retomar la plaza de manera inmediata.

El hostigamiento sobre el edificio era tenaz, las cargas de artillería caían dentro de los muros, haciendo pensar que no resistirían por mucho tiempo. Desde las calles adyacentes, los tejados colindantes, azoteas y terrazas se disponían los milicianos que tenían la misión de recuperar aquel reducto que mostró al mundo entero, como un millar y medio de militares, hombres, mujeres, niños y refugiados, estaban dispuestos con valor y coraje a compartir el hambre, el miedo y la muerte, antes de negociar sus principios e ideales.

El gobierno estaba dispuesto a minar los cimientos de la fortaleza, pulverizándola si es que sus defensores no se rendían. Finalmente, el 27 de septiembre, luego de 71 días de asedio, los defensores de las troneras divisaron acercándose a las columnas nacionales al mando del general Varela. Para entonces el Alcázar era una ruina humeante, los muros agrietados, torres derruidas, escombros por doquier, pero a pesar de aquel desastre, la bandera española ondeaba en lo más alto.

Para muchos, la historia del Alcázar no constituye únicamente un episodio militar, representa un símbolo de sacrificio y deber más allá de todo límite. Un ejemplo de lo que debe ser el compromiso y consecuencia entre lo que se dice y lo que se predica, sabiendo asumir con dignidad y valor las consecuencias, mostrando la entereza e integridad de hombres de otros tiempos, que “pregonan con el ejemplo”. El Coronel Moscardó, jamás pidió a otros, que asuman el sacrificio que él mismo no estuviese dispuesto a dar, tomando una decisión difícil, sacrificando la vida de su propio hijo, sin quebrarse y cumpliendo con el que él consideraba, era su deber.

En contrasentido al relato precedente, en Bolivia el año 2010, mientras se insistía tenazmente en mostrar la imagen del presidente boliviano de aquel entonces como “líder anticapitalista, campesino humilde, defensor de los pobres”, en medio de un gobierno que hacía el llamado al pueblo: “sacrificarse por el país”, a “comer chuño y mote”, se compraba un avión presidencial Dassault Falcón 900 EX, por un valor de 38,7 millones de euros, respondiendo ante las críticas de la siguiente manera: “no es un lujo un avión ni un helicóptero, es un instrumento de trabajo como para ustedes la yunta, el pico, la pala…”.

Otro caso reciente es el que involucra el ex presidente Luis Arce, quién llegó a la presidencia en 2020 predicando un discurso de austeridad, mostrando su rol de defensor de los intereses de Estado y lucha contra la corrupción, pidiendo al pueblo “aguantar la crisis”, “no especular”, “cuidar los recursos naturales”, al tiempo que sus hijos accedían a créditos millonarios sin respaldo alguno, acumulaban bienes inmuebles de alto valor, contaban con autos de alta gama y todo esto, en un contexto de desabastecimiento de carburantes, falta de alimentos, escasez de dólares y una profunda crisis económica que sigue golpeando al país.

Como podríamos olvidar el emblemático caso del teórico marxista y ex vicepresidente de Evo Morales, quién usaba helicópteros militares para pasear a su bebé. Tal como lo reveló el ex comandante del Ejército Pastor Mendieta, que tanto Evo Morales y Álvaro García Linera, usaban helicópteros militares de las Fuerza Aérea Boliviana para traslados personales y familiares, difundiéndose una versión en la que éste último sacaba a pasear a su bebé en helicóptero para que se durmiera, con un costo promedio de 2,400 dólares por hora de vuelo.

En la actualidad, asambleístas y autoridades de gobierno repiten el discurso calcado de sus antecesores, pidiendo al pueblo que se “ajuste los pantalones y resista la crisis”, bajo el entendido que los últimos 20 años han sido calamitosos para la economía del país, mientras priorizan la compra de vehículos de lujo, abriendo un sinnúmero de interrogantes acerca de las verdaderas prioridades del gobierno. En un escenario en el que el pueblo enfrenta una inflación galopante, escasez de dólares, recortes salariales y la peor crisis energética de la historia de Bolivia.

Estas contradicciones no pueden seguir siendo ignoradas. Los políticos, “autoridades” de turno, insisten en subestimar al pueblo con discursos grandilocuentes y demagógicos centrados fundamentalmente en los “intereses de la patria”, mientras mantienen al Estado preso, como fuente inagotable de privilegios personales. Ese doble racero al que están acostumbrados, les ha hecho creer que la ciudadanía olvidará pronto estos hechos, sin ponerse a pensar que su crédito ante la ciudadanía ha expirado. La gente no está por la labor de seguir tolerando esta clase de despropósitos.

La historia no perdona y tarde o temprano despierta la memoria. El inexorable paso del tiempo hará justicia, cobrando la factura a los que mienten y engañan al pueblo, usando el poder con el único afán de enriquecerse. Bolivia no necesita más discursos de sacrificio y patriotismo pronunciados desde altas torres de cristal, necesita verdaderos líderes que estén dispuestos a pregonar con el ejemplo, líderes que entiendan que la función pública es un servicio, no un botín.

“Estamos acostumbrados a ver al poderoso como si se tratara de un gigante, sólo, porque nos empeñamos en mirarlo de rodillas y ya va siendo hora, de ponerse de pie”.

  • (*) LOS TEXTOS PUBLICADOS EN ESTE ESPACIO DE LIBERTAD DE EXPRESIÓN SON DE ABSOLUTA RESPONSABILIDAD DE SUS AUTORES Y NO COMPROMETEN LA LÍNEA EDITORIAL LIBERAL Y CONSERVADORA DE VISOR21