«El país está prácticamente paralizado en su movimiento económico»

Desde la implementación del estado de excepción por parte del gobierno nacional de Rodrigo Paz, el país vive en una paz aparente. Todo parecería que anda viento en popa y que las marchas y los bloqueos quedaron atrás sin que lleguen afectar al desarrollo cotidiano de nuestras actividades. Daría la impresión que en el país, se trabaja a todo vapor sin tener interrupción alguna.

Nuestra triste realidad es otra. La gente día a día está más enfadada porque no ve solución rápida a los problemas de la falta de diésel, gasolina, GLP, subida constante de los artículos de la canasta familiar y la inestabilidad al tipo de cambio del dólar; la cual marca el termómetro de cómo está a diario nuestra economía. En tanto el gobierno nacional, sale con sus respuestas cotidianas de que están trabajando “duro y fuerte” para solucionar dichos problemas que al parecer llegarán el “día del huiro”.

Muchos sectores sociales como el de transporte citadino, interdepartamental y provincial ya están amenazando incluso con romper el estado de excepción antes de que el mismo fenezca el 17 de septiembre próximo porque no ven solución a sus demandas. El gobierno de Rodrigo Paz, está cometiendo el mismo error del gobierno de Luis Arce, quien junto a sus ministros ni se daban la molestia de salir a las calles de las diferentes ciudades del país para medir el verdadero pulso económico y tener un contacto directo con el verdadero pueblo-pueblo y no con ese falso pueblo representado por dirigentes sindicales corruptos.

El país está prácticamente paralizado en su movimiento económico porque sin la provisión de carburantes (diésel, gasolina y GLP entre otros) no se mueve nada. Aspecto que da lugar a que muchos “movimientos sociales” como los cocaleros del Chapare, amenacen nuevamente con salir a bloquear caminos interdepartamentales y las calles de las ciudades, una vez que se levante el estado de excepción. Anticipando, además, que no permitirán la ampliación del mismo por parte del gobierno central.

Todo parece que estamos en un callejón sin salida. Porque las autoridades nacionales ni se afanan en encontrar soluciones definitivas a este problema que venimos arrastrando desde el anterior gobierno masista-arcista. Hace más de nueve meses que la gente tuvo la esperanza que con la asunción al poder de Rodrigo Paz, todo cambiaría. Nada cambió y seguimos sumergidos sin encontrar esa luz al final del túnel.

El gobierno nacional prosigue sin dar una fecha por lo menos aproximada para dar solución a este “calvario” que vive el pueblo boliviano, mientras las filas interminables en los surtidores de combustibles crecen día a día. Rodrigo Paz, prometió a Bolivia ni bien se haga cargo del mando de la nación, en resolver dicho conflicto. En sus primeras semanas de gobierno, nos hizo creer con un breve período de abastecimiento que todo se resolvería, pero solo fue una ilusión.

Con pedir disculpas tanto el propio presidente Paz Pereira y su ministro de Hidrocarburos, Marcelo Blanco, no solucionan nada. Lo que la gente quiere, es ver soluciones de verdad y no soluciones a medias. Es secreto a voces que, para resolver este conflicto, pasa porque la administración pública central, consiga dólares y si no se logra dicho cometido, seguiremos observando por mucho tiempo las filas interminables de vehículos en los surtidores de carburantes.

Pasan los días y los mismos se ponen en sentido regresivo para el gobierno nacional, hasta que se cumpla la fecha indicada para levantar el estado de excepción. Y lo que nadie desea, es que nuevamente volvamos a esos 53 días de bloqueos y marchas que vivimos entre mayo y junio pasados. Solo y absolutamente depende de Rodrigo Paz y su gobierno para que el país no quede asfixiado como en esas fechas trágicas que sentimos. ¡Señor presidente! Ponga de una vez soluciones definitivas a este problema de los combustibles por el bien del país y de su gobierno, si no quiere, que otra vez esos sindicatos corporativos corruptos mal llamados “movimientos sociales”, pidan nuevamente su renuncia.

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