Nacionalismo boliviano para evitar fragmentación

De todos los males que ha hecho el MAS, sin duda el más grave ha sido la división de la nación boliviana, impulsada por su nefasta CPE y la oposición funcional. La burda idea de plurinacionalidad no ha hecho más que reforzar la división y los enfrentamientos, llevándonos hasta un punto tan drástico como el ocurrido en 2019. De igual forma, la rivalidad Occidente-Oriente ha crecido debido a la falta de identidad nacional y a las políticas masistas, que siempre han buscado la destrucción de la patria.

Atravesamos múltiples problemas estructurales, y lo que más urge en este momento es dar una respuesta a la crisis económica. Sin embargo, para mí, el siguiente problema a responder —y que tomará muchos más años— será fomentar la reconciliación y la unidad nacional. En otras palabras, dejar la división y pasar a consolidar la nación boliviana. Ya no es factible seguir en este clima de polarización.

Bolivia nace del mestizaje de culturas (indígena y española), como la gran parte de los países de nuestra región. No podemos seguir fomentando discursos de resentimiento que ha impulsado el MAS; debemos dejar de vernos como subgrupos para pasar a asumir una identidad nacional, asumir la identidad de bolivianos. Las ya mencionadas culturas, con el paso de los años, han pasado a convertirse en una sola: la cultura boliviana, que con el tiempo ha ido fortaleciéndose. Desgraciadamente, muchos grupos e ideologías políticas buscan la destrucción y división de la nación, favoreciendo discursos de enfrentamiento y buscando que los bolivianos nos veamos como subgrupos antagónicos, en vez de asumir la realidad tal cual es: Bolivia es una sola y es indivisible.

Es cierto que, en su momento, partidos políticos como el MNR y FSB, y gobiernos de corte nacionalista, buscaron consolidar a la nación boliviana, pero por diversos factores esto no se pudo lograr. En la actualidad, la nación está mucho más integrada que antes; lo que hace falta es un discurso nacionalista y de unidad nacional que pueda, de una vez por todas, consolidar a la nación boliviana. De igual forma, es necesario abandonar el burdo Estado plurinacional, las políticas de confrontación y los escenarios de división, para pasar a abogar por la creación de una nación fuerte representada por un Nuevo Estado Nacional, uno que sí represente a la nación boliviana.

Respecto a la división Occidente-Oriente, esto también debe ser resuelto de manera urgente. El nacionalismo no es centralista, ni obliga a las regiones a ver el país desde el punto de vista de otra región; más bien, busca que todas las regiones abracen una visión de país nacional. Esto pasa, en estos tiempos, por no solo ver a Bolivia a través de una “visión andina”, sino también desde una “visión oriental”. Ambas, en conjunto, nos ayudarán a contar por fin con una sola visión de país y, de tener un discurso de Occidente contra Oriente, se pasará a un discurso meramente boliviano.

El nacionalismo boliviano tiene, en estos tiempos, el rol de evitar la fragmentación del país, de consolidar a la nación boliviana y otorgarle su propia identidad nacional. Como bien dije en muchas oportunidades, la nación está presente; solo hace falta un discurso y una agrupación política que puedan consolidarla e impulsarla. Una vez que todos nos sintamos plenamente bolivianos y asumamos de dónde nace Bolivia, estoy seguro de que habremos resuelto el más grande problema estructural que tenemos.

Con una nación fuerte, unida y que rema hacia una sola dirección, será más fácil lograr el crecimiento y la estabilidad. Bolivia debe dejar el rol de subalterno, solucionar sus problemas internos y, de una vez por todas, convertirse en una gran potencia regional. Tenemos todo lo necesario para ser un gran país, uno donde prime el orden, la seguridad y la estabilidad.

Bolivia sobre todas las cosas.

  • FABIÁN FREIRE
  • Escritor. Estudiante de Ciencias Jurídicas. Columnista en El Diario.
  • *NdE: Los textos reproducidos en este espacio de opinión son de absoluta responsabilidad de sus autores y no comprometen la línea editorial Liberal y Conservadora de VISOR21