«La falta de identidad nacional y de consolidación de la nación es un problema que viene desde el inicio de nuestra historia»
Más allá de las políticas estabilizadoras que deben ser adoptadas para sanear la economía, a largo plazo Bolivia debe contar con una nueva Constitución y un nuevo Estado; en caso contrario, permaneceremos estancados como ahora. De igual forma, se debe plantear nuevos valores fundacionales, unos que sí estén enfocados en hacer grande la patria y no en limitarla, unos que respondan a las necesidades nacionales y no sean imposiciones extranjeras.
Por ende, surge la necesidad de proponer al lector tres pilares fundacionales que deben ser claves para el nuevo Estado boliviano, pero sobre todo que logren responder y hacer frente a los grandes problemas estructurales de la nación. Estos son: Nación, Orden y Estabilidad.
Nación es la clara intención de consolidar la nación boliviana, terminar con las divisiones y fomentar la unidad nacional. La falta de identidad nacional y de consolidación de la nación es un problema que viene desde el inicio de nuestra historia, más hoy que, gracias a las políticas divisorias del MAS y la ineptitud de la “oposición”, se ha incrementado. Es una necesidad imperativa consolidar la nación; en caso contrario, las riñas internas y conflictos regionales no nos dejarán progresar como país. Es momento de generar un discurso de unidad que sea capaz de unir a todos los bolivianos bajo nuestra bandera nacional, pero también fomentar el bolivianismo y potenciar instituciones que sí respondan a nuestros intereses nacionales.
Bolivia, al igual que los demás países de la región, nace de la mezcla de culturas (occidental e indígena), pero también tiene características propias y marcadas a partir de 1825, gracias a determinados eventos históricos. Es a partir de este origen común que se debe consolidar la nación, pero también dotarla de valores idóneos y de visión de país, pues una nación siempre necesita dirección y firmeza. Por ende, no solo debemos terminar con las divisiones y consolidar la nación, sino dotarla de ambición, energía y firmeza. Bolivia debe optar por ocupar el rol de potencia regional y empezar a invertir en su poder político; no basta una economía fuerte, sino instituciones políticas sólidas: es la única forma de hacer grande a la nación. Si la consolidación de la nación es realizada, este será uno de los hitos más grandes en la historia de nuestro país, si es que no el más importante.
El segundo valor fundacional es orden, esto buscando responder al Estado fallido en el cual vivimos. El Estado Plurinacional, pero también otros Estados a lo largo de nuestra historia, jamás han sido capaces de consolidar su fuerza y siempre han estado sometidos a la voluntad de sindicatos o grupos de poder. De igual forma, actitudes violentas y amedrentamientos a la ciudadanía son comunes; ya no es posible seguir con este modelo. El Estado boliviano debe ser duro con el caos y proteger a los ciudadanos, pues es su rol fundamental. El orden es un factor necesario para lograr el progreso de Bolivia; no puede ser que en dos siglos de historia sigamos viviendo en una situación en donde somos tierra de nadie. El nuevo Estado debe proteger al ciudadano y mostrar que será fuerte ante el caos; basta de vivir en anarquía, el boliviano necesita orden para progresar y vivir en paz.
Finalmente, la estabilidad va dirigida a lo relacionado con la economía, una que debe ser manejada con responsabilidad y sin ningún fanatismo ideológico de por medio. Es importante que tanto la empresa privada nacional como el Estado dejen de ser antagonistas y pasen a trabajar de la mano para favorecer el crecimiento del país. El Estado debe fomentar la producción nacional, no limitarla; es deber de ambos sectores velar por el bien de la patria. Estoy seguro de que en una economía en donde tanto el Estado como la empresa privada nacional cooperen, habremos obtenido resultados notables.
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