La nueva fase de la doctrina geopolítica de EEUU sobre América Latina

La pasada semana, CBS News difundió un plan de Estados Unidos para procesar al expresidente de Cuba, Raúl Castro, hoy con 94 años de edad cumplidos, por un hecho ocurrido hace tres décadas, cuando un par de aviones operados por el grupo humanitario Hermanos al Rescate fue derribado en la isla.

El plan surge en un momento en que EEUU ejerce una fuerte presión sobre el gobierno cubano. La administración de Washington ha amenazado con imponer aranceles elevados a cualquier país que exporte petróleo a Cuba, lo que provocaría escasez energética al interrumpirse en gran medida los envíos de petróleo. El presidente Donald Trump ha presionado para que se implementen importantes reformas en Cuba y ha planteado la posibilidad de una “toma de control amistosa”; del país.

La presión sobre Cuba comenzó a aumentar en enero de este año, después de que el ejército estadounidense derrocara al mandatario venezolano Nicolás Maduro y lo trasladara a Nueva York para enfrentar cargos por narcotráfico.

Dichas acciones, según analistas, generan división en el continente y no cuentan con la aprobación de algunos países de América Latina.

Esa división se reflejó, por ejemplo, en la X Cumbre de Presidentes de la CELAC desarrollada en Bogotá, Colombia, en marzo, cuando de los 33 mandatarios convocados sólo participaron el anfitrión, Gustavo Petro, y el uruguayo Yamandú Orsi, quien recibió la presidencia pro tempore, Lula da Silva de Brasil, Ralph Goncalves de San Vicente y las Granadinas, y el Primer Ministro de Guyana, Mark Anthony Phillips. En tanto, el resto de líderes de la región sólo envió a sus cancilleres y delegados diplomáticos, lo que evitó la firma de una declaración contra EEUU que se promovía desde ese espacio.

La actual presión hacia La Habana no es nueva, según el cronista Gustavo Veiga, quien recuerda el Programa de Acción Encubierta del presidente Dwight D. Eisenhower, que consistía “en incitar, apoyar y, en lo posible, dirigir la acción, dentro y fuera de Cuba, por parte de grupos selectos de cubanos que pudieran realizar cualquier misión por iniciativa propia”.

Citando al miembro de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad (RedH), Buen Abad, el plan contra Cuba implica la “des-semantización”, es decir, “vaciar semánticamente los signos de la Revolución, hacer que ‘soberanía’ signifique aislamiento, que ‘socialismo’ signifique atraso, que ‘revolución’ signifique dictadura”.

En ese marco, el informe del Observatorio de Guerra No Convencional contra Cuba, cita tres elementos coincidentes en tiempo y espacio para desprestigiar al gobierno de la isla y desgastar la resistencia psíquica de la población: la elaboración de fake news, la guerra psicológica de saturación y la apelación a fuentes anónimas bajo el rótulo de “expertos” para contraponerlos a fuentes oficiales cubanas.

Volviendo a la X Cumbre de la CELAC, la analista Ariela Ruiz señala que dicho encuentro será probablemente recordado “como el acta de defunción de la autonomía latinoamericana”, por el alineamiento de algunos gobiernos a Washington.

“Las nuevas sanciones y el bloqueo a las exportaciones de petróleo han agravado la vida diaria en Cuba. El transporte público está semiparalizado y el precio de los boletos de los microbuses particulares se ha disparado por la escasez de diésel. Los apagones, por déficit de generación eléctrica, que en algunas zonas del interior del país superan las 12 o 15 horas diarias, tienen impacto en los tratamientos hospitalarios, así como en la refrigeración de alimentos. Asimismo, el envío de dinero a Cuba se ha convertido en un desafío al tener que saltar el cerco financiero por el incremento de sanciones a más bancos internacionales que procesaban transferencias a Cuba desde EEUU”, detalla Ruiz.

Esas acciones, recuerda, ya fueron calificadas por un grupo de expertos en derechos humanos de las Naciones Unidas como “una grave violación del derecho internacional y una seria amenaza para un orden internacional democrático y equitativo”.

A su vez, el portal The Conversation señala que las acciones contra Venezuela y Cuba constituyen la apertura de un nuevo orden mundial en el que un presidente contiene poderes por encima de sus atribuciones, en este caso para implementar la doctrina de “América para los americanos” al tener sólo a Colombia y Brasil como oposición en la región y con la finalidad de controlar recursos como el petróleo, las infraestructuras, los puertos o los minerales que refleja el cambio de la globalización hacia la geoeconomía.

“La mirada estadounidense sobre los territorios alimenta una política exterior soberanista y revisionista como la de China, Israel o Rusia. Se impone el ‘nomos schmittiano’, propuesto a mediados del siglo pasado por el filósofo alemán Carl Schmitt y basado en la distinción país amigo-país enemigo”, reseña el portal.

Finalmente, autores como el analista argentino Eduardo Lucito, comparan la actual política norteamericana con la Doctrina Monroe y advierte que el objetivo final es recuperar el control sobre América y sus recursos, al tiempo que se bloquea el acceso de otros Estados a ellos. “Esta política marca la transición de la globalización a la regionalización bajo el dictamen militar, donde la fuerza se impone a las reglas multilaterales y el poder reemplaza a la diplomacia”.

//FUENTE: AGENCIAS//