¿Existen los independientes?

ANDRÉS GÓMEZ

Es común escuchar estos días que no hay periodistas ni juristas independientes porque todos están sometidos a una ideología. Con esta frase, los detractores buscan igualar a su condición a los librepensantes.

¿Existen los independientes? Cinco elementos para escudriñar el tema: 1) tiene pensamiento político (ideología); 2) está libre de dogmas; 3) defiende la libertad de expresión; 4) busca la verdad, no cree poseerla; 5) carece de presiones económicas.

1.Tiene pensamiento político.- Por definición es imposible encontrar a una persona sin ideología porque es un ser social y racional. En esa condición, integra lo que los griegos llamaron la polis. En consecuencia, está legitimada para hacer política desde el lugar que se encuentra en la sociedad, no sólo desde un partido o en ejercicio de poder.

Por ello, suena contradictorio escuchar a alguna autoridad decir que la medida de presión de tal sector social es política, como si ella nomás tuviera derecho a hacer política o como si la política fuera mala si la practican otros que no sean miembros del partido.

La racionalidad hace que las personas tengan una cosmovisión (metafísica) y unas reglas de conducta (ética). Ambos componentes conducen a una forma de comprender el tránsito de la vida a la muerte. En esa línea nace la ideología, que no es más que una explicación de las relaciones sociales y económicas entre seres humanos. Para una persona de libre pensamiento, esas explicaciones pueden ser rebatidas incluso en el ámbito religioso (que es una forma de ideología) y sin pasión de clase, nación o etnia.

Vale decir, es independiente porque no cultiva la ortodoxia ni el dogmatismo.

2. Está libre de dogmas.- Para John Stuart Mill era un peligro delegar nuestra acción moral en la supuesta sabiduría de la multitud donde suelen incubarse dogmas traducidas luego en tiranías de opinión popular y sentimientos predominante sobre creencias.

El librepensante no está sometido a una coacción externa, está exento de ciertos tipos de control ajenos a sus convicciones. En esta línea, se preserva de la religión y los políticos (o del partido convertido en grupo religioso con una deidad a quien adorar) que cultivan “de rigueur” una opinión dogmática y huyen de una aproximación al conocimiento científico.

El totalitario no pone en competencia sus “argumentos” frente a otras opiniones porque teme que sus mentiras sean descubiertas. En respuesta, el independiente cultiva el libre pensamiento, porque el libre pensamiento erige la independencia.

3. Ejerce su libertad de expresión.- George Orwell denominaba “mente gramófono” a todo aquel que se conformaba con reproducir el disco del momento tanto si está de acuerdo o no. El librepensante no reproduce las “certidumbres irracionales” o las “creencias fanáticas”.

De hecho, cuestiona las creencias así sean promovidas por el partido al que pertenece o perteneció. Contradice las órdenes demagógicas, así éstas provengan de su ocasional “superior” en jerarquía de cargo. Enfrenta el fanatismo con la herramienta más valiosa que tiene: la palabra. Por ello, materializa su libre pensamiento en su libre expresión y defiende el derecho a esta libertad incluso de aquellos que no están de acuerdo con él.

4. Busca la verdad, no cree poseerla.- Desde el momento que la persona independiente defiende la libertad de expresión de los otros que piensan diferente a ella, busca la verdad porque no cree poseerla. Está consciente que para acercarse a la certidumbre hay que promover un cuerpo político (democracia) que facilite la libre competencia de ideas.

En ese sentido, confía en la dialéctica y no es partidario del silenciamiento de voces ni de sanciones legales contra aquellos que contradicen.

La persona independiente es partidaria del pensamiento del filósofo y político de origen inglés Thomas Paine que sostuvo: “Quien niega a otro el derecho (a opinar) se convierte en esclavo de su actual opinión porque se excluye a sí mismo del derecho a modificarla”.

5. Carece de presiones económicas.- Hace días hablé con cinco funcionarios que no dicen lo que piensan, sino lo que les pide el gobierno. Ellos tienen la lengua amarrada porque tienen una presión económica. Lo propio pasa con algunos intelectuales que por no perder algún beneficio económico o un empleo callan sus ideas o las cambian. Obvio, también existen los convencidos de la verdad absoluta de su partido de turno y defienden hasta lo indefendible.

El independiente evita las presiones económicas o finalmente se arriesga porque prefiere buscar la verdad a callarla por unos centavos.

Conozco a personas independientes entre los juristas que proponen la reforma de la justicia vía referendo y entre los periodistas que prefieren sacrificar su estabilidad económica para preservar su libre pensamiento.

¿Existen los independientes? Sí, y son valiosos para que siga respirando la democracia.

ANDRÉS GÓMEZ VELA

Periodista y Abogado

*NdE: Los textos reproducidos en este espacio de opinión son de absoluta responsabilidad de sus autores y no comprometen la línea editorial Liberal y Conservadora de VISOR21