El país que empieza a nacer

«A partir de aquí Bolivia empezará a buscar respuestas en la derecha y su futuro se nutrirá de institucionalidad»

¿Será que estos terribles días de angustia y sufrimiento representan el doloroso parto de un nuevo país? ¿Será que este es el fondo que algún momento teníamos que tocar para finalmente reconstruir un país encaminado en la senda del progreso?

Los bloqueadores de la COB, la Tupac Katari y demás organizaciones violentas empezaron disfrazando su barbarismo de consignas sociales, pero nadie les creyó. Rápidamente, entonces, se quitaron la careta y empezaron a exigir lo que realmente querían: la renuncia del presidente y la interrupción del proceso democrático. Su misión era desestabilizar y terminar con nuestra frágil democracia para reinstalar el narcoestado del Socialismo del Siglo XXI del cuál mamaron jugosas rentas por muchos años. El masismo y el narco no se resistían a dejar sus privilegios y entregarle el Estado a un gobierno que, aunque débil y bastante maluco, estaba dispuesto a traer de nuevo a la DEA y aliarse con Estados Unidos conformando el Escudo de las Américas. Estas eran muy malas noticias para Evo Morales y los carteles.

Pero su plan les salió torcido. Al contrario de lo que sucedió el 2003 durante el golpe a Goni, las marchas, los bloqueos y las protestas no consiguieron ningún apoyo nacional y se fueron quedando aisladas recibiendo el repudio de la población. Si los sindicatos y campesinos pensaron que la gente en las ciudades extrañaba al MAS y se iba a solidarizar con sus pedidos, o al menos apoyarlos por cansancio y hambre con tal de volver a la normalidad, se equivocaron de medio a medio. La población, sobre todo la de La Paz, viene resistiendo 37 días y a nadie se le ocurre decir “ok, bueno pues, que renuncie el presidente y se acabe el sufrimiento.” Lo que crece, en cambio, es el repudio, la rabia y la determinación de que los bloqueadores no se salgan con la suya.

Siempre decimos que no aprendemos y que repetimos la historia, pero es posible que esta vez la lección haya calado. Veinte años de masismo y narcoestado han sido más que suficientes para enseñarnos lo vil y abusiva que puede ser la izquierda criminal. La gran mayoría de los bolivianos rechazó olímpicamente al MAS durante las elecciones del año pasado y ha continuado diciéndole que no en cada uno de estos 37 días de sufrimiento. Aun con la espada en el cuello, la gente le sigue diciendo no al masismo, incluso en una ciudad como La Paz que típicamente votaba por el MAS.

El gobierno de Rodrigo Paz ha sido una gran decepción para aquellos que le depositaron su confianza (nada de reformas económicas profundas, gasolina basura, corrupción, inacción completa ante los bloqueos, etc.), pero aun así la gente lo defiende, no porque le tenga fe, sino porque sabe que es el dique que nos impide volver al oscurantismo masista. La ciudadanía ha desarrollado poderosos anticuerpos contra el MAS, el narcoestado y la izquierda criminal. Veinte años de enorme corrupción, de presos políticos, de exiliados, de persecución, de despilfarro económico, de inoperancia y maldad, nos han vacunado contra el Socialismo del Siglo XXI. La fuerte corriente hacia la derecha en la región, los éxitos económicos de Milei y aquellos contra el crimen de Bukele y Noboa también han sido importantes en la creación de un nuevo paradigma, una nueva esperanza, sobre todo entre los más jóvenes.

Tengo la certeza, entonces, de que esta vuelta de página ha llegado para quedarse. Aun con un gobierno débil y timorato la gente le está apostando a la modernidad, a la democracia y al progreso. En una palabra, Bolivia le está apostando a la libertad. Nos tomó veinte años de sometimiento, muerte y cárcel, pero finalmente hemos aprendido. El gobierno de Rodrigo Paz se quedará porque Bolivia lo necesita para no volver a caer. El hombre ha perdido todo su capital político al mostrarse débil e indeciso, pero terminará su mandato porque no estamos dispuestos a volver a la inestabilidad y la opresión.

A partir de aquí Bolivia empezará a buscar respuestas en la derecha y su futuro se nutrirá de institucionalidad, protección a la propiedad privada y libertad individual. Bolivia aprendió lo peligroso que es votar a la izquierda (incluso la vegana de Lara) y no volverá a prestarse para experimentos socialistoides cuando vemos que nuestros vecinos progresan moviéndose en la dirección contraria. Hemos tocado fondo y ahora empieza la reconstrucción. ¿Está preparada la clase política para liderar la nueva era?

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