El Gobierno debe evitar que se repita el desastre gubernamental de la UDP

«Lo triste de esta situación es que el Gobierno está en una encrucijada e incluso recuerda a las trabas que sufrió Hernán Siles Zuazo en los años ochenta»

Hace un tiempo, escribí una serie de artículos enfocados en lo compleja que iba a ser la presente gestión gubernamental, pero también haciendo énfasis en las similitudes de la época actual con la década de los ochenta. Hoy, al igual que en esos años, Bolivia enfrenta una grave crisis económica, pero también un gran caos social. De hacerse bien las cosas, nuestro país saldrá adelante con un costo social menor, pero de ser cometidos los errores del pasado, lo más factible es que estemos frente a una etapa de caos y crisis.

Por ende, el Gobierno actual tiene la necesidad de aprender de los errores del pasado y mostrar firmeza en la hora de adoptar políticas económicas. El mandato que le ha dado la ciudadanía ha sido para que estén a la altura de las necesidades del país, y hoy Bolivia necesita orden, firmeza, pero también soluciones estructurales que saneen la economía.

Lo triste de esta situación es que el Gobierno está en una encrucijada e incluso recuerda a las trabas que sufrió Hernán Siles Zuazo en los años ochenta durante su gobierno. Al igual que en esa etapa, el Gobierno no cuenta con mayoría parlamentaria, tiene como enemigo a la COB, cuenta con división interna y con una oposición “mala leche”; para colmo, la situación geopolítica genera aún más desafíos.

Empero, donde hay desafíos y problemas, también hay oportunidades, y si bien nuestra economía está por los suelos, esto no llega a la gravedad vivida en la década de los ochenta. De igual forma, los rivales políticos del Gobierno en el parlamento no son los que debió afrontar Siles Zuazo, por lo que obtener gobernabilidad es más factible, siempre y cuando se actúe de manera astuta.

Para evitar repetir los errores del pasado, el Gobierno debe priorizar obtener gobernabilidad en el parlamento para realizar los cambios estructurales económicos necesarios. Pero, además, debe ser firme y mostrar carácter ante los posibles conflictos y caos; no se debe olvidar que la falta de autoridad de Siles Zuazo le terminó pasando factura. Esto se traduce a nuestros días en que, si bien debe haber diálogo con la COB y otros sectores, en caso de que éstos busquen desestabilizaciones y violencia, se los castigue con todo el peso de la ley. Hoy más que nunca, el Gobierno debe mostrarse fuerte y no titubear. Un Gobierno firme siempre es más eficiente que diálogos para cumplir demandas injustificadas.

Respecto al Legislativo, el Gobierno debe generar acuerdos y, al ver que Jorge Quiroga no quiere ser como Banzer y lograr un “pacto por la democracia”, debe ser quitado de la ecuación por el bien de Bolivia. Esto se traduce en dividir a su bancada en el Congreso. El Gobierno debe identificar a los parlamentarios de LIBRE que sí estén dispuestos a favorecer la gobernabilidad para lograr acuerdos con ellos, mientras que a los “voceros” de Quiroga dejarlos como una bancada minoritaria sin ningún peso. Esto no es complejo, pues la mayoría de LIBRE es parte del FRI y Demócratas, y si bien no son fuerzas políticas de mi agrado, si están dispuestas a ayudar deben ser tenidas en cuenta para favorecer la gobernabilidad. Ya se vio un quiebre entre Branko Marinkovic y los Demócratas con LIBRE; por ende, este debe ser más generalizado y marcado para lograr obtener acuerdos que permitan gobernar a Bolivia con más facilidad. No son tiempos de división, sino de unidad; Bolivia se juega su futuro.

Otro factor de por qué esto es posible es debido a que Quiroga no es Víctor Paz; el liderazgo es distinto y el carácter también. Por ende, de jugar bien las cartas, el Gobierno puede dividir a LIBRE, pero también identificar y señalar a los parlamentarios que, en vez de hacer gestión, fomentan el retorno del masismo al poder.

El presidente Paz debe actuar con firmeza, optar por los cambios estructurales económicos, generar acuerdos parlamentarios enfocados en impulsar al país y no titubear ante posibles convulsiones; el gobierno debe mostrarse fuerte y sólido.

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