Los pilares culturales de Occidente son cristianos

«Es al cristianismo que le debemos conceptos como la compasión y la caridad, pues son consideradas virtudes en la vida del cristiano promedio»

El 06 de julio del 2026, el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana, en la revista Scientific Reports, publicó un informe sobre el comportamiento de los primeros homo sapiens que habitaron la tierra. Los resultados reflejan tres cosas: a) tendencia al mestizaje con otros homínidos; 2) el desarrollo cerebral los impulsaba a las migraciones, y 3) la violencia como uno de los medios de resolución de conflictos. Es decir, que desde nuestros orígenes arreglábamos las disputas a patadas.

Por su parte, historiadores de diferentes tendencias y épocas están de acuerdo en una cosa: La violencia es el común denominador en la historia de la humanidad.

De hecho, los pueblos antiguos desde los celtas hasta los mayas tenían dioses dedicados a la guerra. Estas deidades solían convertirse en figuras que reflejaban la relación de la humanidad con el conflicto y la estrategia militar. Adorarlas otorgaba a las tropas un sentido de unidad y propósito. Al invocar juntos al dios guerrero, los combatientes se sentían protegidos por un poder superior que daba significado a la violencia. Además de las emociones, estas deidades proveían un orden moral en medio de la contienda. Los baños de sangre, que incluían sacrificar a los hijos de los vencidos, no se hacían por meras ambiciones económicas y sexuales, sino por un «mandato divino».

Es decir, que los estudios biológicos e históricos llegan a la misma conclusión: somos una especie muy violenta.

Pero, ¿cómo es posible que, a pesar de nuestra tendencia a la autodestrucción, hayamos llegado a convertirnos en la especie dominante?

En: La fatal arrogancia, Friedrich Hayek lo explica muy bien, veamos:

  • «La capacidad de aprender es más el fundamento que el logro de nuestra razón de nuestro entendimiento. El hombre no viene al mundo dotado de sabiduría, racionalidad y bondad: es preciso enseñárselas, debe aprenderlas. No es la moral fruto de la razón, sino que fueron más bien esos procesos de interacción humana propiciadores del correspondiente ordenamiento moral los que facilitaron al hombre la paulatina aparición no sólo de la razón sino también de ese conjunto de facultades con las que solemos asociarla. El hombre devino inteligente porque dispuso previamente de ciertas tradiciones –que ciertamente hay que emplazar entre el instinto y la razón– a las que pudo ajustar su conducta. A su vez, ese conjunto de tradiciones no deriva de la capacidad humana de racionalizar la realidad, sino de los hábitos de respuesta».

Es decir, que fue la cultura la que encadenó nuestros instintos sanguinarios. Acá es necesario aclarar que entendemos por cultura a todos los elementos de la vida humana que son transmitidos socialmente, tanto si son materiales como si son espirituales.

En Occidente, uno de los elementos que componen nuestra cultura es el cristianismo. Ergo, es al cristianismo que le debemos conceptos como la compasión y la caridad, pues son consideradas virtudes en la vida del cristiano promedio. De ahí, que las izquierdas siempre hayan considerado a la religión como un opio, ya que la culpaban de apagar las pulsiones revolucionarias de los trabajadores. De igual opinión eran los jerarcas nazis.

En la actualidad, es el movimiento woke que esgrime la espada anticristiana. El wokismo sostiene que la sociedad está estructurada en torno a relaciones de poder donde ciertos grupos (hombres, blancos, heterosexuales y cristianos) oprimen a otros (minorías raciales, mujeres, comunidad LGBTQ+). Uno de esos elementos que esclaviza es la moral cristiana, puesto que se consideran opresivas instituciones como el matrimonio, la familia y la propiedad privada.

El wokismo no es, meramente, una tendencia política; se trata de una cosmovisión que, con una violenta ingeniería social de por medio, pretende convertirse en la nueva base moral de Occidente. Una tendencia muy peligrosa, ya que pretenden reemplazar el perdón por la revancha y la paz por la lucha permanente. Para los cristianos, esta confrontación no es menor: lo que está en juego no es solo un debate de ideas, sino la preservación de los pilares fundamentales que han sostenido la civilización occidental por siglos.

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