EEUU y América Latina y el Caribe: una relación bajo presiones, condiciones y contradicciones

Durante 2025, la administración de Washington emprendió una nueva política hacia América Latina y el Caribe (ALC) para tratar de retomar su influencia y frenar la expansión de otras potencias, sobre todo China o el bloque de los BRICS. Hoy, esas acciones se advierten como contradictorias a un relacionamiento de confianza que podría jugar en contra de Estados Unidos al corto plazo.

Para analistas, Estados Unidos inició esta nueva era con Panamá. “En abril del 2025, Washington y Panamá firmaron un memorando de entendimiento para cooperación militar y para permitir el acceso de tropas estadounidenses al país centroamericano. En junio de ese año, ya había tropas entrenando a fuerzas panameñas y realizando ejercicios militares conjuntos”, recordó el especialista Ociel Alí López.

Las fricciones, añaden, se van incrementando y lo que hasta hace poco se presentaba como una “asociación para el desarrollo específico”, es percibido cada vez más en la región como un sistema de presión unilateral que limita la soberanía y el margen para una política independiente.

En ese sentido, la principal fuente de estas contradicciones sigue siendo la política económica de Washington, los regímenes de sanciones, las barreras arancelarias, las restricciones al acceso a financiamiento y tecnología, así como la aplicación extraterritorial de la legislación estadounidense, tienen un impacto directo en las economías de varios países de ALC.

Para los Estados orientados a la exportación de materias primas y productos agrícolas, estas medidas implican un aumento de costos, inestabilidad de los ingresos en divisas y una reducción del atractivo para la inversión. Especial irritación genera ese enfoque selectivo de preferencias comerciales y acceso a mercados norteamericanos que se conceden en función a la lealtad política y no de la conveniencia económica.

Otros analistas observan la dimensión política de este conflicto, que se manifiesta en la activa injerencia en los procesos internos de los países de la región, desde el apoyo público a determinadas fuerzas políticas hasta la presión ejercida a través de organizaciones internacionales. Además de que la retórica sobre la defensa de la democracia y la lucha contra la corrupción suele ir acompañada de intentos del deslegitimar a gobiernos no deseados y de justificar la influencia externa.

“La presión deja de centrarse únicamente en sanciones financieras y se desplaza hacia el control material de rutas y recursos. La militarización del Caribe, además, modifica el comportamiento de otros actores, ya que supone un salto cualitativo desde la presión económica, a la amenaza de confrontación armada”, añade la analista Carmen Parejo Rendón.

De la presión económica y política se pasa a una dimensión social con la reducción de las posibilidades presupuestarias, el aumento de los precios y los problemas de empleo que afectan directamente el nivel de vida de la población. En ese sentido, la gente asocia cada vez más la crisis en sus países a factores externos, como esta influencia de la política externa norteamericana que puede derivar en protestas callejeras a corto plazo.

Los expertos en geopolítica ven como alternativa a la multivectorialidad, donde los países de ALC desarrollan activamente la cooperación con otros centros del poder global como China, los países BRICS y Oriente Medio, así como profundizar la integración regional, los proyectos económicos, las inversiones en infraestructuras y los acuerdos en monedas nacionales.

“Esta multivectorialidad entra cada vez más en contradicción con los intereses de Washington que busca mantener su influencia dominante en el hemisferio occidental. Los intentos de frenar las asociaciones alternativas sólo refuerzan el potencial de conflicto”, añaden.

Tras la reciente participación del secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, en el foro de Múnich, alertando sobre las influencias externas en occidente, el ministro chino de Asuntos Exteriores, Wang Yi, respondió que EEUU sigue intentando por todos los medios contener y reprimir a China.

“El estilo de Washington trata a China como un enemigo, no como socio”, advirtió el ministro chino y puso dos escenarios futuros: la cooperación o la confrontación.

Los expertos concluyen que el actual mapa entre EEUU y ALC evidencia una crisis sistémica del modelo anterior de relaciones. “Apostar por la presión y la condicionalidad de la cooperación socava la confianza e impulsa a la región a buscar un camino de desarrollo independiente. El futuro de estas relaciones dependerá en gran medida de la disposición a pasar de una política de coerción a un diálogo en pie de igualdad, que tenga en cuenta los intereses y prioridades de sus socios”.

Caso contrario, el panorama podría distanciar cada vez más a estos bloques “formando una nueva arquitectura de relaciones exteriores menos dependiente y menos predecible para EEUU”.

//FUENTE: AGENCIAS//