«Sectores involucrados como el magisterio, al referirse a la ampliación del presupuesto en la partida de educación, sólo hacen énfasis en un incremento salarial»
Hace algún tiempo, el filósofo liberal, Antonio Escohotado, indicaba: “Un país no es rico porque tenga diamantes o petróleo, lo es porque tiene educación, conocimiento y respeto ilimitado por los demás”, una frase que matiza de manera adecuada que la mayor inversión que debe realizar un país que busca el desarrollo y el progreso es en el campo de la educación, una apuesta cuasi segura para el corto, mediano y largo plazo.
En el imaginario colectivo nacional, se tiene la creencia que el camino para mejorar la calidad educativa pasa por el simple hecho de incrementar el monto monetario invertido en el sector y que, con ello, de manera lógica se obtendrán mejores resultados, lamentablemente, la solución no es tan sencilla, Bolivia es uno de los países de la región con mayores niveles de inversión en educación con respecto a su PIB, con un monto de un 8,6%, monto superior al de países con mejores sistemas educativos como Chile con 4,91% y Uruguay de 4,76%, aunque claramente el PIB per cápita de los países mencionados triplica el de Bolivia, el argumento que un aumento dinerario es insuficiente.
No hay monto que valga en cualquier iniciativa o inversión, especialmente en educación, cuando el sistema es corrupto, está lleno de incentivos perversos, gasto irracional, intereses sectoriales y no se cuenta con una cultura de mejora y cumplimiento de objetivos, mientras no se realice un cambio estructural en los puntos anteriormente mencionados, no se obtendrán mejores resultados, puesto que nuestro modelo educativo cual agujero negro, seguirá consumiendo todos los recursos que se le presenten de manera insaciable sin mostrar mejora alguna.
Por otro lado, los sectores involucrados como el magisterio, al referirse a la ampliación del presupuesto en la partida de educación, sólo hacen énfasis en un incremento salarial para su sector, siendo que, a su vez, se resisten a cualquier tipo de evaluación y exigencia de resultados, a pesar del aumento en la inversión, la educación en los últimos años parece estar en franca decadencia.
La cultura cortoplacista nacional, es otro de los factores importantes al momento de implementar cambios estructurales, referido al sector educativo, los resultados de una restructuración del sistema presentará resultados recién en el mediano plazo, siempre y cuando se realice a partir de un nuevo modelo lógico y acorde a la realidad del mundo presente, lo cual conlleva paciencia y compromiso de la sociedad en general, características que, para nuestro pesar, no son preponderantes en Bolivia.
Modificar lo lógica estructural del sistema educativo, no sólo debe ser a nivel de uso de recursos, sino también de contenido, el mundo avanza de manera acelerada y la educación brindada actualmente, de características arcaicas, deja en desventaja a nuestros jóvenes, en una mercado laboral cada vez más competitivo e interconectado, en un presente donde la tecnología hace espacio para la siguiente revolución del conocimiento, de la mano de desarrollos como la Inteligencia Artificial, el desarrollo de la lógica y el pensamiento crítico es indispensable, y aún así, las aulas bolivianas están estancadas en la enseñanza repetitiva y el adoctrinamiento ideológico.
Debemos utilizar de manera mucho más eficiente los recursos con los que contamos, destinar el dinero a aquellos activos que se traduzcan en mejoras sustanciales, exigir resultados, medir de manera constante la evolución de la inversión realizada y principalmente, modificar la estructura y normativa que establecen nuestros objetivos y contenidos.
Un alto nivel educativo es un requisito imprescindible en el desarrollo de una nación, puesto que se traduce en la mejora del capital más importante con el que cuenta un país, su gente, invertir en nuestros niños y adolescentes es invertir en nuestro futuro, por ello esta cartera debe ser considerada como la más importante y su constante mejora tiene que ser la principal política del estado boliviano y la exigencia primordial de la población boliviana.
¿No es hora de un cambio estructural? La educación es nuestro presente y futuro,
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