“Como agua para chocolate”

CARLOS LEDEZMA

Pocas palabras son tan dulces y tienen la virtud de arrancarnos de forma espontánea una sonrisa. Y es que su uso ampliamente extendido por todos los confines del globo, es de los más grandes obsequios que América le hizo al mundo. Los mayas y aztecas lo veneraban como si se tratase de un Dios al que llamaban “xocolātl”, que serviría para que los españoles acuñaran el término: “chocolate”, haciendo referencia a ese manjar que endulza los momentos más especiales de nuestras vidas. La palabra chocolate, aun traducido a otras lenguas (schokolade, cioccolato, chocolat), no pierde su condición de golosina favorita de niños, jóvenes y adultos; hombres y mujeres de todas las edades, nacionalidades, religiones, creencias políticas, entre otras, que deleitan su paladar en mayor o menor medida con él.

La base del chocolate son las semillas de un árbol que hasta hace quinientos años sólo crecía en las selvas centroamericanas. No fue hasta muchos años después, cuando el naturalista sueco Carl Linneo las clasificó como “Theobroma cacao” o lo que en lenguaje sencillo sería: “alimento de los dioses, rojo, fuerza y fuego”. Las civilizaciones centroamericanas, fueron pioneros en el cultivo y consumo, que debido a su alto valor resultó ser moneda de cambio y ofrenda en sus ritos ceremoniales.

Las tribus mesoamericanas preparaban una bebida amarga y espumosa que se bebía en las ceremonias religiosas y rituales. La llegada de los europeos permitió que el cacao comenzara a conquistar rápidamente al mundo. En su primera incursión en el viejo continente, no obtuvo buena cogida debido al sabor amargo, por lo que comenzaron a experimentar adicionándole azúcar y especias, transformando la bebida amarga en algo mucho más parecido a lo que conocemos en la actualidad.

Habiendo encontrado un producto versátil, de fácil manejo y excelente sabor, comenzaron a innovar en la producción. A finales del siglo XIX, se inventó la prensa hidráulica gracias a lo cual pudieron extraer una nueva variedad derivada de la manteca de cacao, lo que posibilitó obtener la famosa barra de chocolate. La incorporación de leche fue otro paso crucial en la modernización del producto que cada vez tenía mayor demanda.

La invención de maquinaria durante la Revolución Industrial, propicio un cambio radical en la industria del chocolate que hasta entonces, resultaba ser un artículo de lujo, bastante restrictivo para los sectores populares. Gracias a los procesos industriales las fábricas comenzaron a producir chocolate a mayor escala y a un menor costo, lo que permitió que el chocolate comience a estar presente en todos los hogares.

Actualmente la industria del chocolate mueve ingentes cantidades de dinero, genera cientos de millones de empleos, convirtiéndola en una de las industrias más prosperas y tradicionales. La historia del chocolate traspasa las fronteras, permitiendo que países que no tuvieron nada que ver con el origen del cacao en las selvas tropicales mesoamericanas, conserven una mayor tradición que los mesoamericanos. Suiza o Bélgica, son considerados países de una amplia tradición en la industria del chocolate, por lo que suelen muy a menudo, ser considerados como los de mejor calidad de chocolate en el mundo.

Otra de las variedades más recientemente conocidas es la del extraordinario y poco conocido chocolate “rubí” o rosa, que se introdujo al mercado el año 2017 por “Barry Callebaut”, una de las más grandes procesadoras de cacao en el mundo. Proveniente de un tipo de cacao de color rosado que únicamente se produce en Ecuador, Brasil y Costa de Marfil, de donde deriva el color tan sutil libre de aditivos, al que se le atribuye una larga lista de propiedades beneficiosas para la salud.

Se debe aclarar que no solamente el chocolate rosa tiene propiedades atribuibles a la buena salud, gracias a una investigación publicada por los investigadores de la Escuela de Medicina de Harvard, se ha sugerido que beber dos tazas de chocolate caliente al día ayuda a mantener saludable la membrana cerebral y retrasar el deterioro que produce la pérdida de la memoria. Uno de los extractos del cacao, llamado lavado, previene el daño a las vías nerviosas que se presentan en pacientes con Alzheimer, por lo que podría favorecer a desacelerar el deterior cognitivo.

La industria del chocolate es considerada la de un producto omnipresente en todo el planeta, desde tabletas de alta calidad, trufas exquisitas, chocolate relleno con los ingredientes más extravagantes y refinados, ha alcanzado niveles de enorme creatividad y sofisticación, encargándose de seducir los sentidos y jugar con las emociones de los seres humanos, “Como agua para chocolate”.

La novela publicada en 1989 por la prolífica escritora mexicana Laura Esquivel, nos presenta a Tita –protagonista de la novela–, quien maneja sus emociones como el agua a punto de hervir, que de acuerdo a la tradición culinaria de México, es el punto exacto para cocinar el chocolate. Del mismo modo las personas, suelen conectar sus emociones a través de los alimentos, convirtiéndose el chocolate en uno de los mejores consejeros para el corazón. No sólo por las propiedades relacionadas a reducir los riesgos de enfermedades cardiovasculares, sino también por tratarse de un antidepresivo natural, gracias a la triptamina que suela actuar como precursor de la dopamina, produciendo felicidad.

Esta conexión emocional es apreciable en cada una de nuestras experiencias externas y se ponen de manifiesto a nuestro alrededor. Nuestras emociones influyen en nuestras decisiones cotidianas y son tan poderosas que muchas veces los resultados suelen desbordar hasta salirse de control “como el agua para el chocolate”. Debemos tratar de saborear cada momento con conciencia plena, reconociendo que lo que sentimos y la manera de expresarlo traerá consecuencias en nuestra vida y en la de los que nos rodean. Es mejor tomarse la vida con calma, con una taza de chocolate y churros, para evitar que se esto se nos olvide.

CARLOS MANUEL LEDEZMA VALDEZ
Escritor, Guionista y Divulgador Histórico. Director General del Proyecto Educativo Viajeros del Tiempo. Colaborador del CEL del Perú
*NdE: Los textos reproducidos en este espacio de opinión son de absoluta responsabilidad de sus autores y no comprometen la línea editorial Liberal y Conservadora de VISOR21