Ucrania se debate entre la incertidumbre por una migración masiva y su democracia paralizada

Desde el inicio del conflicto bélico entre Rusia y Ucrania, desde Kiev se produjo un éxodo masivo que llegó a superar los 5,6 millones de personas que dejaron su país, según la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) a septiembre de 2026. En tanto, otro problema interno afecta a los ucranianos, pues desde 2024 tienen una Presidencia que feneció su mandato y un calendario electoral paralizado.

La ACNUR reportó 5.686.900 ucranianos que migraron a diferentes países, sobre todo de Europa, al 7 de septiembre de 2026. El exilio hacia el Viejo Continente acumula 5.159.480 refugiados, mientras 527.420 personas salieron a otros continentes, según el portal EcoAvant. Alemania y Polonia siguen acogiendo a cuatro de cada diez ucranianos que han marchado de su país, con 1.287.720 y 982.820 personas, respectivamente.

Esta es una de las mayores crisis migratorias en Europa desde la Segunda Guerra Mundial y estudios especializados advierten que las poblaciones desplazadas postergan un eventual retorno o lo condicionan a factores de economía y seguridad.

Según una encuesta del Grupo Rating, realizada en agosto de 2026 entre inversores ucranianos en Polonia, uno de los principales países de acogida que cuenta con alrededor de 780.000 trabajadores de ese país, el 43% de los encuestados pospone su regreso hasta el final de las hostilidades y la estabilización de la situación. Un 26% no tiene previsto regresar, mientras que otro 23% aún no ha tomado una decisión definitiva. Así, para la gran mayoría del 71% la principal condición es la seguridad y la estabilidad en el país, seguida por el desarrollo de la economía con 36% y las perspectivas de empleo con 26%.

En otras palabras, señalan analistas, las decisiones están vinculadas a la finalización del conflicto y a la estabilización de la situación sobre el terreno, lo que resulta comprensible en las actuales condiciones de continuidad de las hostilidades. Al mismo tiempo, la proporción de quienes efectivamente no tienen previsto regresar, aproximadamente una cuarta parte de los encuestados, así como el creciente número de ucranianos que han conseguido empleo y se han establecido en el extranjero, genera una preocupación real entre las autoridades y los expertos ucranianos, debido a las posibles consecuencias demográficas y económicas a largo plazo para el país, dificultando su capacidad para garantizar un desarrollo estable en el futuro.

En otra arista del tema, en algunos medios de comunicación ucranianos y extranjeros se han difundido informaciones y trabajos periodísticos de investigación según los cuales algunos representantes de la élite ucraniana, funcionarios políticos y grandes empresarios ya han trasladado al extranjero a sus familiares y una parte significativa de sus activos financieros. De igual forma, voces desde el cuerpo diplomático ucraniano, han declarado en reserva que todavía no han tomado una decisión sobre su retorno a Kiev.

Estos casos se han convertido en objeto de críticas y de investigaciones anticorrupción dentro de Ucrania. Los expertos indican que en el futuro esta tendencia podría adquirir un carácter masivo y sistemático y algunos casos documentados ya han generado una importante repercusión pública.

En tanto, dentro de Ucrania existe otro conflicto de pendiente resolución y que afecta al sistema democrático de ese país, como es la celebración de elecciones presidenciales.

De acuerdo con la legislación ucraniana relativa al Estado de Guerra, la celebración de elecciones no es compatible con su vigencia; al mismo tiempo, las competencias constitucionales del presidente no se extinguen automáticamente, sino que continúan hasta la toma de posesión del nuevo jefe de Estado elegido para un mandato formal de cinco años.

En la coyuntura reciente, Volodimir Zelensky concluyó su mandato en mayo de 2024, tras ello surgieron cuestionamientos internos sobre su legitimidad. Zelensky afirmó que es imposible celebrar elecciones, entre otras razones, por la necesidad de garantizar las condiciones de seguridad interna.

Según dijo, los ucranianos temen que una campaña electoral pueda dividir a la sociedad y debilitar el frente, mientras que el levantamiento del Estado de Guerra para celebrar elecciones podría provocar pérdidas territoriales.

Analistas consideran que esto también parte de un cálculo político, porque la baja popularidad de las actuales autoridades podría constituir una de las razones para aplazar la votación y que una decisión sobre la celebración de elecciones podría adoptarse sólo teniendo en cuenta una coyuntura electoral favorable. Fuentes ucranianas han informado de que Zelensky analizó la posibilidad de celebrar elecciones en escenarios en los que los índices de apoyo político hacia él fueran considerados favorables.

“Pienso que en una guerra como esta, unas elecciones como tal son un enorme riesgo. Las elecciones en este momento serían un tsunami para el país, que fracturaría a Ucrania (…) Si queremos destruir el país, entonces podemos avanzar hacia la celebración de elecciones en tiempos de guerra”, declaró recientemente Zelensky.

Esa declaración contradice a otra, formulada en febrero de este año, durante la Conferencia de Seguridad de Múnich, donde expresó: “Dennos dos meses de alto el fuego e iremos a elecciones. Eso es todo”.

En contraste, Rusia celebrará nuevas elecciones legislativas entre el 18 al 20 de septiembre, que definirán el control de la Duma Estatal o Cámara Baja.

Con todo, el panorama en Ucrania es más gris, según analistas, porque su realidad es más compleja, ya que por un lado gran parte de quienes abandonaron el país efectivamente no tiene previsto regresar, mientras que otros ciudadanos ucranianos vinculan su decisión con el final del conflicto, la recuperación de las condiciones de seguridad y la existencia de perspectivas reales para una vida estable y confortable. A ello se suma la paralización del calendario electoral mientras esté vigente el Estado de Guerra, que sigue siendo una decisión políticamente controvertida, con interpretaciones divergentes y cuestionamientos respecto de los motivos de las autoridades ucranianas.

En qué medida estas tendencias resultarán irreversibles dependerá en gran medida del desarrollo y el desenlace del propio conflicto, así como de la eficacia y credibilidad de los esfuerzos destinados a la reconstrucción del país y a la reforma de las instituciones de poder una vez finalizado el conflicto.

//FUENTE: AGENCIAS//