Trump, Tucker, Twitter y el ocaso de la política por TV

ERICK FAJARDO

Juntar al fenómeno político y al fenómeno periodístico de lo que va de siglo en EEUU y lanzarlos en la plataforma que es el nuevo ágora de la conversación política global, a la misma hora que la estación Fox emitía el tradicional Primer Debate Presidencial en cadena nacional, fue colocar sobre una balanza y ponerle cifras al peso específico de cada uno de los dos modelos de comunicación que disputan ser el escenario donde se construye la opinión política hoy.

Con 80 millones de vistas en la hora posterior a su transmisión, 177 millones en las siguientes 12 horas y más de 200 millones transcurridas 24 horas, la entrevista de Tucker Carlson a Donald Trump – el video más visto en la historia de la red social de Elon Musk –, no fue una declaración de guerra a los capitales de la media tradicional, sino más bien un réquiem por el ocaso de la edad de la televisión como hábitat de la política.

En contraste con la data en tiempo real de X, la organización Fox News no reveló las cifras de audiencia de su transmisión televisada del debate presidencial republicano evitando una medición precisa del daño, aunque ni los más entusiastas esperan haya alcanzado su propio récord de 64 millones de espectadores que logró el primer debate presidencial de 2016 – en el que debutó el entonces outsider Trump –, ni mucho menos que su audiencia se haya aproximado a los 80 millones que logró la difusión en simultaneo del “Trump & Tucker on X”.

Para decirlo sin filtros, más allá de dejar a media docena de aspirantes a candidatos republicanos “con los crespos hechos”, la decisión de Trump de no participar en el debate de Milwaukee derritió el dogma comunicacional de que la televisión es per se la arena de la política. La Era Kennedy, paradigma que marcó la llegada de la política a la televisión, fue formalmente cancelada por la ausencia en el debate del primero indiscutible en las encuestas hacia las presidenciales 2024.

El impacto simbólico tiene un innegable correlato en el valor de mercado de los candidatos, del debate como evento y de la televisión como plataforma. No se me ocurre cuántos de los millonarios anunciantes y patrocinadores de Fox News volverán a gastar un níquel en publicidad en el debate del próximo año.

Y es que, dadas las cifras de las encuestas, el debate era un sarcófago plagado de famélicas sanguijuelas que salivaban de pensar que un Abierto de Milwaukee les permitiera medirse con un Trump fuera de su liga y a inalcanzable distancia estadística pero que, de asistir al debate, hubiese materializado y puesto en la competencia a aspirantes hasta ahora virtuales.

Ya sea para consolidarse como verdaderos candidatos – en el caso de actores magnificados por la media que no llegan a un dígito –, o para remontar en el rating – en el caso de la industria de la política por televisión –, tanto los RINOS del GOP como los oligarcas del Newsmedia contaban con Trump que, para desventura de ambos, en vez de pasar dos horas contra la pared ejercitando esgrima contra seis cuasi ignotos y los anfitriones, decidió emplear ese tiempo en subirse a la torre de marfil de Musk y desde allí practicar solitario 90 minutos de tiro al blanco.

Con su inasistencia al Primer Debate Presidencial hacia las Primarias Republicanas, un instituto de la ritualidad política estadounidense, organizado por la histórica televisora Fox News, Trump puso en evidencia la creciente debacle e intrascendencia no sólo de la nave insignia de la corporación Murdoch, sino el ocaso de la televisión como industria, hasta ayer modelo e institución de base de la Comunicación Política.

Fue un golpe de metapolítica que más allá de zanjar el debate sobre dónde ocurre la política, precipitó un estado general de consciencia en los estadounidenses sobre ciertos hechos: a) Que el microblogging es un nuevo ecosistema donde además de la política el emprendimiento periodístico independiente puede prosperar sin condicionamientos corporativos; y b) que no hay debate en el partido republicano sin Trump y el MAGA como columna vertebral de un movimiento conservador que pugna por recuperar su organización política de las elites RINO.

ERICK FAJARDO POZO
Consultor Político
*NdE: Los textos reproducidos en este espacio de opinión son de absoluta responsabilidad de sus autores y no comprometen la línea editorial Liberal y Conservadora de VISOR21