Silala y la falsa ilusión de los grandes ingresos públicos

OSCAR ARCE

Hay una fábula de Esopo que refleja muy bien lo que ocurrió en el Silala y es la de El perro y su reflejo en el río: “Vadeaba un perro un río llevando en su hocico un pedazo de carne. Vio su propio reflejo en el agua del río y creyó que aquel reflejo era en realidad otro perro que llevaba un trozo de carne mayor que el suyo. Y deseando adueñarse del pedazo ajeno, soltó el suyo para arrebatar el trozo a su compadre, Pero el resultado fue que se quedó sin el propio y sin el ajeno: éste porque no existía, solo era un reflejo y el pedazo de carne verdadero se cayó y se lo llevó la corriente”.

Cuando se genera el hecho, Bolivia ve que hay dos empresas muy grandes que operan en Chile, una es la FCAB (Ferrocarril de Antofagasta Bolivia) la cual es una empresa internacional de capitales ingleses que opera en Chile desde hace más de 130 años y genera trabajo directo a más de 1.300 personas, trabaja con las compañías mineras del sector lo que la hace un negocio rentable, porque hay bastantes empresas mineras privadas. La segunda empresa es la CODELCO (Corporación del Cobre) es una empresa estatal y es una de las mayores empresas extractoras y comercializadoras de Cobre en el mundo. Por el lado boliviano tenemos a la empresa DUCTEC S.R.L. que solo se encarga de cobrar, no genera valor agregado ni empleo directo y claro, es una empresa que adquirió privilegios por sus contactos con el Estado.

Al igual que el sabueso, Bolivia ve un reflejo y cree que ese beneficio es gracias a las aguas del Silala y siente que esas actividades realizadas por las empresas chilenas deberían favorecer totalmente a nuestro país; entonces, pretende sacar provecho queriendo apoderarse de una parte  de los ingresos que generan las empresas. Cabe recordar que algo similar pasó en la época del presidente Daza, que quiso sacar mayor provecho de las empresas que operaban en Chile por ese entonces. Por ello, toda la serie de sucesos para apoderarse de ese filete más “jugoso” terminó en la Guerra del Pacifico. En el presente toda la situación generó en una demanda ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya que dio como fallo que el Silala es un río internacional, Y LO ES. Por ello, la demanda no tiene una base lógica, es como si Brasil nos pidiera que paguemos por las aguas del río Beni que nacen en el Amazonas, pero como acá todo lo tomamos como un sentido de reivindicación nacional y esa pena contenida acerca de la Guerra del Pacífico, se quiso obtener una victoria en la Corte Internacional, aunque en la realidad no hubiese traído beneficios y en el mediano plazo hubiese sido incluso perjudicial.

Hagamos un ejercicio: si digamos en un universo paralelo zurdo, el tribunal de La Haya hubiese resuelto que Chile y las empresas que operan en ese sector deban pagar a Bolivia las cantidades que pide, hubiese ocasionado primero que muchas de estas empresas entren en déficit para posteriormente cerrar operaciones, al tener estas condiciones muchas empresas se hubiesen retirado y en Bolivia volveríamos a tener ingresos cero y obviamente, ninguna inversión privada por parte de Bolivia, porque somos un país estatista.

La propuesta liberal es más bien que haya más inversión privada (nacional o extranjera) en el lado boliviano que se beneficie de estas aguas, que genere valor agregado (riqueza), que genere trabajo directo e indirecto y de esa manera haya mayor ingreso para las arcas públicas sin necesidad de impuestos altos ni tasas sin sentido ni tener que depender lo que pague un país vecino por un caudal de aguas internacionales como un solo tipo de ingreso.

Lamentablemente, nuestro país sigue una línea de izquierda que piensa que la inversión privada es mala y que debe ser castigada con impuestos, tasas y leyes coercitivas que impiden el crecimiento de las empresas o llegar a una buena rentabilidad, lo que ocasiona el efecto reflejo, ese de pensar que en ese reflejo del río el compadre tiene un mejor pedazo de carne y nos apresuramos a quitárselo, y claro, al final nos quedamos sin nuestro pedazo, y a llorar al río.

OSCAR ARCE

Economista liberal y conservador social. Seguidor de la Escuela Austriaca de Economía.

*NdE: Los textos reproducidos en este espacio de opinión son de absoluta responsabilidad de sus autores y no comprometen la línea editorial Liberal y Conservadora de VISOR21