Cuando era diputado nacional, Andrés Ortega fue uno de los primeros en observar públicamente los números de una obra que califica como extraordinaria desde el punto de vista del transporte, pero cuyo costo económico, sostiene, nunca estuvo reflejado en el precio que paga el pasajero.
En julio de 2012, antes de que Mi Teleférico comenzara a funcionar, Ortega tomó como referencia los US$234 millones anunciados entonces como inversión y calculó su recuperación en 20 años. El resultado fue aproximadamente US$1,20 por boleto y por pasajero, en cada tramo, sin incorporar todavía intereses. Su advertencia pública fue explícita: «salvo que el Gobierno subvencione esto también».
«Cuando hablé de US$1,20 no estaba calculando solamente electricidad, salarios o mantenimiento. Estaba hablando de cuánto tendría que pagar cada pasajero para que el boleto contribuya también a recuperar la inversión. Porque una obra de cientos de millones de dólares tiene que ser pagada. Si no la paga el usuario, la paga alguien más».
Catorce años después, con una red mucho mayor, nuevas inversiones y costos financieros acumulados, Ortega actualizó aquel razonamiento. Su cálculo actual sitúa en US$8,60 por boleto y por pasajero el costo real del recorrido completo más largo del sistema, considerando no solamente su funcionamiento, sino también la inversión, la deuda y su costo financiero.
«El pasajero paga una pequeña fracción de esos US$8,60. Pero la diferencia no desaparece. La infraestructura se pagó con dinero, la deuda se paga con dinero y los intereses se pagan con dinero. Si todo eso no está incorporado al boleto, lo terminamos pagando todos los bolivianos».
Para Ortega, por esa razón no basta afirmar que Mi Teleférico puede cubrir sus costos cotidianos con sus ingresos.
«Una cosa es cubrir operación, mantenimiento y salarios. Otra es cubrir el costo total por pasajero incluyendo la inversión y la deuda que permitió construir el sistema. Una empresa no puede decir que un producto cuesta solamente lo que gasta en operarlo y olvidarse de los millones que tuvo que invertir o endeudarse para producirlo».
El exdiputado considera igualmente equivocada la respuesta de quienes sostienen que La Paz paga más impuestos que otras regiones.
«Eso no responde absolutamente nada. Si La Paz paga más impuestos, lo único que significa es que el Gobierno les quita más recursos a quienes tributan allí. Pagar más impuestos no convierte una obra subvencionada en rentable ni cancela su deuda».
Ortega cuestionó también a parte de la dirigencia política cruceña por convertir el problema en una disputa entre Santa Cruz y La Paz.
«No son los cruceños pagando el Teleférico de los paceños. Son todos los bolivianos pagando parte del boleto de quienes utilizan el Teleférico. Lo paga incluso una persona que jamás ha estado en La Paz y que probablemente nunca se subirá a una cabina».
Según Ortega, el problema trasciende ampliamente a Mi Teleférico. Bolivia ha construido durante décadas un modelo en el que empresas públicas, transporte, salud, educación, burocracia y numerosos servicios funcionan trasladando parte de sus costos al conjunto de la sociedad.
«El Estado no regala nada. Si cobra por debajo del costo, la diferencia termina saliendo de impuestos, deuda, déficit o emisión. Y cuando hacemos eso simultáneamente con decenas de empresas, servicios y proyectos, acumulamos precisamente los desequilibrios que después terminan empobreciendo al país».
Para Ortega, resulta particularmente contradictorio que algunos dirigentes cruceños reproduzcan esa misma lógica, cuando el desarrollo de Santa Cruz ha estado fuertemente vinculado al trabajo, la inversión y el emprendimiento privado.
«Santa Cruz debería defender aquello que la hizo prosperar, no aspirar a reproducir el centralismo. No necesitamos trasladar Plaza Murillo a la Plaza 24 de Septiembre. Una verdadera autonomía significa depender menos del Estado central, administrar responsablemente los propios recursos y dejar de creer que el desarrollo consiste en conseguir una porción mayor del dinero público».
Ortega sostiene que esa discusión debería extenderse incluso al régimen de distribución de los recursos generados en las regiones y al verdadero significado de autonomía y federalismo.
«En 2012 calculé US$1,20 por boleto, por pasajero y por tramo, incluyendo la recuperación de la inversión y sin contar todavía los intereses. Hoy mi cálculo es de US$8,60 por boleto y por pasajero para el recorrido completo más largo, incluyendo operación, inversión, deuda y costos financieros. La pregunta nunca fue si el Teleférico es bonito o funciona bien. La pregunta es mucho más sencilla: ¿cuánto cuesta realmente transportar a una persona y quién paga ese costo?».


