Los tobas, los Weenhayek y una joven comprometida en mantener viva a una nación

Con una mirada profunda y decidida, hace diez años, Victoria Abril comenzaba una aventura de vida que la llevaría a asumir el compromiso de difundir la cultura de la etnia Weenhayek, a través de la danza de los tobas. Sin embargo, el baile es solo una parte de la historia arraigada en esta cultura que está reconocida como una de las 36 naciones originarias de Bolivia.

Abril, ingeniera de profesión, decidió fundar el bloque Weenhayek del conjunto Tobas Zona Sud el 12 de octubre de 2013, que este carnaval cumple su décima participación en la Entrada Folklórica de Oruro al grito de: “¡Somos pescadores! ¡Somos mitos y leyendas! ¡Somos Weenhayek!”.

BUSCABA TOBAS, ENCONTRÓ WEENHAYEK


Victoria Abril, hace diez años, en la fundación del bloque que cada año lleva una figura distinta de los Weenhayek al carnaval de Oruro / RRSS 

La joven comenta que se interesó en la danza y fue a buscar a los tobas en tierras bajas, pero fueron varios años de intentos fallidos. Los tobas prácticamente se aíslan del contacto con foráneos. Como un grupo social asentado entre el área que comparten Bolivia, Argentina y Paraguay, durante la Guerra del Chaco muchos fueron ejecutados por las tropas nacionales que trataban de obligar a sus líderes a participar en el conflicto bélico de 1932 a 1935.

Los tobas o pueblo qom, es una etnia del chaco central. “Sus rasgos faciales son fuertes, son personas muy altas”, recuerda Abril, luego de haber logrado conocer a esos pobladores, aunque la dejaron “con la mano extendida” cuando trató de saludarles, porque ellos no se relacionan con foráneos.

En esos varios intentos de contactar a los tobas, el destino la llevó a “chocar” con la etnia Weenhayek, una población del chaco boliviano que se extiende por los márgenes del río Pilcomayo desde Yacuiba hasta Villa Montes.

La etnia tiene una tradición de siete mil años, explica la joven, y actualmente se calcula su población en dos mil habitantes.

Amables y risueños, de actividad piscícola y artesanos, los pescadores del chaco se llaman en su idioma “Nosotros los diferentes”. Su autoridad originaria principal es el Capitán Grande, pero son las mujeres quienes llevan las riendas de la comunidad.

Las características antropológicas y sociológicas entre tobas o qom con los Weenhakey les permiten relacionarse entre sí. Sin embargo, se restringe cualquier otra “mezcla” con la gente foránea o andina, reseña Abril, quien tuvo la virtud de ser aceptada en la comunidad y bautizada con el nombre de Katés, que significa estrella, traducido del Weenhayek, “porque brillaba con la danza”, como le expresaron.

DEFENDER LA CULTURA DESDE SUS RAÍCES

Detalles del traje de tobas elaborados por los pobladores Weenhayek / VICTORIA ABRIL 

Ese privilegio reafirmó que la joven siga portando y luciendo los tejidos Weenhayek en la entrada de carnaval, para rescatar la vestimenta original de los tobas en la danza que los representa. “No soy yo la que brilla, sino su arte en sus tejidos”, recuerda que les respondió Abril.

Los bailarines de los tobas del bloque que representa a la nación Weenhayek, lucen trajes hechos por los pobladores de esa etnia. Los sencillos tejidos, muy diferentes a los habituales “chunchos”, son diseñados artesanalmente con base a los hilos y semillas de la planta de la caraguata que se recolecta en esa zona del chaco, representan toda su cosmovisión, en ellos esta plasmada su carga cultural y cada figura tiene un significado ancestral.

“Nuestro bloque respeta los trajes originales de los tobas y los tejidos que usamos son completamente naturales, artesanales, elaborados por los Weenhayek. No son telas chinas de colores chillones, tampoco usamos las plumas o máscaras que llevan otros tobas, porque la danza y la etnia son temas distintos”, remarca.

La danza de los tobas que se conoce popularmente data de 1905, luego que Tomás Cáceres Nava, de actividad minera en San José y La Colorada, visitó la festividad de San Roque en Tarija y quedó fascinado con el baile de los “chunchos” y su peregrinación. Para los siguientes años, la danza con plumas y máscaras llegó a la entrada folklórica de Oruro, cambió el ritmo y asumió características que se fueron modificando con los años.

De esa forma, existen otros bloques de la danza de los tobas que representan a diferentes etnias del país, con sus propias características.

Abril considera que la gran riqueza cultural de Bolivia se enfoca solo en unas tres o cuatro danzas andinas, pero se olvida a aquellos pueblos originarios de tierras bajas y el chaco, cuando son esas regiones las que tienen una pureza cultural que ningún otro país puede suplantar, como pasa con la diablada o la morenada que ahora aparecen como “propias” de Perú o Chile.

“Para defender el folklore se debe defender el origen de nuestras danzas y nuestros bailes desde su raíz, con respeto a cada pueblo o nación originaria”, remarca Victoria Abril.

El bloque Weenhayek de Tobas Zona Sud proyecta continuar participando en las entradas folklóricas, pues citas culturales como el Carnaval de Oruro resultan ventanas hacia el mundo para la difusión de esas naciones originarias, sus costumbres, tradiciones y necesidades.

UNA PLANTA QUE MUEVE LA ECONOMÍA

Una mujer Weenhayek teje con el hilo obtenido de la caraguata. Al lado, la llika o bolsón tradicional de la etnia / VICTORIA ABRIL

La caraguata o Eryngium paniculatum, es una planta herbácea que crece en Chile, Argentina y el chaco de Bolivia, alcanza de 1 a 2 metros de alto y es un pequeño motor para la economía de los Weenhayek.

La artesanía es una de las principales actividades para esta etnia. La caraguata resulta la materia prima para realizar sus tejidos y redes, además de las semillas que se usan para elaborar punto a punto todas las manualidades que luego los pobladores portan y comercializan por temporadas.

Los pobladores se dirigen monte adentro para recolectar la planta y tanto mujeres como hombres participan en toda la cadena productiva de elaboración, desde la preparación de los hilos, el tejido hasta el tinte natural con otras semillas de flores, que dejan esos colores tierra en cada obra.

Las redes y las llika o bolsones, son su principal producto, en el caso de las llika su porte conlleva además una carga de tradición y cosmovisión muy íntima para los Weenhayek.

“La primera llika que tiene un varón, por ejemplo, es la que le entrega su madre y cuando una mujer elige al hombre como pareja de vida, le entrega otra llika. Así de fuerte es el significado de este tejido elaborado a partir de la caraguata”, explica Abril.

La tradición y cosmovisión de los Weenhayek se manifiesta también en la figura de “la dueña de la caraguata”, una muñeca artesanal que como amuleto, les permite recolectar la planta en el monte.

“SOMOS PESCADORES”

Varones Weenhayek con una de las redes artesanales que les sirve para la pesca por temporadas / VICTORIA ABRIL

La pesca es la actividad económica de los Weenhayek, pero se limita a algunos meses del año, sobre todo en invierno. El resto del año, la población debe asumir el trabajo artesanal para subsistir con la venta de bolsones, manillas, collares y todo tipo de mercancía que sale a las ciudades. Otros parten a la zafra para lograr un capital mínimo de subsistencia.

Así como la caraguata, los peces son otro símbolo recurrente en la etnia y siempre está presente en sus referencias y figuras artesanales. Las redes de pesca también forman parte de su cosmovisión milenaria que va más allá de ser una actividad económica de subsistencia para los pobladores.

Doña Sofía, una de las valiosas mujeres Weenhayek que recibió a la joven paceña en su comunidad, le expresó la preocupación por el olvido del Estado hacia esa nación originaria y le dio su permiso para mostrar al país esa parte de Bolivia que no se conoce.

“Yo te he autorizado para que muestres que somos gente olvidada, que nadie nos ve ni nadie nos conoce, ni sabe de nuestra cultura. Yo estoy agradecida contigo, ojalá la cultura Weenhayek se pueda difundir y valorar. Yo he jurado a mis antepasados, a mis abuelos, que iba a salir adelante con nuestra cultura para que sea conocida”, dijo con esperanza doña Sofía, meses antes de fallecer.

AMENAZAS A SU HABITAD 

Pobladores Weenhayek, al medio la señora Sofía, esperan mayor atención del Estado ante las amenazas a su forma de vida / VICTORIA ABRIL 

Hoy los Weenhayek enfrentan una nueva amenaza a su territorio y también a sus modos de subsistencia, como son la planta de la caraguata y la pesca.

Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) anunció actividades en ese Territorio Comunitario de Origen (TCO), sin consultar con los Weenhayek. Al contrario, acudieron a reuniones con personas de otras comunidades colonizadoras asentadas y reconocidas por el INRA para “legitimar” el proyecto de YPFB Chaco, que afectará la zona donde se recolecta la planta de la caraguata que es base para la actividad artesanal de esta nación originaria.

Anteriormente, entre mayo y julio de 2022, otra amenaza golpeó a los pobladores. La contaminación ambiental de las cooperativas mineras que operan en Potosí se desbordó y afectó los afluentes del río Pilcomayo.

Una comisión binacional con Argentina confirmó los niveles de contaminación, aunque desde el Ministerio de Medio Ambiente y Aguas se minimizó los efectos. El vecino país alertó con no consumir la pesca de ese río, que es fuente vital para la actividad de los Weenhayek.

Victoria Abril aún recuerda las palabras de impotencia de doña Sofía. Ella le contó cómo las mujeres Weenhayek fueron expulsadas de las reuniones entre los grupos colonizadores y el Estado. La resistencia la deberán continuar quienes sobreviven a quien era llamada en su idioma Nahyejli’ya’ o “traducido al criollo” como “muchacha traviesa”.

Pese a esas adversidades, el compromiso de la joven es mantener viva aquella cultura milenaria, a través de la danza y la cultura, en espera de mejores días para todos y así cumplir el compromiso que hizo ante la nación Weenhayek.

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