«El gobierno debe entenderlo como una oportunidad para pacificar a Bolivia sin la necesidad de intromisiones extranjeras»
Muchos son los sectores que, ya aburridos de la figura del diálogo, le están pidiendo al gobierno que ponga orden en el país. Yo respaldo esta postura, pues estamos no ante una insurrección popular, sino ante un golpe de Estado financiado por la izquierda internacional que busca convertir a Bolivia en la nueva Venezuela de la región. En lo personal, hubiera optado por poner orden desde el primer día, pues es mejor prevenir que lamentar y, por no poner orden de manera ejemplar, hoy pedidos puntuales se han convertido en pedidos de renuncia. Mas entiendo la actitud de diálogo que sostienen muchos actores políticos, sobre todo por el miedo a que las palabras y estrategias del nefasto Quintana se cumplan, peor aún en un contexto donde las posturas inservibles de la ONU siguen vigentes.
Bajo este contexto, el Gobierno necesita ciertas condiciones para poner orden y que, durante este proceso, otros actores políticos no terminen dejándolo abandonado, como le sucedió al expresidente Gonzalo Sánchez de Lozada. Lo positivo es que, en múltiples aspectos, el panorama y la narrativa le son favorables al gobierno, pero lo que les hace falta es iniciativa y carácter, sobre todo entendiendo este conflicto no como algo pasajero, sino como un momento clave en la historia de Bolivia.
Lo primero que se debe hacer, y que de cierta forma no parece tan complejo, es convencer a la población opositora a los bloqueos respecto a la necesidad de implementar orden. Solo se necesita una mejor narrativa y estoy seguro de que gran parte de los bolivianos optará por la seguridad, orden y estabilidad; pero de seguir tardando en tomar decisiones, el gobierno generará que esta misma ciudadanía se agote y pida la renuncia del presidente.
El segundo factor que también le es favorable y que es de gran ayuda es el contexto regional, uno que está caracterizado por la irrupción de líderes con verdadero carácter. El mejor ejemplo es el presidente Kast, quien sabe cómo actúa la izquierda; no por nada en sus primeros días han buscado tumbarlo. Empero, éste, al tener herencia pinochetista, se ha mostrado firme. Por otra parte, líderes como Noboa, Bukele, Milei o Trump también conocen los daños cometidos por la izquierda y no tendrán reparos en apoyar acciones que derroten el golpe de Estado en nuestro país. El contexto internacional y regional no debe ser desaprovechado; el gobierno debe entenderlo como una oportunidad para pacificar a Bolivia sin la necesidad de intromisiones extranjeras.
El último factor, y en el cual debe enfocarse el gobierno, es en conseguir una alianza de actores políticos que también estén de acuerdo con la instauración del orden. En este contexto, Manfred, Quiroga y Doria Medina deben jugar un rol de alianza, similar al “Pacto por la Democracia”. Reyes Villa parece ser el líder que más claro tiene la necesidad de instaurar orden; por lo que lograr su apoyo duradero no debería representar un desafío.
Por su parte, Doria Medina no es de fiar, más al tener ministerios e instituciones controladas por su gente, tiene que entender que es parte de este gobierno y no un actor externo. Además, si el gobierno cae, Doria Medina lo hará también, sepultando su carrera política mediocre.
Asimismo, Quiroga es el político menos fiable del país, por lo que el gobierno deberá jugar bien sus cartas. Si bien ha dicho que se debe restablecer el orden en el país, nada nos garantiza que, de pasar esto y que tristemente existan víctimas, él no cambie su discurso. En este apartado le corresponde al gobierno hacerle firmar un pacto de gobernabilidad, para que también su apoyo esté comprometido. No es pedir orden y luego acobardarse por cálculos políticos.
Para evitar las predicciones de Quintana, se debe instaurar orden de manera firme, que no permita margen de reacción a los sediciosos. Empero, muchos dudarán al entender que esto abarca un costo social y se “darán la vuelta”, algo que no puede ocurrir.
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