Juan Bautista Alberdi: el “alter ego” de Milei

CARLOS MANUEL LEDEZMA

Cuentan las crónicas del 19 de diciembre de 1958, que la Federación Argentina de Colegios de Abogados (FACA) –rindiendo homenaje a los profesionales del derecho que, con integridad intelectual asumieron la misión y noble tarea de trabajar para garantizar el equilibrio de una sociedad que mantenga el objetivo de ser cada vez más justa–, resolvía declarar cada 29 de agosto, como día del abogado en la República Argentina. La fecha fue elegida en justo reconocimiento al valor y significativo aporte realizado por uno de los intelectuales más importantes de América Latina, una de las personalidades de la historia rioplatense que legó un pensamiento preclaro, plasmado en la Constitución Política del año 1853.

Juan Bautista Alberdi, fue el artífice de la prosperidad y desarrollo porteño de la segunda mitad del siglo XIX, inspirado en el modelo norteamericano y las bases económicas de Adam Smith, logró en poco tiempo instalar a la Argentina dentro de las economías más prominentes del planeta. Sus ideas inspiradoras, estaban compuestas por detalles simples, en los que, la participación del Estado debía limitarse, debía procederse a la apertura comercial basado en las herramientas del mercado y el respeto a la propiedad privada; en lo social, resultaba fundamental la incorporación de la tolerancia religiosa, como en otros aspectos relacionados a las relaciones interpersonales, estimulando las libertades y responsabilidades individuales de gran manera.

Al conocer la figura descomunal de Juan Bautista Alberdi, es imposible no sentir admiración por su obra y su cualidad de estadista que lo precede. Uno de los grandes pensadores que alumbró la provincia argentina de Tucumán, se dedicó a estudiar por su cuenta la realidad de los pueblos argentinos, haciendo un análisis consciente sobre sus necesidades y carencias, para después proponer soluciones políticas, jurídicas, económicas y sociales, adecuadas para resolverlas.

Se tomó el tiempo necesario para estudiar, analizar y posteriormente institucionalizar en la Constitución Política Argentina del año 1853, un orden social basado en la libertad, una libertad irrestricta en todos los ámbitos de la actividad humana. Un Orden Jurídico en oposición a la arbitrariedad que había primado hasta entonces, dotándole de la seguridad jurídica que necesita un país con ansias de progreso.

Alberdi abordaría en una su obra “Las Bases”, con acertada lucidez, como debe ser entendida la libertad interna del hombre y su relación con la libertad externa, sintetizando el hecho de que “La omnipotencia del Estado, es la negación de la libertad individual: La libertad individual es el límite sagrado en que termina la autoridad del Estado. La Libertad de la patria, es la independencia respecto de todo país extranjero. La libertad del hombre es la independencia del individuo respecto de su propio país”.

La filosofía alberdiana, buscaba garantizar el cumplimiento de los derechos individuales y las libertades civiles, como límite al poder político, por lo que establece que: “Hay sólo un sistema de reglamentar la libertad y es que la libertad de unos no perjudique la libertad de otros; salir de ahí, no es reglamentar la libertad, es oprimirla”.

Durante sus años de juventud junto a Juan María Gutiérrez, Vicente López, Marcos Paz, Echeverría, Miguel Cané (padre), entre otros, formó parte de la “Generación de la Joven Argentina” o “Generación del ‘37”, dejando a partir de su Declaración de Principios, una muestra de que la libertad lo es todo, sin ella no existe posibilidad alguna para el hombre, escribía: “No conocemos partidos personales; no nos adherimos a los hombres, somos secuaces de principios. Porque la libertad no brota de un sablazo, es el parto de la civilización”. Su búsqueda de un orden espontaneo, consustancial con la naturaleza humana, le valió tres lustros de exilio, tiempo en el cual ahondaría en sus estudios y conocimientos que serían plasmados tras su retorno a Argentina.

Su agudeza mental le permitió establecer fundamentos innovadores acerca de la libertad económica. Partiendo del derecho, demostró la función de los –no tan inocuos– derechos civiles en la creación de riqueza, el progreso económico y la paz social, entrelazando perfectamente las distintas ramas del derecho con la economía en su obra: “El Sistema Económico y Rentístico según la Constitución de 1853”, publicado el año 1854.

Juan Bautista Alberdi, fue una figura compleja y fascinante, apasionado de las ideas de la libertad, mostró un compromiso ineludible y de amor para con su país. Su pensamiento preclaro de una lucidez mental pasmosa, característica de aquellos hombres llamados a cambiar el destino de las naciones, debe ser ampliamente divulgada. De un tiempo a esta parte su figura ha cobrado protagonismo, independientemente de que por años hayan existido grupos interesados en querer invizibilizar su legado.

La llegada de grupos nacionalistas el año 1930, los golpes militares, el ascenso al poder de partidos de corte populista, la versión más tirana de la justicia, el fortalecimiento de los sindicatos, el autoritarismo, la intolerancia, entre otros múltiples factores, fueron alejando a la Argentina de las ideas que le habían permitido llegar a ser el país número uno a nivel mundial por ingreso PIB per cápita.

La obra y pensamiento de Alberdi resulta ser tan válida en la actualidad como lo fue hace siglo y medio, cuando mencionaba que: “La primera dificultad en Sudamérica para escapar de la pobreza es que nos creemos ricos y gastamos como ricos lo nuestro y lo ajeno, solo porque tenemos vastos territorios, dotados de clima y aptitudes capaces de servir al trabajo del hombre. Esta simple cosa es todo lo que se oculta a nuestra vista; que la riqueza capaz de producirse no está producida y que el suelo y el clima que tomamos por riqueza no son sino instrumentos para producir riqueza en manos del hombre, su productor inmediato”.

El recientemente electo Presidente de la República de Argentina, mencionó en los pasados días: “hoy volvemos a abrazar las ideas de Alberdi”. Por el bien de Argentina y del concierto internacional, resultará importante que lleguen a ser la mitad de exitosas de lo que fueron en su momento, para que la ciudadanía comprenda finalmente acerca del valor de progresar y desarrollar a través del esfuerzo individual, valor, que debe ser transmitido a las nuevas generaciones, para que las transformaciones dejen de ser espejismos que se disuelven con cada luz de cada amanecer.

CARLOS MANUEL LEDEZMA VALDEZ
Escritor. Investigador. Divulgador Histórico. Consultor de Comenius S.R.L. Ingeniería del Aprendizaje
*NdE: Los textos reproducidos en este espacio de opinión son de absoluta responsabilidad de sus autores y no comprometen la línea editorial Liberal y Conservadora de VISOR21