La Iglesia Católica ha cerrado definitivamente la posibilidad de la participación de las mujeres en las Sagradas Ordenes. Sin embargo, las cuestiones relacionadas con el orden diaconal femenino como Sacramento del Orden permanecen abiertas a un mayor estudio teológico y pastoral, aunque la forma árida y lacónica del comunicado deja poco margen de interpretación. El “status quaestionis” en torno a la investigación histórica y la investigación teológica consideradas en sus recíprocas implicaciones, excluye la posibilidad de proceder en la dirección de la admisión de las mujeres al diaconado entendido como Orden Sacramental. A la luz de la Sagrada Escritura, de la Tradición y del Magisterio Eclesiástico, esta valorización es sólida, aunque no permite formular hoy un juicio definitivo, como nel caso de la ordenación sacerdotal.
El punto clave, sin embargo sigue siendo el significado sacramental del ministerio ordenado, el de Obispos, Sacerdotes y Diáconos. En cualquier caso, la Iglesia se abrirá a las colaboraciones comunitarias para que las mujeres puedan expresar una participacián y corresponsalidad adecuadas en los órganos de decisión de la Iglesia, reiterando lo ya expresado por el Papa Francisco (Spititus Domini) y por Juan Pablo II (Ordinario Sacerdotis).
La Iglesia ha reconocido en diferentes épocas, lugares y formas el título de diaconesa referido a las mujeres, atribuyéndole sin embargo un significado unívoco. La primera mensión de los diáconos en el Nuevo Testamento se encuentra en los Hechos de los Apóstoles (Hechos 6,1-7), donde los apóstoles, para entender las necesidades primarias del creciente número de cristianos, designaron a siete hombres: Esteban, Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, en la tarea de asistencia diaria. En cambio, San Pablo, en la Carta a los Romanos, al despedirse, también recomendó a Febe, nuestra hermana, diaconisa de la Iglesia de Cencreas (Rom 16.1). Ya en el siglo II, Clemente de Alejandría habla de mujeres dedicadas a la asistencia, pero progresivamente, sobre todo tras el cambio de rumbo del constantinianismo y la jerarquización del clero, su presencia fue disminuyendo. Las mujeres no podían acceder al diaconado y la Iglesia cerró definitivamente la posibilidad de la participación de las mujeres en las Sagradas Ordenes.
- RODOLFO FAGGIONI
- PERIODISTA Y CORRESPONSAL EN ITALIA. MIEMBRO EFECTIVO DE PRENSA INTERNACIONAL
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