El pluralismo, la mejor forma de destruir una nación

En tiempos actuales, algunos ideólogos no saben cómo tomar el poder para tener en sus manos los caudales del Estado. Quieren no solo las llaves de los bancos estatales, sino también de las bóvedas de las entidades públicas. Pero eso sería poco, tratan de tener a su disposición todo el poder político para cumplir sus deseos.

Uno de esos gobernantes con tal pensamiento afirmó, sin escrúpulo: “yo le meto nomás y que resuelvan mis abogados. Para eso les pago”. El pluralismo es de vieja escuela, pero se actualizó a raíz de problemas políticos internacionales y, en particular, cuando después de muchos años de descomposición del MAS, se produjo su hundimiento.

Entonces, el desplome del régimen masista permitió que en política se produjera un cambio. Retornó así la vigencia del monismo o el gobierno a cargo de un solo sistema, de una ideología. Antes de seguir adelante, veamos qué son el pluralismo y el monismo.

Se puede decir que el origen del pluralismo está en el atomismo. Se trata de una concepción contrapuesta al monismo. Según la teoría del pluralismo, todo lo existente consta de un conjunto de esencias aisladas y heterogéneas, irreductibles a un principio único. El punto de vista del pluralismo figuraba en la base de la metodología de Gottfried Leibniz, filósofo y matemático alemán. En la época del imperialismo, el pluralismo se convirtió en la metodología dominante de la filosofía y sociología burguesa.

La inclinación hacia el pluralismo expresa la tendencia de los idealistas contemporáneos (pragmatismo, neopositivismo, existencialismo) a elevarse sobre el monismo materialista. Sin embargo, los objetivos del pluralismo solo se contraponen, en última instancia, al monismo materialista dialéctico. En sociología, el pluralismo sirve de fundamento para negar que exista una base determinante única de la sociedad, y presenta la historia como un torrente de acontecimientos casuales y, por ende, se niega a analizar las leyes objetivas del desarrollo de la sociedad.

Según el pluralismo, todo lo que existe consiste en un conjunto de valores esenciales aislados y heterogéneos, irreductibles a un principio único. Es lo contrario al monismo, que se refiere a un principio. Pluralismo viene del latín, que significa «muchos», y monismo es una teoría filosófica. El origen de esta palabra es el griego “mono”, único.

Esa forma de plantear, por ejemplo, el asunto político, se puede señalar con el caso del doble poder, por el cual la cabeza del gobierno estaría a cargo de dos presidentes, como ocurrió con el doble poder en tiempos del MNR: por un lado, el gobierno del MNR y por otro la COB, sistema que condujo al fracaso la nacionalización de la minería.

Algo parecido sucedió con el gobierno de Jeanine Áñez, que cogobernó con el masismo residual y fue otro fracaso monumental, que terminó devolviendo el poder al MAS y restaurando el populismo con Luis Arce Catacora, que fue otra frustración. Y puede ocurrir con cualquier otro partido político que tome el poder.

En forma concreta, el gobierno plurinacional consistiría en que el país esté gobernado por varios partidos, con distintas ideologías y programas de acción. Estarían compartiendo el poder el populismo, la democracia cristiana, el liberalismo y otros, lo cual convertiría al Estado en un pandemónium, como lo fue ya otras veces. Es más, según este pluralismo político, manejarían al país la izquierda y la derecha, mano a mano; el comunismo, el socialismo, la democracia, el comunitarismo, etc. Lo cual no tiene sentido.

A ese extremo llega el pluralismo dictado por la Constitución Política del 2009, cuyo primer artículo establece que: “Bolivia se constituye en un Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, libre, independiente, soberano, democrático, intercultural, descentralizado y con autonomía. Bolivia se funda en la pluralidad y el pluralismo político, económico, jurídico, cultural y lingüístico, dentro del proceso integrador del país…”.

Pero ese es solo el comienzo de la cuestión. Viene el caso de la justicia, también fragmentada por conceptos cuestionables como pluralidad. Por ello el pluralismo es la mejor arma para destruir a una nación. Ante ese panorama, lo último que queda como solución es abolir el pluralismo y volver al principio del gobierno único.

  • LUIS ANTEZANA ERGUETA
  • ESCRITOR E HISTORIADOR
  • *NDE: LOS TEXTOS REPRODUCIDOS EN ESTE ESPACIO DE OPINIÓN SON DE ABSOLUTA RESPONSABILIDAD DE SUS AUTORES Y NO COMPROMETEN LA LÍNEA EDITORIAL LIBERAL Y CONSERVADORA DE VISOR21