El Estado de los buenos muchachos de Aliaga

CARLOS ARMANDO CARDOZO

El debate entre Antonio Saravia y Julio Aliaga centró el fuego en torno al liberalismo y sus embustes como una propuesta seria para el país, hoy aquejado por una crisis económica y de institucionalidad tal que obligó al gobierno de Luis Arce a hacer lo impensado y darse la mano, momentáneamente, con los empresarios privados.

Para Aliaga el liberalismo es parte de lo que los bolivianos, que es un eufemismo para resaltar la irracionalidad y estado primitivo salvaje de estos, el péndulo político se balancea entre gobiernos que concentran el poder del Estado a gobiernos que implementan políticas liberales tal cual sucedió desde 1985 con el recordado DS 21060.

Hoy, Aliaga ve que el embuste del liberalismo promovido no solo por Saravia sino por otros ciudadanos que desde concepciones variopintas promueven las ideas de la libertad, tiene coincidencias obvias con el vilipendiado neoliberalismo injusto e imperfecto que tanta desigualdad generó en la sociedad boliviana. En respuesta plantea un cambio de elementos bajo un Estado protector que corrija efectivamente las fallas del mercado a partir de la trillada alianza público – privada – obrera.

Una relación incestuosa puesto que lo público y lo obrero terminan conspirando en desmedro de los intereses del tercero que es sacrificado en favor de las mayorías, casualmente clientes electorales del primero. Aliaga destaca que a pesar de todos sus pecados, ese Estado agigantado en el pasado ha demostrado ser capaz de grandes logros (o conquistas sociales), que han contribuido a esa búsqueda inclaudicable contra la desigualdad.

Cuestionar con escepticismo a ese Estado omnipotente, según Aliaga, es declararse abiertamente en un enemigo de la educación, la salud y la seguridad nacional al pretender desconfiar de profesores, doctores, enfermeras, policías y militares. Lo que no termina de entender y probablemente fue ignorado por Saravia es que lo reprochable e inmoral radica en las precarias condiciones en la que el Estado de los Buenos y Malos Muchachos provee a su ciudadanía. La miseria humana es una condición honrosa frente a la alternativa privatizadora, excluyente y clasista que el boliviano promedio jamás aceptará por las buenas.

Al frente, el liberalismo que Saravia propone carece de argumentos para resolver los problemas domésticos que simplemente son resultado de ese péndulo entre el fracaso de las antípodas políticas. Resulta inmoral subvencionar la existencia de empresas públicas deficitarias y los ejércitos de burócratas que superan en número a los que profesores, doctores, enfermeras, policías y militares que Aliaga defiende a capa y espada.

El liberalismo que viene de Saravia es inmoral, porque lo hace desde la comodidad de los Estados Unidos, además que lo hace mirando sobre el hombro al referirse de manera despectiva al glorioso Estado que Aliaga a través de un liberalismo “humanista”, en el que se formó e hizo política, decide reivindicar desde la excepción y no así la constante que adolece de corrupción, ineficiencia y demagogia descarada.

¿Basta con dejar todo en manos de mercado? La respuesta es no, probablemente es aquí donde Saravia queda corto en su exposición de motivos, que si bien tiene una noción general de los problemas estructurales que explican la crisis económica, social y política del país, no son suficientes para terminar de convencer a una gran cantidad de escépticos como Aliaga, que envilecidos por esquemas mentales cerrados alimentados desde la Revolución del 52 en la que lo social termina imponiéndose a la racionalidad para consagrar al Estado como el protector absoluto del desvalido.

Los buenos muchachos que jamás llegan, pero que cual mesías mantienen a sus creyentes cegados por la fe, o por verdades escritas en piedra cual si hubieran precedido al hombre, haciéndole saber que algún día su salvación llegaría.

CARLOS ARMANDO CARDOZO LOZADA
Economista, Máster en Desarrollo Sostenible y Cambio Climático, Presidente de la Fundación Lozanía
*NdE: Los textos reproducidos en este espacio de opinión son de absoluta responsabilidad de sus autores y no comprometen la línea editorial Liberal y Conservadora de VISOR21