El médico cirujano, con especialidad en coloproctología, Miguel I. R., declaró que, durante la revisión que le practicó al cadete de la Academia Nacional de Policías (Anapol), Pablo Rebozo Valencia, un día antes de su fallecimiento, no halló signos de agresión sexual en el paciente. No obstante, confirmó que sí encontró indicios físicos de que el joven padecía una enfermedad distinta, que explicaría dos fisuras halladas en la región anal.
“En lo referente a mi especialidad, valoré la posibilidad de enfermedades o lesiones colorrectales a través de examen clínico, con ayuda del personal de enfermería, estableciéndose que el paciente no tenía sangrado rectal ni estigmas del mismo a través del examen realizado presentado; sin embargo, una fisura en comisura anal no sangrante de un centímetro, aproximadamente, y no tenía relación con el cuadro general y antecedentes del paciente. Por su estado crítico y existiendo otras prioridades en el control de su estado de salud no se considera pertinente realizar estudios complementarios, como una endoscopia”, describió el médico en una de sus primeras respuestas ante el investigador del caso, de acuerdo con el acta de declaración al que accedió este medio.
El testimonio se dio el 8 de octubre, en el marco la investigación que se abrió a denuncia de María Luisa Valencia, madre del cadete fallecido, quien acusa a ocho cadetes de la Anapol, oficiales instructores y personal de enfermería, por la muerte del joven postulante, registrada el 23 de marzo, en un hospital de El Alto.
En su denuncia, la madre pide que se investigue si su hijo fue víctima de un patrón de “hostigamiento, intimidación, amenazas, acoso, amedrentamiento y posibles coacciones que habría sufrido en la Anapol, las agresiones físicas, humillaciones y lesiones denunciadas: los indicios que ameritan investigar una presunta violación sexual u otra agresión contra la libertad sexual, el deterioro de su salud y su fallecimiento, así como la intervención eventual de autores, instigadores, cómplices, encubridores y personas con deberes concretos de cuidado, denuncia o preservación de información. Las atribuciones son hipótesis de investigación sujetas a prueba”.
Valencia, acompañada de la activista Melania Torrico, reiteró en diferentes medios de comunicación los detalles sobre la presunta agresión sexual que sospecha sufrió su hijo y le provocó un deterioro a su salud, apuntando con nombre y apellido a los presuntos autores, ochos cadetes de la Anapol, y el encubrimiento de otros oficiales de la Policía. Afirma además, que existe un favorecimiento para los supuestos autores, responsabiliza a los oficiales de la Anapol y sindica al fiscal Fabio Maldonado por el certificado forense que descartó la agresión sexual y concluyó que, el fallecimiento se debió a una complicación provocada por un cuadro de neumonía, lo cual derivó en el rechazo de una primera denuncia.

Testigo especialista
No obstante, a la investigación previa que determinó que no existen elementos para un proceso por violencia sexual, ahora se suma la declaración del médico general, de 69 años, con especialidad en cirugía general y coloproctología. El médico relató que halló al paciente en terapia intensiva, conectado a un respirador y sin signos de actividad cerebral, pero que practicó la revisión con el apoyo de las enfermeras sin hallar signos de una agresión sexual a ser tratada.
Al ser consultado por el investigador, específicamente sobre la relación de la fisura hallada en la región anal del paciente, con una agresión sexual, el experto contestó que ese tipo de actos delictivos dejarían otro tipo de lesiones. “Debería haber varias lesiones que correspondería a múltiples fisuras y un desgarro en el esfínter”.
En su testimonio sostuvo que, al no existir lesiones de consideración, dejó al paciente para que sea tratado por las otras complicaciones que lo mantenían en terapia intensiva. En criterio del experto, no hizo falta tomar fotos o muestras genéticas.
“No tomé fotografías debido a que era difícil movilizar al paciente y que no se consideró pertinente para un cuadro que no era prioritario en ese momento, refiriéndome a la fisura anal”, explicó.
A continuación, el especialista describió al investigador la diferencia entre una lesión causada por algún tipo de enfermedad, relacionada al funcionamiento digestivo, y la causada por una agresión sexual.
En el caso de la fisura de un centímetro en área anal del cadete, el proctólogo refirió que ese tipo de lesiones podrían generarse por un estreñimiento o diarrea crónica y que, en el caso de agresiones sexuales, las fisuras serían evidentes a simple vista, varias y en diferentes puntos de los pliegues de esa región, descripción que no correspondía al cuadro del paciente.
Al ser consultado sobre la antigüedad de la lesión hallada, el médico respondió: “Viendo las características del hallazgo, una fisura anal siempre es crónica y por lo general sebe tener un periodo de enfermedad entre cuatro y ocho semanas de antigüedad, como tiempo mínimo para su aparición”.
Negligencia médica
La activista Melania Torrico, que en sus redes sociales especifica: “Mis únicos servicios pagos son: acompañamiento y seguimiento de casos y conciliación en todo tipo de problemas”, publicó el miércoles parte de la imputación que la Fiscalía emitió en el segundo proceso de investigación, por una presunta omisión o negligencia en la atención médica del cadete al interior de la Anapol.
Los imputados son tres, un oficial de la Policía y dos enfermeras. No obstante, Torrico insiste en que, posteriormente, también deben ser procesados el exdirector de la Anapol y ocho cadetes de cuarto año, de quienes publicó sus fotografías y nombres completos y a los que señala como autores de un agresión sexual, que por el testimonio del experto y el certificado forense se descarta.


