«Tránsfuga significa «desertor», o el que huye al bando contrario»
Los resultados oficiales de las elecciones de agosto de 2025 dieron esta composición de la Asamblea Legislativa: El PDC (partido gobernante) cuenta con 16 senadores, Alianza Libre con 12 , Unidad cuenta con 7 senadores y Súmate de Manfred Reyes con un senador. En la Cámara de Diputados, el PDC obtuvo 49 curules, Alianza Libre 39, Unidad con 26 diputados: Alianza Popular con 8 representantes, Súmate con 5 legisladores y el MAS con 2 legisladores.
Un año más tarde llegó una especie de desbande, los partidos mayoritarios perdieron a gran parte de sus parlamentarios, éstos se declararon independientes o parcialmente dependientes, de manera que, a la hora de dar luz verde a un crédito millonario, la Cámara de Diputados aprobó por amplia mayoría el proyecto de ley que solicitó un préstamo externo de 1.900 millones de dólares, provenientes del Fondo Monetario Internacional.
Vaya uno a saber si algunos parlamentario desobedecieron a su bancada originaria por convicción, por alguna dádiva, por presión o por conveniencia del momento. Se multiplicaron la voces que hablaron de transfugio, un término militar que pasó a ser propiedad de los políticos. Tránsfuga significa «desertor», o el que huye al bando contrario.
En Chile y Argentina, los parlamentarios que “voltean sus camisas” conservan el cargo, porque el escaño pertenece a la persona electa y no al partido político, por lo que un parlamentario puede ser expulsado de su partido, pero continuará ejerciendo sus funciones de forma independiente. En Colombia, el transfugio político no se castiga como un delito penal, sino que se sanciona de manera drástica bajo la figura constitucional y legal de la prohibición de la doble militancia. En nuestro país, el transfugio político se castiga con la pérdida del mandato o curul (escaño legislativo), según lo establecido en la Ley N° 1096 de Organizaciones Políticas, pero muchas de estas leyes parecen escritas sobre papel mojado.
Casimiro Olañeta es considerado por varios historiadores como el arquetipo del «tránsfuga» político, una persona extremadamente hábil para maniobrar entre las sombras, leer la psicología del poder y cambiar de bando según convenga. Abandonó la causa de la monarquía española, tras la derrota realista en la Batalla de Ayacucho y pasó a filas de los independistas, viajó hasta Puno para acercarse al Mariscal Antonio José de Sucre, facilitando el paso del Ejército Libertador hacia el Alto Perú, participó activamente en la convocatoria de la Asamblea Deliberante, e influyó para dar a la nueva nación el nombre de República de Bolívar. Incitó al descontento con el gobierno del Mariscal Sucre, promoviendo un motín en el cuartel de San Francisco. Luego estuvo cercano a varios gobiernos como Velasco, Santa Cruz y el propio Belzu.
Los mismos intelectuales que pusieron al descubierto la falacia de Olañeta, como Gabriel René Moreno, para quien aquél ha sido el exponente del “hombre de las dos caras” fueron luego calificados como traidores, por su papel en el conflicto con Chile. Esta conducta política dio origen a la expresión despectiva del “Olañetismo”, como sinónimo del transfugio o inconsecuencia.
Traidores hubo, hay y posiblemente los habrá porque la sociedad parece ser blanda en valores como la consecuencia y lealtad. Se cuenta que al ver a Marco Junio Bruto entre los conspiradores, Julio César le dijo “También tú, hijo mío?”. Robert Ford, llamado «el cobarde» fue parte de la mítica banda de Jesse James, en Estados Unidos; supo ganarse la confianza del líder y a pesar de idolatrar a Jesse James, lo asesinó de un tiro en la cabeza mientras el jefe de la banda estaba de espaldas; días más tarde él moriría de la misma forma.
No esperamos un golpe de quien considerábamos un compañero de camino, menos de alguien a quien le abrimos nuestras intimidades y le otorgamos confianza. La traición no solo hace dudar del otro, sino del propio criterio a la hora de elegir los afectos; muy tarde nos hacemos la pregunta ¿en qué no me fijé?, ¿por qué lo permití?
Airado por este clima de transfugio, el gobernador de Santa Cruz no tardó en calificar de traidores a tres miembros de la bancada de Libre, por la postura que asumieron en las últimas semanas en el Legislativo. Muchos dirán que en política todo está permitido.
Vale la pena recordar a Maquiavelo quien señala que «no se puede llamar virtud el asesinar a sus ciudadanos, traicionar a los amigos, no tener palabra; estos medios harán ganar poder pero no gloria». El poder se refiere a la capacidad de mandar, someter o retener una posición por la fuerza o el miedo; la gloria, implica la admiración legítima, el respeto ético y la memoria noble que la historia o la sociedad otorgan a un líder.
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