Durmiendo con el enemigo

«Cómo un personaje de catadura moral tan cuestionable, logró encaramarse en los principales círculos de poder»

Cuentan las crónicas del 5 de mayo de 1935 que, agentes del servicio secreto norteamericano capturaron a Víctor Lustig, el estafador austrohúngaro que diez años antes había realizado la venta de la Torre Eiffel de París. Lo llamativo de este caso, fue que Lustig no cayó porque la policía diera con él producto de una investigación, su aprehensión se produjo debido a que su amante lo denunció ante las autoridades al enterarse que le había sido infiel con una mujer más joven.

Lustig, quien muy joven había mostrado interés por las lenguas extranjeras, había labrado su técnica de estafa mediante los juegos de azar, actividad con la que le resultaba más sencillo apropiarse del dinero de sus ocasionales víctimas. Lucía una sonrisa afable, vestía de forma elegante y tenía una capacidad extraordinaria para leer a sus interlocutores. Políglota de modales refinados, se movía en las embarcaciones que surcaban el Atlántico entre Europa y Nueva York, haciéndose pasar por productor de Broadway, noble, diplomático, empresario internacional en busca de inversionistas, personificación que constituía parte de su estrategia de estafa.

Durante la primavera parisina del año 1925, Lustig, anoticiado de la controversia generada por los costos de mantenimiento que generaba la Torre Eiffel y ante el surgimiento de la propuesta para desmontarla o sustituirla, vio la ocasión perfecta de aparecer en acción. Haciéndose pasar por funcionario de gobierno “encargado de gestionar el desmontaje de la torre y la venta de sus estructuras metálicas”, convocó a los chatarreros de la ciudad a los que comunicó de manera muy “confidencial” que el gobierno había decidido desguazar y vender las 7000 toneladas de hierro.

Entre los interesados se encontraba André Poisson, un empresario local dedicado a la comercialización de metal que se mostraba inseguro de su posición frente al resto de interesados en el negocio propuesto. Gracias a ello, el impostor se encargó de hacerle conocer que la adjudicación dependería de la capacidad de los participantes para facilitar la decisión, cobrándole una fuerte suma de dinero por concepto de soborno y adjudicación. Paradójicamente Poisson, por vergüenza y ante el temor de dañar su reputación, prefirió no denunciar el hecho, permitiéndole a Víctor Lustig repetir la operación meses más tarde y vender la torre por segunda vez.

Luego de perpetrar el golpe por el que la historia lo recordaría, Lustig decidió regresar a Estados Unidos donde comenzó con la falsificación de moneda a gran escala. Se conoció con William Watts, experto en fabricar planchas de impresión que sería su socio. Cuando la policía capturó a Lustig, encontraron billetes falsos por un valor de 2.340.000 $us., incautando alrededor de cincuenta planchas de impresión y otros materiales que las autoridades relacionaron con la cantidad de billetes falsos que circulaban para aquel entonces.

Sin embargo, su captura no fue el resultado de una investigación por la estafa de la Torre Eiffel, se debió a la denuncia realizada por Billie Mae Scheible, amante y compañera sentimental de Lustig, quien descubrió que éste mantenía relaciones con otra mujer y decidió facilitar toda la información a la policía. Fue juzgado y condenado a purgar 20 años de prisión en la conocida cárcel de Alcatraz, donde terminaría sus días.

La impostura del estafador forma parte de la condición humana desde sus orígenes, sin que la responsabilidad recaiga de manera exclusiva sobre el farsante o estafador, responsabilidad que debe ser compartida con quiénes buscan deseosos la posibilidad de admirar a un héroe, un ser superdotado, seres brillantes, salvadores o mesías que se presentan ante todos como figuras ejemplares con historias de vida fascinantes, sin ser más que simples impostores y farsantes.

La interpelación social en Bolivia ha fijado la lupa sobre el consultor político y desarrollador digital argentino, Fernando Cerimedo, quien según la información pública existente, fue becado en Harvard, entrenado militarmente con los Navy SEAL (marina norteamericana), trabajado la campaña de Barack Obama, Jair Bolsonaro, Javier Milei, entre otros líderes regionales. En contrapartida a la información que desvirtúa su trayectoria luego de verse involucrado en el asesinato en grado de tentativa de la abogada cruceña Nadia Beller.

Investigaciones periodísticas dieron como resultado que en Harvard no se encontrar registros de Cerimedo como estudiante. Tampoco encontraron fuentes vinculadas a la campaña de Obama, señalando desde la Casa Blanca que no cuentan con una oficina de “International Affairs” (Asuntos Internacionales) en las que el consultor político aseguró haber desempeñado tareas. Lo que sí pudo corroborarse es que en Argentina trabajó en una empresa de taxis, compañía de seguros, una fábrica de plásticos, agencia de publicidad y fue profesor de secundaria, lo que pone en duda el relato espectacular que se encargaron de difundir.

Lo que se conoce sobre sus propios logros no ha podido ser verificado, aunque pudo recogerse por información que se hizo pública, es que el “consultor político”, administra o ha administrado numerosas cuentas artificiales, boots, en granjas digitales que hubieran sido empleados para mejorar el posicionamiento del algoritmo para sus clientes. Una investigación realizada por el portal digital argentino Chequeado, que se ocupa de la verificación sobre aspectos políticos, concluyó que las plataformas ligadas a Fernando Cerimedo, emplearon bulos e información distorsionada en varias de sus actividades.

De Honduras dijo que asesoró el candidato conservador Nasry Asfura y que activó sus contactos personales para contribuir en el respaldo público del presidente norteamericano Donald Trump, así como en Bolivia se atribuyó el cargo de “asesor principal”, afirmaciones que se desprenden de sus propios testimonios o fuentes periodísticas, que no han podido ser corroboradas o rechazadas mediante canales oficiales.

Finalmente, vale la pena recordar que el año 1985 –a diferencia de lo que ocurre en la actualidad– durante la peor crisis económica, social y política por la que atravesó Bolivia durante el siglo XX, el entonces presidente Víctor Paz Estenssoro reunió a un equipo multidisciplinar de profesionales (nacionales y extranjeros) de alto nivel para llevar adelante la política de reajuste estructural económico, aspecto esencial para reconducir los destinos del país, implementando medidas de corte liberal que fueron perfeccionadas en los años venideros y gracias a las cuales pudo superarse la crisis y garantizar los recursos económicos que fueron dilapidados en las últimas dos décadas.

Recientemente (en los últimos días), en medio de denuncias de concesiones de poder y corrupción, tras el bullado caso que involucra a Fernando Cerimedo, el pueblo boliviano espera conocer ¿cómo un personaje de catadura moral tan cuestionable, logró encaramarse en los principales círculos de poder del Estado boliviano?, mientras el país navega a la deriva sin encontrar soluciones a la profunda crisis multidimensional por la que atraviesa ¿Cuál es la capacidad del Sr. Cerimedo para plantear soluciones que resuelvan los problemas derivados de la peor crisis que azota a Bolivia?

Bolivia al igual que otras sociedades hispanoamericanas prefieren vivir de ilusiones y promesas antes de admitir su ingenuidad, haciendo más evidente la necesidad que tiene la gente de creer en los engaños. Sociedades como ésta son las favoritas para los impostores y estafadores que no personifican sus deseos personales, por el contrario, se limitan a detectar el deseo de sus víctimas para poder convertirse en espejos que los refleje, dejando de esta manera las puertas abiertas para dócilmente ser embaucados por embusteros profesionales.

“Estamos acostumbrados a ver al poderoso como si se tratara de un gigante, sólo, porque nos empeñamos en mirarlo de rodillas y ya va siendo hora, de ponerse de pie”.

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