«Pasaron 58 días más, y las cosas no mejoraron: empeoraron en lo social, lo político, lo económico y lo ético»
La detención de Fernando Cerimedo, no es un episodio aislado. Es la punta visible de un entramado que salpica al presidente y su entorno. A este armazón se están subiendo con entusiasmo el vicepresidente Edmand Lara y otros lideres políticos. A eso se suma el intento de feminicidio contra Nadia Beller, y las denuncias de corrupción que ella misma dirigió contra el entorno presidencial. El escándalo estalla en el peor momento posible: con una economía exhausta, una calle en tensión permanente desde mayo, y una alianza de gobierno que ya perdió a Unidad Nacional, su principal socio.
En mi columna del 26 de junio de 2026, «50 días después: ¿Tiempo perdido o el inicio de una nueva era?», sostuve que a Rodrigo Paz se le abría la misión histórica de forzar la unidad: convocar a Tuto Quiroga, Samuel Doria Medina y Manfred Reyes Villa, y liderar la construcción de una Gran Alianza por la Salvación Nacional. No era una opción. Era una responsabilidad.
Desde entonces pasaron 58 días más, y las cosas no mejoraron: empeoraron en lo social, lo político, lo económico y lo ético. No voy a abundar en el diagnóstico, que ya todos conocemos. Voy a plantear, con más orden que la vez pasada, los cuatro caminos que le quedan al gobierno y al país. ¿Alguno más?
Primer camino: salvación nacional
El gobierno debe concretar una Alianza de Salvación Nacional (ASN) con Libre, Unidad Nacional, Demócratas, FRI, Súmate, PDC y otros sectores políticos y sociales de alcance nacional, sobre la base programática de las 10 leyes planteadas en Cochabamba, que exigen una reforma parcial de la CPE. La ASN necesita un gabinete «Politécnico»: alta capacidad técnica combinada con visión política, e integración de outsiders de los sectores sociales reales, para abandonar la lógica prebendal que asfixia al país.
Estado actual de este camino: lastimosamente, es el camino que más se ha debilitado desde junio. El escándalo Cerimedo consumió justamente el activo que esta salida necesita: confianza. Y el aliado que posibilito los dos tercios en el Legislativo —aprobación del PGE, ley y decreto de excepción— ya no está sentado a la mesa. Los otros están en el limbo. En todo caso, la ventana sigue abierta, pero cada semana que pasa sin liderazgo se cierra un poco más.
Segundo camino: ruleta rusa
Si se cierra el primer camino, por inacción del gobierno o del resto de los actores políticos, queda la posibilidad de un acortamiento de mandato y la convocatoria de elecciones anticipadas para marzo de 2027. Ya en 1985, con la UDP, Bolivia usó esta salida no golpista para salvarse del caos. Parte del bloque liberal la ve hoy como la gran alternativa para tomar el poder con decisión antes de que el barco termine de hundirse. Pero no vivimos la realidad del 85: esto es una apuesta con ruleta. Tenemos también la experiencia de que este camino puede abrir las puertas del infierno, como en 2005, que nos llevó a 19 años de «proceso de cambio», o en 2020, con la aplastante victoria del masismo 2.0 que terminó por hundir la economía y la sociedad.
Estado actual de este camino: es jurídicamente el más cuesta arriba de los cuatro. Ya hubo un intento de instalarlo como referéndum revocatorio para el presidente, el Parlamento y el propio vicepresidente, y Lara lo rechazó por anticonstitucional. El propio Paz advirtió que la violencia no debe deponer gobiernos «aunque se disfrace de elecciones anticipadas». Exige tanto consenso como el primer camino, con el agravante de que ese consenso hoy está más fracturado, no menos.
Tercer camino: desastre nacional
En agosto de 2002, para garantizar su elección en el Parlamento, Gonzalo Sánchez de Lozada constituyó la «Megacoalición» con el MNR, el MIR, la UCS y el MBL. Un año después, acosado por la soberbia, el vandalismo emergente, la crisis económica y el socialismo del siglo XXI, y desesperado por ampliar su base parlamentaria, Goni convocó de urgencia a su principal detractor electoral, NFR, que ingresó al gabinete en agosto de 2003. La Megacoalición resultó sumamente frágil y puramente prebendal. En octubre de 2003, mientras la presión social crecía y los muertos en El Alto sumaban, los partidos de la coalición lo abandonaron uno por uno. Todos sus «aliados» pidieron su renuncia y, ante la convulsión creciente, Goni fue forzado a dimitir y salió del país en helicóptero. Ahí comenzó el desastre nacional que vivimos por más de 20 años.
Estado actual de este camino: paradójicamente, es el que hoy parece menos hipotético de los tres clásicos. Un análisis reciente de CSIS concluye que Paz probablemente sobreviva a la crisis actual, pero podría verse forzado a renunciar antes de que termine 2026 por la presión política y económica de quienes tienen sitiada la capital. La dinámica que describo de Goni —coalición prebendal, deserción de aliados uno por uno, crisis social creciente— tiene paralelos directos con lo ya ocurrido entre mayo y junio, y hoy se reaviva con el caso Cerimedo.
Cuarto camino: anomia, respiración boca a boca
Es el camino que no rompe nada, y por eso mismo es el más silencioso y el más probable. No hay pacto de salvación, no hay elecciones anticipadas, no hay renuncia ni helicóptero. Hay un gobierno que gobierna en minoría, sin reformas estructurales, administrando la crisis mes a mes, boletín a boletín, bloqueo a bloqueo. Es la política reducida a primeros auxilios: mantener al paciente respirando sin operarlo, porque nadie tiene ni la fuerza ni el consenso para llevarlo al quirófano. No es estabilidad: es anomia, la ausencia de reglas y de rumbo compartido disfrazada de normalidad institucional. El país no colapsa, pero tampoco se cura. Sencillamente deja de decidir su futuro y se limita a sobrevivir su presente, mientras la economía sigue drenándose y la calle sigue sola con su bronca.
Estado actual de este camino: es, estadísticamente, el desenlace más común en las crisis de gobernabilidad latinoamericanas: ni pacto ni derrumbe, sino parálisis prolongada. Es también, editorialmente, el más incómodo de nombrar, porque nadie en el poder lo va a reconocer como una decisión: es lo que ocurre cuando no se elige ninguno de los otros tres. La anomia no se proclama. Se instala por omisión.
Bolivia ya no discute si hay crisis. Discute, sin decirlo en voz alta, cuál de estos cuatro caminos va a transitar. El primero exige un liderazgo que Paz no ha mostrado y que el escándalo Cerimedo hace aún más difícil de construir. El segundo exige un consenso jurídico y político que hoy no existe. El tercero ya muestra sus primeros síntomas. Y el cuarto, el de la anomia, es el que se elige por default cuando no se elige ninguno: es el camino en el que Bolivia lleva instalada, en los hechos, desde hace más de dos meses. La pregunta ya no es cuál de los cuatro es viable. Es cuánto tiempo más aguanta el país respirando boca a boca.
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