Bolivianización, un pirómano en una fábrica de pólvora

«Pero, además de la bolivianización, debemos mirar el derroche que el MAS financió con las RIN del BCB»

Juan Antonio Morales, quien fue presidente del Banco Central de Bolivia entre 1995 y 2006, fue el padre de la bolivianización. La medida, que tenía como objetivo incentivar el uso del peso boliviano y, al mismo tiempo, desincentivar el uso del dólar, se realizó en varias etapas:   

  • Creación del ITF el 2004.
  • Encajes legales muchos más altos para depósitos en dólares.
  • Spread cambiario ampliado.
  • Minirevaluaciones y otras medidas para promover el uso del boliviano y desincentivar el dólar.

Morales, en varios de sus escritos, admitió que el objetivo era recuperar por completo el control de la política monetaria que, en gran medida, era impedida por los altos niveles de dolarización que tenía la economía nacional. En otras palabras, se nacionalizó por completo la moneda; por ende, el Estado pudo abaratar artificialmente el crédito; desplazar el dólar, la moneda buena, y forzar a la población a usar el peso boliviano, la moneda mala, y expandir la economía mediante la expansión crediticia.

La bolivianización de la moneda, en un país históricamente inestable como Bolivia y con el MAS a un paso de asaltar el poder, fue como poner a un pirómano de gerente de una fábrica de pólvora. Esa es la razón para que el peso boliviano haya sido reducido a un zombi sin ningún tipo de confianza, cosa que se refleja en el tipo de cambio que no para de subir desde hace dos años.

Pero, además de la bolivianización, debemos mirar el derroche que el MAS financió con las Reservas Internacionales del Banco Central de Bolivia. Por ejemplo, el 2011, Marcelo Zabalaga, presidente del BCB en esa gestión, anunció que las Reservas Internacionales se usarían para otorgar créditos por 1.500 millones de dólares a YPFB, ENDE y COMIBOL. Bajo la gestión de Pablo Ramos entre 2017 y 2019 fue exactamente igual, se normalizó la idea de que el BCB debía, y de manera obligada, financiar las «inversiones estratégicas» del Estado. Básicamente, fue un retroceso a los delirios de las empresas estatales, cosa muy en boga en los años 70 y 80.

En este punto, es válida una pregunta: ¿hay solución?

 Sí; de hecho, una muy rápida, eficiente y moralmente correcta, la dolarización.

La medida nos permite tres cosas para nada despreciables:

  • Quitar al BCB la capacidad de emitir billetes y expandir el crédito artificialmente barato en moneda local.
  • Darle un shock de confianza al sistema que permita atraer inversiones.
  • Impedir que el gobierno use la devaluación cambiaria para favorecer al sector exportador a costa del resto de la población.

Quienes afirman que la dolarización es imposible por la poca cantidad de dólares caen en un error: el valor del dinero depende de su poder adquisitivo, no de su cantidad absoluta. Por lógica, cualquier cantidad de dólares que exista en el país es suficiente para dolarizar.

Además, los bolivianos que superamos los 35 años, en cierta medida, crecimos en una economía bimonetaria; eso haría la transición mucho más fácil al uso de la divisa extranjera.

Si bien, es muy cierto que el país requiere una gran cantidad de reformas, dolarizar nos garantiza, al menos, y nada despreciable, que los políticos de cualquier signo no usen la moneda local para financiar sus proyectos megalómanos y autoritarios.

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