«El 50/50 no fue una propuesta planificada y fue más bien una idea impulsada para ganar apoyo rápido»
Se nota a leguas que el 50/50 no fue una propuesta planificada y fue más bien una idea impulsada para ganar apoyo rápido, sobre todo de regiones que buscaban una redistribución más “justa”. Empero, hoy para el Gobierno esta propuesta parece haberle costado gravemente y ya son muchas las autoridades regionales que están pidiendo que se cumpla la promesa del 50/50. Para colmo, el presidente Rodrigo Paz pecó al afirmar que el primer día de su gobierno iba a promulgar el decreto del 50/50, lo que hace que la presión para que cumpla esta promesa por diversos sectores sea aún más fuerte.
Es, además, oportuno señalar que el Gobierno, al no ser fuerte, no tener dirección ni horizonte político y al ceder ante los pedidos de la mafia sindical, ha quedado retratado y es considerado por muchos actores políticos como débil, lo que hace que ciertas demandas y pedidos sean excesivos y que, en vez de representar un tema de debate político en Bolivia, sean más bien una imposición que puede comprometer la presente gestión. El Gobierno, al final, está pagando su tibieza en la hora de lidiar con la COB y demás grupos terroristas y ahora los pedidos regionales por el 50/50 lo tendrán seriamente contra las cuerdas en los siguientes meses.
Aprovechando el aniversario de La Paz, muchos de los gobernadores de los departamentos han emitido una conferencia de prensa conjunta, pidiendo al presidente acelerar el proceso del 50/50. En este apartado han tomado especial relevancia Juan Velasco y Luis Revilla. De Velasco estas actitudes se las puede esperar, pues todo lo que hace está manejado por Jorge Quiroga, quien lleva ya meses aliándose con el evismo para desestabilizar a un Gobierno débil. Pero el tema con Revilla es curioso, pues éste es gobernador gracias a Paz y a sus alianzas políticas. No hay que olvidar que fue candidato por la alianza Patria, pero también que fue gracias a la influencia que ejerce el Ejecutivo frente a los demás poderes del Estado que el poder electoral decidió nombrarlo gobernador.
La pregunta, entonces, está enfocada en qué tan débil tiene que ser el Gobierno para que uno de sus aliados y dependientes políticos le exija cumplir sus promesas, pero, peor aún, se ponga a confabular con otras autoridades para dar fuerza a sus pedidos. Revilla es un “aliado” del actual Gobierno, pero sus comportamientos durante estos meses muestran todo, menos una relación de alianza y amistad, lo que nos demuestra una vez más qué tan débil es el Gobierno, que ni pueda lograr la lealtad de sus aliados.
Estoy seguro de que en los siguientes meses la promesa del 50/50 le seguirá costando caro a Rodrigo Paz, y serán más las voces que le pedirán cumplir sus acuerdos, algo que en una etapa de crisis no parece ser idóneo. El problema de Bolivia no es un tema de centralismo o redistribución de recursos; el problema es mucho más profundo. Es el hecho de que vivimos en una nación dividida y en una nación que no tiene Estado y donde la anarquía, el caos y el crimen gobiernan el país. De nada sirve redistribuir recursos y debilitar a un Estado central ya muy débil para resolver los problemas, pues éstos son estructurales y más profundos, y deben ser atendidos urgentemente.
La cosa es simple, o como bolivianos entendemos cuáles son los problemas estructurales y luchamos por resolverlos, o seguimos cediendo ante pedidos que pueden ser justos, pero que en este momento no tienen cabida. O el Gobierno logra imponerse y generar un poco de respeto frente a otros niveles de gobierno, o una vez más las cosas se le saldrán de control y dejarán a su sucesor una Bolivia desordenada, caótica y donde, en vez de solucionar los problemas heredados por el masismo, se ha contribuido a incrementarlos.
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