«Durante tres décadas estos actores políticos no han hecho más que arruinar al país»
Si hay una verdad histórica muy triste en nuestro país, es que la clase gobernante jamás se ha caracterizado por ser brillante o impulsar el desarrollo de nuestro país. Hemos tenido grandes líderes y pensadores, pero muchas veces su participación en el gobierno ha sido efímera o rápidamente intervenida. No dudo que, en otras condiciones, muchos de estos históricos y valientes hombres hubieran podido transformar al país, mas tristemente este no fue ni es el caso.
Podemos dar nombres como Carlos Montenegro, Óscar Únzaga, Bernardino Bilbao, Gualberto Villarroel o Germán Busch. Hombres que han aportado a la historia de Bolivia, pero sus aportes no han podido ser implementados de manera duradera y longeva, al menos en términos políticos y en una función de gobierno, lo que se traduce en que la patria no ha alcanzado un desarrollo constante.
Lo preocupante de nuestra situación es que la clase política actual es la peor de nuestra historia y se ha caracterizado por ser pusilánime en los momentos decisivos.
Lo que denomino clase política está compuesta por el “masismo” en sus diferentes vertientes, Jorge Quiroga y Samuel Doria Medina. Estos actores políticos han sido los más presentes en la política en estos últimos 30 años, unos como gobierno, otros como oposición o viceversa, pero durante sus gestiones nada bueno ha conseguido Bolivia. Durante tres décadas estos actores políticos no han hecho más que arruinar al país y no saber entender cuáles son sus verdaderas necesidades, causando que hoy estemos ante un contexto crítico.
Del “masismo”, ¿qué se puede decir que no se haya dicho ya? Al tener un carácter socialista marxista y atentar contra la unidad nacional y la nación boliviana, nada bueno podemos esperar. Sus acciones en estos últimos años han hundido a la nación, no solo por sus políticas económicas sino también en el ámbito jurídico. La CPE masista es, creo, el principal factor que nos ha llevado a la hecatombe.
Por su parte, Doria Medina es, creo, el político más anti carismático del planeta. Para colmo, su afinidad con el progresismo y la izquierda no lo convierten en una opción política real. Su visión de país es paupérrima y es ofensivo cómo un partido de corte socialdemócrata se denomine como “Unidad Nacional”; lo último que defiende esta ideología es la nación y la unidad de la misma. Samuel también se caracteriza por optar por pésimos cálculos políticos y, si bien su rol de empresario es notable, como político parece que todo lo que toca lo arruina.
Finalmente, Quiroga, por años ha sido considerado como derechista y el único opositor al MAS. Falacias, pues Quiroga no es de derecha y mucho menos es opositor al MAS; la cantidad de favores que le ha hecho a Evo Morales muestran su conducta política.
Las críticas de Quiroga a presidentes y referentes regionales como Bolsonaro o Trump muestran que no es de derecha, sino otro socialdemócrata. Para colmo, siempre se ha mostrado como un soldado de la ONU y del globalismo, mostrando que su carácter no es soberanista sino de servidor internacional. Quiero ser claro: si uno compara a Bukele o Kast con Quiroga, se dará cuenta quién es un líder real y quién está más alineado a las posturas progresistas de Doria Medina.
En este contexto, confiar en los exponentes de esta clase política sería un error. Ellos son el problema y reemplazarlos por el bien del país es una obligación. Más allá de la mediocridad política actual y las nefastas leyes socialistas, está el bienestar de la nación, hoy ésta se encuentra amenazada por múltiples frentes, por lo que deben surgir desde la ciudadanía boliviana propuestas que puedan salvar al país y entender los sacrificios que deben ser realizados.
O se reemplaza a la deficiente clase política y a sus exponentes, o nos espera la hecatombe como país. Ya no es un tema político; es un tema de supervivencia nacional.
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