Oposición con logística frente a un gobierno desorientado

«…se debilita día a día es la población, que espera una solución, mientras limita su despensa, compra productos para la subsistencia a precio exorbitante»

En el juego del ajedrez, y la mayoría lo hemos hecho alguna vez, cada jugador elabora su estrategia, esperando el error del rival para sacar ventaja para ganar la partida. Desde hace tres semanas vivimos una partida de esta naturaleza entre la oposición y el gobierno, con la diferencia de que, quien viene perdiendo es el espectador, la población boliviana en su conjunto.

Hay una forma rara de jugar, que generalmente lleva a la derrota, es la de copiar los movimientos del rival: si mueve peón, muevo, peón, si mueve caballo, muevo caballo, si lanza el alfil a terreno rival, lanzo mi alfil. Las blancas (quien empieza el juego) tienen la ventaja de mover primero. Si las negras copian ciegamente, las blancas pueden aprovechar esta ventaja para preparar un ataque, mientras que las negras simplemente reaccionan, a menudo perdiendo tiempo valioso. Algo así hace el gobierno del presidente Rodrigo Paz, con la diferencia que a cada jugada precede un discurso para intentar mostrar que él lleva la iniciativa.

En esta dramática realidad social, política y económica, el que se debilita día a día es la población, que espera una solución, mientras limita su despensa, compra productos para la subsistencia a precio exorbitante (hasta el gobierno le saca ventaja) y se desgañita al viento; nadie le hace caso.

Este juego se mueve a favor de la oposición que ya ha sacado ventajas y sigue pidiendo más, porque el gobierno ofrece concesiones sin mirar su bolsillo, pese a ello sigue a la defensiva, porque ya ha perdido peones y hasta un caballo (valga el símil del ajedrez)

La diferencia radica en que la oposición sigue la partida con un trabajo de logística preparado hace tiempo y tiene experiencia en el terreno. Tener logística significa que tiene medios (dinero) y método (décadas de saber cómo bloquear), no solo ello, cuenta además con un aprovisionamiento permanente (dinamitas y guerreros digitales capaces de fabricar historias, ahora se llama narrativas), posibilidad de distribución, se expanden por todos los sectores (actualmente medio centenar de bloqueos). El gobierno tiene discurso, banderas blancas y jugadas preanunciadas, al punto de poner en riesgo la vida de un ministro.

Cansada de ser solo espectador dañado, en algunos punto de El Alto, la población se cansó de ser espectador y empieza a mostrar su enfado, expulsando a los que bloqueando le privan del sustento diario: éstos conocen quiénes son los dirigentes y cabezas de los bloqueos, quiénes son los que amenazan y extorsionan; lo que no quiere decir que defiendan al gobierno, porque luchan por su subsistencia y no por el grupo de Palacio, por el momento errático en sus decisiones, que ahora quieren elaborar una estrategia propia, cansados de sus errores.

Para empezar, Emapa no debería ganarle al escuálido comprador ofreciendo la carne de pollo a 35 bolivianos el kilo cuando lo compra a 13 bolivianos, debería garantizar el libre tránsito de los ciudadanos y prohibir terminantemente el uso de la dinamita, disponer medidas urgentes para que las empresas pequeñas tengan un respiro con las deudas a bancos e impuestos, con el solo propósito de mantener miles de empleos. Podría seguir con una larga cadena de soluciones inmediatas, que preceden a la conformación de un nuevo gabinete. Por ahora solo esta humilde reflexión, porque se podría llenar de páginas este peregrinar de la población que merece llamarse pueblo como cualquiera.

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