El país del tanque vacío

«Señor presidente, gobernar no es pedir comprensión. Gobernar es dar respuestas»

Bolivia no necesita otro discurso. Necesita gasolina.

Esa es la verdad más cruda del presente. Mientras el poder habla, la gente hace fila. Mientras el Gobierno promete soluciones, los motores se apagan. Mientras se repite la palabra “cambio” en cada declaración, el ciudadano vuelve a lo mismo de siempre: esperar horas en una estación de servicio, mirar el reloj, perder el día, perder el trabajo, perder dinero y, sobre todo, perder paciencia.

Señor presidente Rodrigo Paz: ¿dónde está la gasolina? ¿Dónde está el diésel? ¿Dónde está ese cambio que debía sentirse en la calle y no solo en los discursos?

Porque el país no vive de conferencias de prensa. Vive de transporte, de comercio, de producción, de alimentos, de trabajo. Y cuando falta combustible, no se detiene solamente un auto: se detiene Bolivia. Se detiene el chofer que no trabaja. Se detiene el agricultor que no transporta. Se detiene el comerciante que no abastece. Se detiene el padre que no llega. Se detiene el país entero.

Y cuando un país se detiene, lo primero que se vacía no es el tanque. Es la paciencia.

La gente no siente el cambio. Siente cansancio. Siente rabia. Siente miedo. Siente que todo sube menos la esperanza. Sube el pan. Sube el pasaje. Sube el mercado. Sube el costo de vivir. Sube la angustia de no saber cuánto más se puede resistir. Lo único que baja es la confianza.

Nos dijeron que venía un nuevo tiempo. Que el país iba a corregir el rumbo. Que se acabaría la improvisación. Que volvería la certidumbre. Pero en la calle no se siente un nuevo tiempo. Se siente la misma vieja precariedad con otro rostro en el poder. Se siente la misma fatiga nacional, el mismo desorden, la misma sensación de que el ciudadano siempre paga el costo de los errores del Estado.

Y eso es lo más grave: Bolivia ya no solo enfrenta escasez. Enfrenta desgaste.

Desgaste económico, porque todo cuesta más. Desgaste social, porque la frustración se acumula. Desgaste emocional, porque vivir en incertidumbre también agota. Este ya no es solo un problema de abastecimiento. Es un problema de ánimo nacional. El país no solo está cansado de hacer fila. Está cansado de sobrevivir.

La crisis ya no está únicamente en los surtidores. Está en el humor de la gente. En la conversación diaria. En el mercado. En el minibús. En la mirada resignada de quien ya no pregunta cuándo mejorará todo, sino cuánto falta para que empeore.

Y esa es la señal más peligrosa para cualquier gobierno: cuando la ciudadanía deja de esperar soluciones y empieza simplemente a acostumbrarse al deterioro.

Señor presidente, gobernar no es pedir comprensión. Gobernar es dar respuestas. Gobernar no es administrar la paciencia del ciudadano hasta agotarla. Gobernar es evitar que el país viva al borde del desgaste permanente. Gobernar no es explicar por qué falta combustible. Gobernar es garantizar que no falte.

La política no se mide por sus promesas. Se mide por sus resultados. Y hoy el resultado es visible: filas, escasez, incertidumbre y una ciudadanía cada vez más cansada de escuchar que todo está bajo control mientras su vida cotidiana demuestra lo contrario.

La pregunta es directa, incómoda y urgente:

¿Dónde está la gasolina?

Pero hay otra pregunta más profunda, más grave y más peligrosa:

¿Dónde está el mañana?

Porque un país sin combustible puede detenerse por horas. Pero un país sin esperanza puede detenerse por generaciones.

________________

  • (*) LOS TEXTOS PUBLICADOS EN ESTE ESPACIO DE LIBERTAD DE EXPRESIÓN SON DE ABSOLUTA RESPONSABILIDAD DE SUS AUTORES Y NO COMPROMETEN LA LÍNEA EDITORIAL LIBERAL Y CONSERVADORA DE VISOR21