Bolivia: muchas normativas y pocos planes

Si mañana la asamblea legislativa emite una ley que diga: “todos los bolivianos son felices”, ¿Efectivamente seremos felices?, esta breve frase sintetiza el fetichismo nacional por la promulgación de normas y leyes que rijan nuestras vidas.

En Bolivia consideramos que podemos resolver cualquier problema que se nos presente, con un proyecto de ley, pero que, en la práctica, al menos a la fecha, no están dando los mejores resultados, incluso esas montañas legislativas y burocráticas son cada vez más una carga y no así una ayuda.

En nuestro aparato gubernamental sobran leyes y normas, las hay para todos los gustos y sobre todos los temas, las cuales normalmente establecen ciertos deseos de como deben funcionar las cosas en el país, el problema se presenta cuando es momento de bajar esas pretensiones a tierra y se afronta el: ¿Cómo lo hacemos realidad?, es ahí donde esa iniciativa desaparece, pues es más fácil desear, que hacer.

De la misma manera esta situación se presente en cada elección, ya sea nacional o departamental, los candidatos nos llenan de slogans, en los cuales, cual pretendiente en pena, nos prometen el cielo y la luna, sin decirnos como lo harán realidad, por ello se jactan de obras monumentales cuando estamos en una época donde es preciso la reducción del gasto, o plantean ideas que muchas veces son contradictorias en sí mismas, como reducir impuestos y al mismo tiempo aumentar el gasto público.

Cuando uno visita o toma conocimiento del funcionamiento de las instituciones públicas es fácil darse cuenta de que las normativas están siempre presentes, pero, a su vez, son prácticamente inexistente los relevamientos de procesos administrativos, manuales de funciones, manuales de uso de sistemas, procedimientos establecidos y planes de como poner en práctica el cumplimiento de las normas establecidas.

Es por eso que se tiene la acertada sensación de que, en lo público, a pesar de que todo esta prácticamente normado cunde el desorden, la ineficiencia y la improvisación, sobre todo cuando hay cambios de gestión, puesto que por esta carencia se hace un parto cualquier cambio de autoridad, modificación institucional y/o de personal, haciendo que todo el tiempo cada institución debe pasar por curvas de aprendizaje que significan un costo a la sociedad en general.

Es preciso dejar en una medida saludable, nuestra obsesión por las normas y las leyes, pues como dijo Cicerón, político y filósofo romano: “Cuanto más cerca está la caída de un imperio, más locas son sus leyes”, y las nuestras son cada vez más rimbombantes.

Ya tenemos las normas, hagamos y exijamos planes coherentes que nos digan como se harán realidad, porque una idea no tiene valor hasta que se la lleva a la práctica.

  • ESTEBAN EDUARDO BURGOA CARDOZO
  • Director Ejecutivo Generación Bicentenario
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