2026: El momento de la verdad

Falta poco para las elecciones subnacionales y varios precandidatos están alistando sus campañas para “ganarse” el voto de sus conciudadanos. Todo indica que será una carrera electoral llena de momentos inolvidables de vergüenza ajena y demagogia pura.

El día de hoy no vengo a hablar de los postulantes sino de lo que representa las elecciones del próximo año desde mi perspectiva. En 2026 no solo acudiremos a elegir a nuestras autoridades municipales y departamentales, también veremos si realmente el masismo está muerto o no.

Durante dos décadas, el Movimiento al Socialismo tenía control de la “Bolivia profunda”; es decir, el área rural del país. Allí se vivía una suerte de dictadura sindical donde los dirigentes del partido azul manejaban a los campesinos como si fueran ganado y los obligaban a asistir a los mítines o inauguraciones truchas de Evo Morales, Luis Arce, García Linera y otros indeseables, bajo la amenazan de ser multados y no recibir ciertos beneficios sociales.

Desde el 8 de noviembre no gobierna el MAS sino el Partido Demócrata Cristiano (o eso dicen) quien ganó la segunda vuelta “conquistando” los viejos bastiones del masismo y sus variantes. Sin embargo, el PDC no es un “partido político” como tal. Nunca tuvo la hegemonía política que sus homólogos chilenos, que la CDU alemana, que sus pares ecuatorianos, que COPEI en Venezuela, etc.

Toda su existencia fue un “taxi partido”, un cascarón vacío sin ningún peso en la sociedad boliviana. A lo largo de su historia siempre integró coaliciones lideradas por partidos más grandes; nunca logró ganar una elección por su cuenta.

Los comicios pasados no son la excepción. Todos fuimos testigos del desorden al interior de las filas democristianas durante la campaña electoral. Aparecían directivas departamentales que desconocían las decisiones de la cúpula dirigencial, militantes que promovían un candidato distinto al elegido por las bases, asambleístas afiliados a otros partidos, un programa de gobierno hecho con Inteligencia Artificial, etc.

Si realmente el PDC fuera un partido serio no habría permitido todos esos episodios bochornosos y hubiera puesto un freno a la absurda pelea entre el presidente y el vicepresidente, pero no es así porque todas las autoridades electas bajo la sigla democristiana no deben su lealtad a ese “pseudo partido” sino a sí mismos y sus ambiciones políticas porque el PDC es solo una sigla de alquiler que les servirá hasta el final de la actual legislatura.

Cuando empiecen las campañas el próximo año, allí veremos realmente si el “fenómeno Paz – Lara” es real, no en las principales ciudades sino en el resto de los municipios donde el MAS solía tener una fuerte presencia. Cuando se conozcan los resultados sabremos quién tiene la hegemonía política en este país.

Aunque el masismo como partido político esté fragmentado en muchos pedazos, su esencia autoritaria y corrupta ha permeado en la sociedad boliviana, sobre todo en los viejos bastiones azules. Solo hace falta alguien para canalizar todo ese poder entorno a su figura.

  • Bryan Orozco Romero
  • Abogado. Diplomado en Periodismo Político. Guionista investigador en YouTube.
  • *NdE: Los textos reproducidos en este espacio de opinión son de absoluta responsabilidad de sus autores y no comprometen la línea editorial Liberal y Conservadora de VISOR21