Las actuales tensiones mundiales con discursos de polarización social son vistas como una amenaza para la estabilidad de las naciones. A los problemas del racismo y la discriminación, hoy se suma la denominada discriminación algorítmica, que es analizada como otro factor de riesgo en lo que se viene a conocer como la nueva fractura global del siglo XXI.
A pesar del progreso tecnológico y de las declaraciones sobre Derechos Humanos, el mundo y especialmente Europa, atraviesa una profunda crisis múltiple y mientras la humanidad debate la colonización de Marte y la implementación de la Inteligencia Artificial (IA), la crisis social muestra grietas cada vez más profundas.
Los últimos informes de organizaciones internacionales como Naciones Unidas y Oxfam presentan un panorama alarmante: la brecha entre ricos y pobres ha alcanzado máximos históricos y la xenofobia y la discriminación que parecían cosas del pasado, regresan con renovada fuerza.
Esas brechas se intensificaron desde la pandemia de Covid-19, sobre todo en países occidentales que enfrentan un fenómeno evidente: mientras las fortunas de los multimillonarios crecen exponencialmente, los ingresos reales de la mayoría de la población mundial se estancan o disminuyen debido a la inflación.
Según analistas, las 1.500 personas más ricas poseen casi la mitad de toda la riqueza mundial, mientras que más de 150 millones de personas viven por debajo del umbral de la pobreza. No se trata sólo de cifras, pues la desigualdad económica afecta directamente al acceso a recursos vitales como la salud, cuyo servicio se convierte en un privilegio, y en educación, donde los niños de familias pobres tienen cada vez menos oportunidades de recibir la instrucción necesaria para salir de ese círculo.
Un reciente reporte de la agencia EFE sobre la situación europea describió: “si la riqueza del planeta se repartiera de manera equitativa, cada persona podría disponer de unos 1.200 euros al mes. Sin embargo, la realidad dista mucho de ese escenario ideal. Lo dice el último Informe sobre la Desigualdad Mundial que alerta de que la brecha económica global sigue ampliándose en la mayor parte del mundo”.

DISCRIMINACIÓN ALGORÍTMICA
Esta nueva amenaza invisible se constituye en la forma más moderna y peligrosa de desigualdad. Nace en el código la Inteligencia Artificial que, entrenado con datos históricos, hereda los prejuicios humanos.
En un paper desarrollado por Axell Cervera y Erik Francesc Obiol de la Universidad de San Martín de Porres, se pudo describir el fenómeno de la discriminación algorítmica e identificar cinco de sus formas actuales: Discriminación por correlaciones sesgadas, Discriminación por proxy o sustitución, Discriminación por grupos algorítmicos, Discriminación por desajuste algorítmico y Discriminación por bucle de retroalimentación negativo.
“Aunque es evidente que dicha transformación ha traído importantes beneficios en términos de eficiencia y reducción de costos, la implementación de estos sistemas no está exenta de riesgos sociales, en tanto poseen la capacidad de generar dinámicas discriminatorias con un nivel de complejidad mayor a la observada en humanos, lo cual dificulta su comprensión técnica y abordaje analítico”, citan los autores.
En ese marco, destaca la implementación del reconocimiento facial con el cual los sistemas de vigilancia tienden a cometer equivocaciones, al identificar a personas de piel oscura para proceder con detenciones erróneas. También está el scoring crediticio y de contratación que es un sistema automatizado de evaluación de riesgo que con sólo añadir tres cifras al historial de un individuo evalúa la probabilidad de pagos para hipotecas y préstamos personales, “Corremos el riesgo de construir un apartheid digital, donde los algoritmos decidan el destino de una persona basándose en datos sesgados del pasado, sin darle una oportunidad para el futuro”, advierten expertos en ética digital.
La IA, si no se gestiona adecuadamente, podría aumentar la desigualdad entre países al ampliar las brechas en el rendimiento económico, las capacidades de las personas y los sistemas de gobernanza, ya que el punto de partida es enormemente desigual, añade un boletín de NNUU publicado en diciembre.

RACISMO Y DISCRIMINACIÓN
Temas como el racismo, la discriminación o la xenofobia, así como las brechas de género, van en aumento, según un reciente reporte de Naciones Unidas.
El director de Mecanismos Convencionales de la Oficina de la ONU para los Derechos Humanos, Mahamane Cissé Gouro, afirmó en noviembre que la injusticia racial aumentó de forma alarmante en más de 60 años.
“Con demasiada frecuencia, el discurso de odio y la xenofobia se normalizan mediante el discurso político y público, y se ven amplificados por las nuevas tecnologías”, indicó.
El experto añadió que la lucha contra la discriminación racial sigue siendo uno de los mandatos primordiales de las Naciones Unidas y ese comité supervisará la aplicación de las normas internacionales para “promover y proteger los derechos humanos de todas las personas sin ningún tipo de discriminación”.
Si bien el tema racial tuvo connotaciones en Estados Unidos, con movimientos como Black Lives Matter, en Europa también se muestra un incremento de esta problemática social, por ejemplo, con los doble estándares de la actitud hacia los refugiados que a menudo depende de su origen para el acceso a trabajo o vivienda. El mundo ha sido testigo de un marcado contraste en la acogida de refugiados de distintas zonas de conflicto, lo que plantea incómodas preguntas sobre el racismo latente en la política de puertas abiertas.
Desde la Comisión Europea, la vicepresidenta ejecutiva para los Derechos Sociales y las Capacidades, el Empleo de Calidad y la Preparación, Roxana Mînzatu, señaló la pasada semana, durante la presentación de la “Nueva Estrategia contra el Racismo”, que esa forma de discriminación no tiene cabida en la Unión.
“Esta estrategia de la UE contra el racismo convierte este principio en acción: se refuerza la aplicación de nuestras leyes y se lucha contra la discriminación. Actuaremos para garantizar que la igualdad se respete en la práctica en toda nuestra Unión”, declaró.
Otros expertos sugieren aplicar reformas estructurales como un plan de fiscalidad justa con impuestos progresivos sobre las llamadas superriquezas para financiar programas sociales, así como aplicar la educación inclusiva de lucha contra los prejuicios. Y en el caso de la discriminación algorítmica se plantea una IA ética, con controles estrictos de los algoritmos que influyen en la vida de las personas.
“Los países occidentales se encuentran en una encrucijada. O permiten que la fractura se amplíe, lo que inevitablemente conducirá estallidos sociales, o comienzan a construir una nueva arquitectura de solidaridad regional donde la dignidad humana no dependa del pasaporte, el color de piel o la cuenta bancaria”, concluyen.
//FUENTE: AGENCIAS//


