¿Puede haber golpe de Estado a Gobierno que no existe?

LUIS ANTEZANA

Bolivia es un país cuya historia política hace las delicias de los historiadores. Por ejemplo, Mariano Melgarejo asaltó el Gobierno en Día de inocentes y nadie creyó que era cierto. El gobierno de Pedro Blanco duró menos de ocho días y fue defenestrado con su fuga a una letrina. El de Germán Busch con su suicidio o asesinato. El de José Gutiérrez Guerra cayó cuando su ejército fue derrotado en Paria, Oruro, por el ejército paceño en 1899, lo cual dio origen a que fugara a Chile. Y otros.
Los historiadores aseguran que en Bolivia hubo más de 150 golpes con títulos de revolución, motín, golpe de Estado, revuelta, conspiración, asesinato, crimen, motín, conjura, etc. Hubo tantos y tan grande variedad de golpes, que fue necesario inventar un golpe con determinadas características y, además, darle un título original, con el sano deseo que sea el último de la historia política nacional.

En efecto, no tardó en producirse el engendro a la caída del gobierno de Evo Morales, cuya cronología se debe recordar para salir en defensa de la lógica.

Efectivamente, ese gobierno fue defenestrado por un levantamiento de masas que obligó al gobernante a renunciar sin que nadie se lo pida y fugar aterrorizado del país, suceso que observó en vivo y directo todo el pueblo boliviano.

Bolivia quedó sin Gobierno, se produjo vacío de poder, el país no tenía timonel, por bueno o malo que fuese y la nave del Estado se perdió en medio de una tempestad que la hacía naufragar. El levantamiento o insurrección popular había triunfado, pero no se formó nuevo Gobierno, lo cual hizo que el país siguiese acéfalo, descabezado.

En esas circunstancias, no había quién tome las riendas del Estado, ni quién se anime a hacerlo. Cualquier persona podía sentarse en la silla presidencial y proclamarse jefe del Estado. Cualquier fórmula era válida para poner final al vacío de poder. Es más, la situación del país se prolongaba peligrosamente. Entonces apareció la receta salvadora: la Constitución y Jeanine Añez asumió el mando del país. Cuando una revolución no tiene quién la dirija, la historia lo inventa de inmediato. Para entonces, el gobierno de Evo Morales ya era historia. Nada era. Aterrado, había dejado al país con vacío de poder.

Sin embargo, ese hecho, o la toma del poder por Jeanine, que nada tenía que ver con los sucesos, fue calificado como “golpe de Estado”.

En esa forma, apareció la sapientísima teoría sobre que se puede dar un golpe de Estado a un Gobierno que no existe; que puede ser derrocado un presidente fugado; que es posible tumbar a un gobernante inexistente, algo como decir matar a un muerto o que hay crimen sin víctima. Semejante absurdo niega las leyes de la realidad, la historia y la lógica (que es el método para pensar correctamente) y no puede ser aceptado, a no ser que se trate de una chirigota para burlarse de la ciudadanía y tratar al Soberano como idiota.

LUIS ANTEZANA ERGUETA

Escritor e Historiador

*NdE: Los textos reproducidos en este espacio de opinión son de absoluta responsabilidad de sus autores y no comprometen la línea editorial Liberal y Conservadora de Visor21.