«La construcción de la potencia política pasa por el nacimiento de un Estado fuerte que proteja a sus ciudadanos, pero también uno que defienda los intereses externos del país»
Tal como escribí en un artículo anterior, la situación geopolítica actual es muy tensa y, después de los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán, ésta no ha hecho más que empeorar. Son muchos los que están hablando de una tercera guerra mundial, algo que no creo que ocurra con este conflicto, pero que está cerca sin ninguna duda y la prueba de fuego pienso que será el conflicto entre China y Taiwán.
Puede haber múltiples análisis de las acciones realizadas por Estados Unidos e Israel frente a las de Irán, pero lo que queda claro es que la guerra a nadie le conviene. No son solo consecuencias políticas, militares y humanitarias, sino también económicas, pues el incremento de los precios del petróleo y otras materias primas está “a la vuelta de la esquina” y sin dudas causará una gran recesión en el planeta, afectando principalmente a Occidente.
Honestamente, espero se logre un acuerdo de paz lo más rápido posible, pues de seguir el conflicto, no sería de sorprendernos que se expanda a lo largo del globo, provocando una situación mucho más crítica que puede llegar a afectar incluso a nuestra región y no necesariamente solo en términos económicos.
Cuando me refiero a la importancia de impulsar el nacionalismo boliviano, esto busca en una primera instancia consolidar a Bolivia como nación y adoptar una identidad nacional definida, además de conseguir la tan ansiada unidad nacional, superando los discursos regionalistas y divisionistas. También se busca que Bolivia adopte una nueva posición en la región, dejando atrás la imagen de ser un actor secundario, sin peso ni poder, pues creo firmemente que nuestra nación tiene las potencialidades para ser una gran potencia regional. Este último punto pasa por potenciar nuestra economía, pero también nuestro poder político, lo que se traduce en mejorar el poder militar y proteger la soberanía nacional.
Lo dije en un artículo previo y lo sigo diciendo ahora, Bolivia necesita reforzarse en múltiples ámbitos, no basta estabilizar la economía, sino que debemos potenciar el poder político boliviano. Necesitamos un “Nuevo Estado Nacional”, uno que pueda garantizarle a la nación orden, seguridad y prosperidad, pero también defender la soberanía nacional. Este Nuevo Estado debe venir acompañado de un cambio de mentalidad en los bolivianos, en donde se busque siempre la voluntad de ser un actor regional de importancia.
La construcción de la potencia política pasa por el nacimiento de un Estado fuerte que proteja a sus ciudadanos, pero también uno que defienda los intereses externos del país. Ojo, no estoy entrando en actitudes bélicas ni expansionistas, solo busco mejorar la situación de mi país y proteger la libertad de sus ciudadanos. Para eso es necesario que la nación modernice todos sus equipamientos militares y devuelva a las Fuerzas Armadas de la nación un rol fundamental en la construcción del país.
En esta etapa de conflictos, debemos mostrarnos siempre con actitud colaborativa y como promotores de la paz, pero de igual forma modernizar nuestros equipamientos militares para ofrecer verdadera seguridad a los bolivianos. Este proceso de modernización es algo que ya vienen haciendo múltiples países de la región, solo pido que copiemos su accionar, con un claro objetivo de mejorar la situación política del país, jamás con otras intenciones.
Es una pena que la clase política del país en vez de ocuparse de engrandecer a Bolivia en todos los ámbitos posibles, se ocupe de tonterías como “la reducción de sueldos a los parlamentarios” o divisiones étnicas o regionalistas. Primero consolidemos a la nación boliviana y luego dotémosla de ambición, que logrará seguramente dar estabilidad y seguridad a sus habitantes. La única forma de que Bolivia esté en el mundo es adoptando una actitud ambiciosa, enfocada en la construcción de la potencia regional.
Bolivia, sobre todo.
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