Para Nicolás Maquiavelo, la gestión política eficaz reside en un equilibrio preciso entre la voluntad (la virtù o destreza) y la fortuna (el azar). Bajo esta premisa, dado que la voluntad individual no siempre es suficiente para dominar los imprevistos, el gobernante debe escudriñar y anticiparse a la fortuna para convertirla en su aliada.
En este contexto, el anhelo nacional sobre el litio en Bolivia se ha articulado como una narrativa de reivindicación histórica; una «segunda independencia» fundamentada en la soberanía tecnológica y la industrialización. No obstante, este proyecto navega una realidad compleja por la incapacidad de gobiernos anteriores de tener un proyecto de litio viable como por la necesidad de resolver tensiones históricas entre Potosí y el Estado central—regalías, gobierno corporativo de YLB, impacto ambiental etc.— todo, bajo el paraguas constitucional de la consulta previa y el respeto a los derechos de los pueblos indígenas.
Actualmente, la voluntad del gobierno por redefinir este anhelo es manifiesta. Se ha propuesto una transición desde un estatismo dominante hacia una postura más pragmática y efectiva, que reconoce la urgencia de asociarse con capitales privados. El éxito de esta política dependerá de la capacidad de la gestión para sincronizar su habilidad política con las fluctuaciones de la fortuna; una sincronía que debería empezar a materializarse en la anunciada Ley de Litio, cuyo contenido, aún desconocido, debería ser el cimiento sobre el cual se construya la viabilidad de esta nueva propuesta.
Para vislumbrar la naturaleza de esa fortuna necesaria para resolver el impasse actual, es imperativo revisar las experiencias previas de contratación estatal. A la fecha, la trayectoria del país ha sido nefasta y los datos son lapidarios: mientras que en 2024 Bolivia—con los recursos de litio más grandes del mundo—apenas produjo menos de 2.000 toneladas de carbonato de litio, Argentina alcanzó las 67.000 y Chile superó las 300.000
Esta brecha productiva hunde sus raíces en una historia de desencuentros:
- Primer y Segundo Intento (1989-1993): En noviembre de 1989, el presidente Paz Zamora firmó un contrato con la estadounidense Lithco, anulado meses después por la feroz oposición de COMCIPO. Un segundo intento bajo «riesgo compartido» con la misma empresa también fracasó cuando Lithco abandonó el país en 1993 por desacuerdos impositivos. En un giro irónico de la fortuna, Lithco trasladó su inversión a Argentina, sentando las bases del desarrollo que hoy posiciona a ese país como un exportador líder.
- Tercer y Cuarto Intento (2018-2019): Décadas más tarde, la asociación con la alemana ACI Systems para fabricar baterías fue anulada por el presidente Morales Ayma en 2019 ante nuevas presiones regionales. Casi en paralelo, el proyecto con el consorcio chino TBEA-Baocheng, sufrió una suspensión de facto al carecer de ratificación legislativa.
- Quinto y Sexto Intento (El impasse actual): Los contratos de asociación de 2024 con Uranium One Group (Rusia) y CBC (China) se encuentran hoy en un punto muerto. No solo carecen de aprobación en la Asamblea, sino que enfrentan un bloqueo judicial que ordenó la suspensión inmediata de su tratamiento tras una Acción Popular presentada por la CUPCONL (Central Única Provincial de Comunidades Originarias de Nor Lípez). El fallo judicial subraya una omisión crítica: la falta de una consulta previa obligatoria en más de 50 comunidades aledañas al Salar de Uyuni.
Para reencaminar el potencial del litio y atraer la fortuna necesaria para este reto—pese a seis fracasos categóricos—resulta fundamental reconocer que los tropiezos previos obedecieron a errores de diseño dada una profunda falta de consensos. Con el fin de articular una nueva narrativa basada en experiencias del fracaso previo, Bolivia debe emprender la construcción de lo que Maquiavelo denominaría canales y diques.
Los canales deben reinsertar a Bolivia en el escenario global de inversiones mediante una reinvención tan profunda de su oferta de valor que logre disipar la sombra de un séptimo fracaso. Deben ser trazados por un equipo de alta dirección que posea no solo un conocimiento profundo del entorno de inversiones regional y global, sino también la virtud de comunicar y vender con efectividad el potencial del negocio a los inversores.
Para construir los diques, las lecciones de los seis reveses son claras: es imperativo abordar, de manera ex ante, la histórica posición potosina. El proyecto debe demostrar que el litio no repetirá los ciclos extractivos de la plata y el estaño que dejaron al departamento sumido en la postergación.
La construcción de diques exige asumir con rigor la obligatoriedad constitucional de la consulta previa. El Estado debe comprender que este derecho fundamental es un procedimiento jurídico ineludible que no debe confundirse con la «socialización» (un acto informativo) de un contrato ya firmado–otro error de estrategia de Arce Catacora.
La audacia del gobierno para enfrentar estos temas estructurales y, sobre su desenlace, construir una estrategia sólida para los inversores, es lo que lo distinguirá de sus predecesores. Como indicaba Maquiavelo, la fortuna suele favorecer a los audaces, pero solo a aquellos que, en tiempos de calma, han tenido la virtù de entender su entorno y construir y arriesgarse con su propia propuesta.
- JOSÉ LUIS CONTRERAS C.
- ECONOMISTA.
- *NDE: LOS TEXTOS REPRODUCIDOS EN ESTE ESPACIO DE OPINIÓN SON DE ABSOLUTA RESPONSABILIDAD DE SUS AUTORES Y NO COMPROMETEN LA LÍNEA EDITORIAL LIBERAL Y CONSERVADORA DE VISOR21


