Corría el año 29 de la era de Nuestro Señor, la fase cumbre de la predicación y el instante previo del viaje a Jerusalén. Jesús y sus discípulos se encontraron en Cesárea de Filipo, al Norte de Galilea, un lugar pagano con varios templos que contrastaban con el mensaje de valores eternos con el que se buscaba impregnar el alma de los hombres. En un momento de la enseñanza, Jesucristo preguntó a los presentes ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?

A lo largo de la historia esta interrogante a interpelado el sentido del “ser” de los hombres, el propósito de la especie humana sobre la faz de la tierra. No es poca la gente que hace lo impensable por lograr sus metas, por alcanzar sus objetivos, por cumplir sus deseos, a pesar de que en el camino pierden de vista la prioridad espiritual colocando sus valores y virtudes en un segundo plano, priorizando lo material e ignorando el peligro interno que reviste al poder, importándoles lo más mínimo el riesgo de perder el verdadero sentido de su existencia.

El año 2005 el financiero millonario de Wall Street, Jeffrey Epstein, fue denunciado por violar a una niña de 14 años. Indagando sobre el caso determinaron que habían sido 36 las víctimas de las que Epstein había abusado. Sorprendentemente, este episodio se zanjó mediante un acuerdo autorizado por el Departamento de Justicia, gracias al cual pasó tan sólo 13 meses en prisión, pudiendo además salir a trabajar bajo un régimen muy flexible.

El 6 de julio de 2019, Epstein fue arrestado en Florida bajo la acusación de tráfico sexual, permaneciendo en prisión hasta el 10 de agosto donde apareció muerto. La autopsia consideró que se había tratado de un suicidio, a pesar de que el patólogo forense Michael Baden negó aquel juicio, generando mucha incertidumbre sobre las verdaderas circunstancias en las que se hubiera producido la muerte de Jeffrey Epstein.

Hace algunas horas se ha conocido sobre la publicación parcial de documentos relacionados con este caso. Debido a su actividad bancaria, Epstein construyó importantes relaciones mediante el ofrecimiento de niñas y mujeres a personalidades del ámbito político y empresarial. Con el escándalo en ciernes, el compromiso electoral de Trump fue el de publicar la “lista de Epstein” tras llegar al gobierno, pero el regreso de la trama a la Casa Blanca se encargó de realizar dilatorias al tiempo que las protestas de las víctimas aumentaron.

El caucus del Partido Demócrata mostró las conexiones con Peter Thiel, Bill Gates, Larry Summers, Steve Bannon, a pesar de que en las últimas semanas y con más de 3 millones de papeles, fotos y vídeos se han conocido nombres involucrados en esta trama de chantaje y extorsión a: Woody Allen; Jared Kushner (yerno de Donald Trump); José María Aznar (expresidente España); Ehud Barak (exministro israelí); Joe Biden; Noam Chomsky; Bill Clinton; David Copperfield; Sara Ferguson; Stephen Hawking; Michael Jackson; la directora ejecutiva de la banca judía, Ariane de Rothschild; Donald Trump y Melania Trump, entre muchos otros.

A pesar de que la relación de los involucrados deberá ser establecida por la justicia norteamericana, se sabe que Epstein procedió a documental los encuentros ilícitos como instrumento de extorsión. Es indudable que el dinero, la fama y el poder se encuentra en manos de estos personajes, debiendo atestiguar la humanidad como algunos hombres con tal de ganar el mundo, están dispuestos a perder el alma, lo que nos lleva a la segunda pregunta que realizó Jesús de Nazaret a sus discípulos hace casi dos mil años: Una vez perdida el alma ¿Qué se podría dar para intentar recuperarla? Absolutamente nada.

Cuando el poder, la fama y la riqueza se sustentan sobre la mentira, la desgracia ajena, la destrucción física y psicológica irreversible de niñas, se aniquilan las relaciones humanas y el mundo se convierte en una jungla en la que ni siquiera los violadores, abusadores o chantajistas pueden sentirse seguros, viéndose expuestos ante el horror de sus nefandas acciones que provocan baños de sangre, yeguas de lágrimas, cimas enteras de sufrimiento. Personas que en su absurdo intento de dominar el mundo lo van convirtiendo en el peor de los infiernos.

Que el desánimo y la frustración no minen nuestro espíritu y nos obligan a cambiar nuestra forma de pensar. “Estamos acostumbrados a ver al poderoso como si se tratara de un gigante, sólo, porque nos empeñamos en mirarlo de rodillas y ya va siendo hora, de ponerse de pie” .

  • CARLOS MANUEL LEDEZMA VALDEZ
  • ESCRITOR. DOCENTE UNIVERSITARIO. DIVULGADOR HISTÓRICO. DIRECTOR GENERAL PROYECTO VIAJEROS DEL TIEMPO
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